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ORACIONES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

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ORACIONES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

ORACIÓN ANTE EL CRUCIFIJO DE SAN DAMIÁN Oh alto y glorioso Dios, Ilumina las tinieblas de mi corazón Y dame fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta; Sentido y conocimiento, Señor, Para que cumpla tu santo y veraz mandamiento. EXHORTACIÓN A LA ALABANZA A DIOS Temed al Señor y rendidle honor. Digno es el Señor de recibir la alabanza Y el honor. Alabad al Señor todos los que le teméis. Salve, María, llena de gracia, el Señor está contigo. Alabadlo, cielo y tierra. Ríos todos, alabad al Señor. Hijos de Dios, bendecid al Señor. Este es el día que hizo el Señor, Alegrémonos y gocémonos en él. ¡Aleluya, aleluya, aleluya! ¡Rey de Israel! Todo espíritu alabe al Señor. Alabad al Señor, porque es bueno, Todos los que leéis esto, bendecid al Señor. Criaturas todas, bendecid al Señor. Todas las aves del cielo, alabad al Señor. Niños todos, alabad al Señor. Jóvenes y doncellas, alabad al Señor. Digno es el cordero que ha sido degollado De recibir alabanza, honra y honor. Bendita sea la santa Trinidad e indivisa Unidad. San Miguel Arcángel, defiéndenos en la batalla.

SALUDO A LA BIENAVENTURADA VIRGEN MARÍA ¡Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, virgen hecha iglesia, Y elegida por el santísimo Padre del cielo, Consagrada por él con su santísimo Hijo amado

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Y el Espíritu Santo Paráclito; Que tuvo y tiene toda la plenitud de la gracia Y todo bien! ¡Alégrate, palacio de Dios! ¡Alégrate, tabernáculo de Dios! ¡Alégrate, casa de Dios! ¡Alégrate, vestidura de Dios! ¡Alégrate, servidora de Dios! ¡Alégrate, Madre de Dios! ¡Alegráos también todas vosotras, santas virtudes, que, pro la gracia e iluminación del Espíritu Santo, sois infundidas en los corazones de los fieles, para hacerlos, de infieles, fieles a Dios!

SALUDO A LAS VIRTUDES ¡Salve, reina sabiduría, el Señor te salve con tu hermana la santa sencillez! ¡Señora santa pobreza, el Señor te salve con tu hermana la santa humildad! ¡Señora santa caridad, el Señor te salve con tu hermana la santa obediencia! ¡Santísimas virtudes, a todas os salve el Señor, de quien venís y procedéis! Nadie hay absolutamente en el mundo entero, Que pueda poseer a una de vosotras Si antes no muere. Quien posee una y no ofende a las otras, Las posee todas. Y quien ofende a una, ninguna posee Y a todas ofende. Y cada una confunde los vicios y pecados. La santa sabiduría confunde a Satanás Y todas sus astucias. La pura santa simplicidad Confunde toda la sabiduría de este mundo Y la sabiduría del cuerpo. La santa pobreza confunde la codicia y la avaricia, Y las preocupaciones de este siglo. La santa humildad confunde la soberbia Y a todos los mundanos, y todo lo mundano. La santa caridad confunde todas la tentaciones Diabólicas y canales y todos los temores carnales. La santa obediencia confunde 10/11/2008 09:04 p.m.

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Todos los quereres corporales y carnales; Y mantiene mortificado su cuerpo para obedecer al Espíritu y para obedecer a su hermano, y lo sujeta y Somete a todos los hombres que hay en el mundo. Y no sólo a los hombres, sino aun a todas las Bestias y fieras, para que, en cuanto el Señor se lo Permita desde lo alto, puedan hacer de él lo que Quieran.

ALABANZAS AL DIOS ALTÍSIMO En el pequeño pergamino autógrafo que contiene las siguientes Alabanzas de un lado, y la bendición a Fray León del otro, se lee en rojo, De puño y letra de éste último: El bienaventurado Francisco, dos años antes de su muerte, hizo en el monte Alverna una cuaresma en honor de la bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, y del bienaventurada Miguel Arcángel, desde la fiesta de la Asunción de Santa María Virgen hasta la fiesta de Septiembre de San Miguel Arcángel. Y el Señor puso su mano sobre él. Después de la visión y de las palabras del serafín y de la impresión en su cuerpo de las llagas de Cristo, compuso estas alabanzas que están al otro lado de este folio, y que escribió de su mano, dando gracias a Dios por el beneficio que le había hecho. Tú eres el santo, Señor Dios único, El que haces maravillas. Tú eres el fuerte, tú eres el grande, tú eres el Altísimo, tú eres el rey omnipotente; tú, Padre Santo, rey del cielo y de la tierra. Tú eres trino y uno, Señor Dios de dioses; tú eres El bien, todo bien, sumo bien, Señor Dios vivo y verdadero. Tú eres el amor, la caridad; tú eres la sabiduría, tú Eres la humildad, tú eres la paciencia, tú eres la Hermosura, tú eres la mansedumbre, tú eres la Seguridad, tú eres la quietud, tú eres el gozo, tú Eres nuestra esperanza y alegría, tú eres la justicia, Tú eres la templanza, tú eres toda nuestra riqueza a saciedad. Tú eres la hermosura, tú eres la mansedumbre, tú Eres el protector, tú eres nuestro custodio y Defensor, tú eres la fortaleza, tú eres el refrigerio. Tú eres nuestra esperanza, tú eres nuestra fe, tú Eres nuestra caridad, tú eres toda nuestra dulzura, Tú eres nuestra vida eterna, grande y admirable Señor, omnipotente Dios, misericordioso Salvador.

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BENDICIÓN AL HERMANO LEÓN Hacia la mitad de la otra cara del pergamino, donde se halla la siguiente Bendición, León vuelve a escribir: El bienaventurado Francisco escribió de su puño esta Bendición para mí, fray León. Y, por último, junto al borde inferior del pergamino: También de su puño hizo el signo tau con la cabeza. El Señor te bendiga y te guarde; Te muestre su rostro y tenga piedad de ti. Vuelva a ti su rostro y te conceda la paz. El Señor te bendiga, hermano León.

CÁNTICO DE LAS CREATURAS Altísimo, Omnipotente, buen Señor, Tuyas son las alabanzas, la gloria y el honor Y toda bendición. A ti solo, Altísimo, corresponden Y ningún hombre es digno de hacer de ti mención. Loado seas, mi Señor, con todas tus creaturas, Especialmente el señor hermano Sol, El cual es día y por el cual nos alumbras. Y él es bello y radiante con gran esplendor: De ti, Altísimo, lleva significación. Loado seas, mi Señor, por la hermana luna Y las estrellas: en el cielo las has formado claras, Y preciosas, y bellas. Loado seas, mi Señor, por el hermano viento, Y por el aire, y el nublado, Y el sereno, y todo tiempo, Por el cual a tus criaturas das sustento. Loado seas, mi Señor, por la hermana agua, La cual es muy útil, y humilde, y preciosa, y casta. Loado seas, mi Señor, por el hermano fuego, Por el cual alumbras la noche: y él es bello, Y alegre, y robusto, y fuerte. Loado seas, mi Señor, Por nuestra hermana la madre tierra, La cual nos sustenta y gobierna, Y produce diversos frutos Con coloridas flores y hierbas. Loado seas, mi Señor, por aquéllos que perdonan Por tu amor y soportan enfermedad y tribulación.

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Bienaventurados aquéllos que las sufren en paz, Pues por ti, Altísimo, coronados serán. Loado seas, mi Señor, Por nuestra hermana la muerte corporal, De la cual ningún hombre viviente puede escapar. ¡Ay de aquellos que mueran en pecado mortal! Bienaventurados aquellos a quienes encontrará En tu santísima voluntad, Pues la muerte segunda no les hará mal. Load y bendecid a mi Señor, Y dadle gracias y servidle con gran humildad.

DE LA REGLA NO BULADA (CAP. 23,9) Omnipotente, santísimo, Altísimo y sumo Dios, Padre santo y justo, Señor rey de cielo y tierra, Te damos gracias por ti mismo, Pues por tu santa voluntad, Y por medio de tu único Hijo Con el Espíritu Santo, Creaste todas las cosas espirituales y corporales, Y a nosotros, hechos a tu imagen y semejanza, Nos colocaste en el paraíso. Y nosotros caímos por nuestra culpa. Y te damos gracias porque, Al igual que nos creaste por tu Hijo, Así, por el santo amor con que nos amaste, quisiste Que él, verdadero Dios y verdadero hombre, Naciera de la gloriosa siempre Virgen Beatísima Santa María, Y que nosotros, cautivos, fuéramos redimidos Por su cruz, y sangre, y muerte. Y te damos gracias porque este mismo Hijo tuyo Ha de venir en la gloria de su majestad a arrojar Al fuego eterno a los malditos, Que no hicieron penitencia y no te conocieron a ti, Y a decir a todos los que te conocieron y adoraron Y te sirvieron en penitencia: Venid, benditos de mi Padre; recibid el Reino Que os está preparado desde el origen del mundo. Y porque todos nosotros, míseros y pecadores, No somos dignos de nombrarte, imploramos Suplicantes que nuestro Señor Jesucristo, Tu Hijo amado, en quien has hallado complacencia, Que te basta siempre para todo y por quien tantas Cosas nos has hecho, te dé gracias de todo Junto con el Espíritu Santo Paráclito Como a ti y a él mismo le agrada. ¡Aleluya! Y a la gloriosa madre Y beatísima siempre Virgen María, 10/11/2008 09:04 p.m.

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A los bienaventurados Miguel, Gabriel y Rafael Y a todos los coros de los bienaventurados Serafines, querubines, tronos, dominaciones, Principados, potestades, virtudes, Ángeles, arcángeles; A los bienaventurados patriarcas, profetas, Inocentes, apóstoles, evangelistas, discípulos, Mártires, confesores, vírgenes; A los bienaventurados Elías y Enoc, Y a todos los santos que fueron, y serán y son, Les suplicamos humildemente, por tu amor, que, Como te agrada, por estas cosas e den gracias a ti, Sumo Dios verdadero, eterno y vivo, Con tu queridísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Y el Espíritu Santo Paráclito, Por los siglos de los siglos. Amén. ¡Aleluya!

DE LA CARTA A TODA LA ORDEN Omnipotente, eterno, Justo y misericordioso Dios, Concédenos, por ti mismo, a nosotros, miserables, Hacer lo que sabemos que quieres Y querer siempre lo que te agrada, A fin de que, interiormente purificados, Iluminados interiormente Y encendidos por el fuego del Espíritu Santo, Podamos seguir las huellas de tu amado Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Y llegar, por sola tu gracia, a ti, Altísimo, Que en perfecta Trinidad y en simple Unidad Vives y reinas y estás revestido de gloria, Dios omnipotente, Por todos los siglos de los siglos. Amén.

DEL TESTAMENTO Te adoramos, Santísimo Señor Jesucristo, Aquí y en todas las iglesias Que hay en todo el mundo; Y te bendecimos, Pues por tu santa cruz redimiste al mundo.

BENDICIÓN A FRAY ELÍAS, POCO ANTES DE MORIR A ti, hijo mío, te bendigo en todo y por todo. Y como bajo tu dirección el Altísimo ha

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Multiplicado mis hermanos e hijos, así sobre ti y en Ti los bendigo a todos. En el cielo y en la tierra te bendiga Dios, Rey de Todo el universo. Te bendigo cuanto puedo y más de lo que yo Puedo; y lo que yo no puedo, hágalo e ti quien Todo lo puede. Que Dios se acuerde de tus obras y trabajos, y en La retribución de los justos sea conservada tu Herencia. Que halles toda bendición que deseas y que te sea Concedido cuanto pides dignamente.

DE LAS CONSIDERACIONES SOBRE LAS LLAGAS ¿QUIÉN ERES TÚ? ¿Quién eres tú, dulcísimo Dios mío? ¿Y quién soy yo, gusanillo vilísimo e inútil siervo suyo? ¿Quién eres tú, Señor de infinita bondad, sabiduría y omnipotencia, que te dignas visitarme a mí, que soy un gusano vil y abominable? Señor mío, yo soy todo tuyo. Tú sabes bien que no tengo otra cosa que el Hábito, la cuerda y los calzones, y aún estas tres Cosas son tuyas; ¿qué puedo, pues, ofrecer o dar a Tu majestad?

DOS GRACIAS TE PIDO Señor mío Jesucristo, dos gracias te pido me Concedas antes de mi muerte: La primera, que yo experimente en vida, en el alma Y en el cuerpo, aquel dolor que tú, dulce Jesús, Soportaste en la hora de tu acerbísima pasión; La segunda, que yo experimente en mi corazón, en La medida posible, aquel amor sin medida en que Tú, Hijo de Dios, ardías cuado te ofreciste a sufrir Tantos padecimientos por nosotros pecadores.

OFICIO DE LA PASIÓN DEL SEÑOR Si alguno quiere recitar este Oficio del bienaventurado Francisco, dígalo en la forma siguiente: dirá primero el Con las alabanzas: Santos, Santo, Santo. Acabadas Las alabanzas con la oración, tal como se indica más arriba, Comiéncese la antífona: Santa Virgen María con el salmo Señalado para cada Hora del día y de la noche. Y dígase con

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Gran reverencia. Clara, “plantita”, hija y discípula de Francisco, “Aprendió el Oficio de La cruz tal como lo había compuesto el amante de la cruz Francisco, y lo Recitaba frecuentemente con afecto devoto como él”. (TOMÁS DE CELANO, Legenda Sanctae Clarae 30).

PARÁFRASIS DEL PADRE NUESTRO Santísimo Padre nuestro: creador, redentor, consolador Y salvador nuestro, Que estás en los cielos: en los ángeles y en los santos; Iluminándolos para conocer, porque tú, Señor, Eres el amor; habitando en ellos y colmándolos Para gozar, porque tú, Señor, eres el bien sumo, Eterno, de quien todo bien Procede, sin quien no Hay bien alguno. Santificado sea tu nombre: clarificada sea en nosotros Tu noticia para que conozcamos cual es la anchura De tus beneficios, la largura de tus promesas, la Altura de la majestad y la hondura de los juicios. Venga a nosotros tu reino: para que reines tú en Nosotros por la gracia y nos hagas llegar a tu reino Donde se halla la visión manifiesta de ti, el perfecto Amor a ti, tu dichosa compañía, la fruición de ti por Siempre. Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo: para Que te amemos con todo el corazón, pensando Siempre en ti; con toda el alma, deseándote siempre A ti; con toda la mente, dirigiendo todas Nuestras intenciones a ti, buscando en todo tu Honor; con todas nuestras fuerzas, empleando Todas nuestras fuerzas y los sentidos del alma y del Cuerpo en servicio de tu amor y no de otra cosa; Para que amemos a nuestros prójimos como a Nosotros mismos, atrayendo a todos, según podamos, A tu amor, alegrándonos de los bienes ajenos Como de los nuestros y compadeciéndonos de los Males y no ofendiendo a nadie. El pan nuestro de cada día: tu amado Hijo, nuestro Señor Jesucristo, dánosle hoy: para que recordemos, Comprendamos y veneremos el amor que nos tuvo Y cuanto por nosotros dijo, hizo y padeció. Y perdónanos nuestras deudas: por tu inefable Misericordia, por los méritos e intercesión de la Beatísima Virgen y de todos tus elegidos. Así como nosotros perdonamos a nuestros deudores: y lo Que no perdonamos plenamente, haz tú, Señor, Que plenamente lo perdonemos, para que por ti Amemos de verdad a los enemigos y a favor de Ellos intercedamos devotamente ante ti, no Devolviendo a nadie mal por mal, y para que Procuremos ser en ti útiles en todo. Y no nos dejes caer en tentación: oculta o manifiesta, 10/11/2008 09:04 p.m.

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Imprevista o insistente, Mas líbranos del mal: pasado, presente y futuro. Gloria al Padre…

ALABANZAS QUE SE HAN DE DECIR EN TODAS LAS HORAS Comienzan las alabanzas que compuso nuestro beatísimo Padre Francisco. Las decía en todas las horas del día y de la Noche y antes del Oficio de la bienaventurada Virgen María, Iniciándolas de esta forma: Santísimo Padre nuestro que estás En los cielos, etc., con el Gloria. Y a continuación las siguientes alabanzas. Santo, santo, santo Señor Dios omnipotente, El que es, y el que era, y el que ha de venir. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Digno eres, Señor Dios nuestro, de recibir La alabanza, la gloria, el honor y la bendición. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Digno es el cordero que ha sido degollado De recibir el poderío, y la divinidad, y la sabiduría, Y la fuerza, y el honor, y la gloria, y la bendición. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Bendigamos al Padre y al Hijo Con el Espíritu Santo, Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Bendecid al Señor todas las obras del Señor. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Alabad a nuestro Dios todos sus siervos Y los que teméis a Dios, pequeños y grandes. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Alaben al que es glorioso los cielos y la tierra. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Y todas las criaturas del cielo y de la tierra, Y las que están bajo la tierra y el mar, Y todo lo que hay en él. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. Como era en el principio y ahora y siempre Por los siglos de los siglos. Amén. Y alabémosle y ensalcémosle por los siglos. ORACIÓN Omnipotente, santísimo, altísimo y sumo Dios, 10/11/2008 09:04 p.m.

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Todo bien, sumo bien, bien total, Que eres el solo bueno, A ti te tributemos toda alabanza, toda gloria, Toda gracia todo honor, toda bendición, Y te restituyamos todos los bienes, Hágase. Hágase. Amén.

EN EL TRIDUO SACRO Y EN LOS DÍAS FERIALES DEL AÑO Estos son los salmos que compuso nuestro beatísimo padre Francisco para veneración, recuerdo y alabanza de la pasión Del Señor. Han de decirse uno por dada una de las Horas del Día y de la noche. Comienzan por las completas del Viernes Santo, porque en esa noche fue traicionado y apresado nuestro Señor Jesucristo. Téngase en cuenta que el bienaventurado Francisco recitaba Así este Oficio: en primer lugar decía la oración que nuestro Señor y Maestro nos enseñó: Santísimo Padre nuestro, etc., Con las alabanzas: Santo, Santo, Santo, como se indica más Arriba. Dichas las alabanzas y la oración, comenzaba la Siguiente antífona: Santa Virgen María. En primer lugar decía Los salmos de Santa María, luego recitaba otros salmos que Había elegido, y, después de todos ellos, los de la pasión. Concluido el salmo, decía la antífona: Santa Virgen María. El Oficio terminaba con esta antífona.

COMPLETAS Antífona: Santa Virgen María (ver más abajo) SALMO 1 ¡Oh Dios!, te descubrí mi vida, pusiste mis lágrimas ante tu mirada. Todos mis enemigos tramaban males contra mí, Y reunidos, celebraron consejo. Y contra mí hicieron males por vosotros Y me devolvieron odio a cambio de mi amor. En lugar de amarme, me calumniaban, y yo oraba. Santo Padre mío, rey del cielo y de la tierra, No te alejes de mí, porque la tribulación está cerca Y no hay quien me ayude. Retrocedan mis enemigos el día que te invoque; Así he conocido que tú eres mi Dios. Mis amigos y mis allegados se acercaron hacia mí Y se quedaron parados, Y mis vecinos se quedaron lejos.

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Alejaste de mí a mis conocidos, Me consideraron como abominación para ellos, Fui atrapado y no podía salir. Padre Santo, no alejes de mí tu auxilio; Dios mí, atiende a mi auxilio. Ven en mi ayuda, Señor Dios de mi salvación. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo, Como era en el principio, y ahora, y siempre, Y por los siglos de los siglos. Amén. Antífona Santa Virgen María, no ha nacido en el mundo Entre las mujeres ninguna semejante a ti, Hija y esclava del altísimo Rey sumo Y Padre celestial, Madre de nuestro santísimo Señor Jesucristo, Esposa del Espíritu Santo. Ruega por nosotros, junto con el Arcángel San Miguel y todas las virtudes del cielo Y con todos los santos, Ante tu santísimo Hijo amado, Señor y maestro. Gloria al Padre… Téngase en cuenta que esta antífona se recita en todas las horas Y se dice como antífona, capítulo, himno, versículo y Oración, tanto en Maitines como en las demás Horas. Ninguna Otra cosa decía en ellas, sino esta antífona con sus salmos. Para terminar el oficio, el bienaventurado Francisco decía Siempre: Oración Bendigamos al Señor Dios vivo y verdadero; Rindámosle alabanza, gloria, honor bendición, Y restituyámosle siempre todos los bienes. Amén. Amén. Hágase. Hágase. MAITINES Antífona: Santa Virgen María. SALMO 2 Señor, Dios de mi salvación, De día y de noche grito ante ti. Llegue hasta ti mi oración; Acerca tu oído a mi plegaria. Mira por mi alma y líbrala, Líbrame de mis enemigos. Porque fuiste tú quien me sacó del vientre, Mi esperanza desde el pecho de mi madre;

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Desde el seno materno fui lanzado a ti. Desde el vientre materno tú eres mi Dios; No te alejes de mí. Tú conoces mi afrenta y mi confusión Y mi sonrojo. A tu vista están todos los que me acosan; Afrenta y miseria esperó mi corazón. Y esperé a quien me compadeciera Y no hubo nadie, Y a quien me consolara, y no lo encontré. Los inicuos ¡oh Dios! Se alzaron contra mí, Y la sinagoga de los poderosos buscaron mi vida, Y no te tuvieron presente. Me cuentan con los que bajan a la fosa; Estoy como un hombre sin vigor, Libre entre los muertos. Tú eres mi Padre santísimo, Rey mío y Dios mío. Ven en mi auxilio, Señor Dios de mi salvación.

PRIMA Antífona: Santa Virgen María. SALMO 3 Ten piedad de mí, oh Dios, ten piedad, Pues en ti confía mi alma. Y esperaré a la sombra de tus alas Hasta que pase iniquidad. Clamaré al santísimo Padre mío altísimo; Al Señor, que se puso a mi favor. Envió desde el cielo y me libró, Llevó el oprobio a los que me conculcaban. Envió Dios su misericordia y su verdad; Libró mi vida de mis fortísimos enemigos Y de los que me odiaron, Pues se habían hecho fuertes contra mí. Prepararon un lazo a mis pies Y doblegaron mi alma. Delante de mi cavaron una fosa, y cayeron en ella. Mi corazón está firme, Dios mío, Mi corazón esta firme; Cantaré y salmodiaré. Álzate, gloria mía; despierta, salterio y cítara; Me levantaré a la aurora.

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Porque hasta los cielos se agranda tu misericordia, Y tu verdad hasta las nubes. Álzate sobre los cielos, oh Dios, Y sobre toda la tierra tu gloria.

TERCIA Antífona: Santa Virgen María. SALMO 4 Misericordia, Dios mío, que me has pisoteado, Me han atribulado todo el día, combatiéndome. Todo el día me pisotearon mis enemigos, Porque son muchos los que luchan contra mí. Todos mis enemigos pensaban contra mí, Pronunciaron palabras perversas contra mí. Los que me custodiaban conspiraron contra mí. Salían fuera y hablaban juntos. Todos los que me vieron se rieron de mí Hablaron y menearon la cabeza. Yo soy gusano y no hombre, Vergüenza de los hombres y desprecio de la plebe. Para mis vecinos me he convertido En motivo de gran afrenta, Más que todos mis enemigos, Y en temor para mis conocidos. Padre santo, no me retardes tu auxilio, Atiende a mi defensa. Ven en mi auxilio, Señor, Dios de mi salvación.

SEXTA Antífona: Santa Virgen María. SALMO 5 Clamé al Señor con mi voz, Al Señor supliqué con mi voz. Derramo mi oración en su presencia Y ante él expongo mi tribulación. Cuando me falta el aliento, Tú también conoces mis senderos. En el camino por donde iba Los soberbios me escondieron una trampa. Miraba a la derecha y remiraba, Pero no había quien me conociese. 10/11/2008 09:04 p.m.

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Me fue imposible huir y no hay quien mire por mí. Porque soporté por ti afrentas, Cubrió mi rostro la confusión. Para mis hermanos soy un extraño, Y un extranjero para los hijos de mi madre. Padre Santo, me devoró el celo de tu casa, Y las afrentas de los que te afrentaban Cayeron sobre mí. Y se alegraron contra mí y se confabularon, Se amontonaron sobre mí las desdichas Y no lo supe. Son más numerosos que los pelos de mi cabeza Los que me odian sin razón. Los enemigos que me perseguían injustamente Se han hecho fuertes; Devolvía yo entonces lo que no había robado. Testigos inicuos se levantaban para demandarme Lo que ni sabía. Me pagaban mal por bien y me difamaban, Porque buscaba la bondad. Tú eres mi Padre santísimo, Rey mío y Dios mío. Ven en mi auxilio, Señor, Dios de mi salvación.

NONA Antífona: Santa Virgen María. SALMO 6 Vosotros, todos los que pasáis por el camino, Mirad y ved si hay dolor como mi dolor. Porque muchos perros me acorralaron; Me cercó la reunión de los malvados. Y ellos me miraron y contemplaron, Se dividieron mis vestidos Y echaron a suerte mi túnica. Taladraron mis manos y mis pies, Y contaron todos mis huesos. Abrieron sus fauces contra mí Como león que atrapa y ruge. Derramado estoy como el agua, Y mis huesos todos están dislocados. Y mi corazón se parece a cerca derretida En medio de mis entrañas.

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Como una teja se secó mi fuerza, Y mi lengua se me pegó al paladar. Y para comer me dieron hiel Y en mi sed me dieron vinagre. Y me llevaron al polvo de la muerte Y aumentaron el dolor de mis llagas. Me dormí y desperté Y mi Padre santísimo me acogió con gloria. Padre Santo, sostuviste mi mano derecha Y me guiaste según tu voluntad Y me acogiste en gloria. ¿Qué hay para mí en el cielo? Y fuera de ti, ¿qué he querido en la tierra? Mirad, mirad que yo soy Dios -dice el Señor-, Seré exaltado entre las gentes, Seré exaltado en la tierra. Bendito sea el Señor Dios de Israel, Que redimió las almas de sus siervos Con su propia sangre santísima Y no abandonará a nadie que espere en él. Y sabemos que viene, Que vendrá a establecer la justicia.

VÍSPERAS Antífona: Santa Virgen María. SALMO 7 Aplaudid todas las gentes, Aclamad a Dios con voz de júbilo. Pues el Señor es excelso, terrible, Rey grande sobre toda la tierra. Porque el santísimo Padre de los cielos, Nuestro Rey antes de los siglos, Envió de los alto a su amado Hijo Y realizó la salvación en medio de la tierra. Alégrense los cielos y goce la tierra, Conmuévase el mar y cuanto lo llena; Se alegrarán los campos y cuanto hay en ellos. Cantadle un cántico nuevo, Cantad al Señor toda la tierra. Porque grande es el Señor y en gran manera loable, Es temible sobre todos los dioses.

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Tierras de los gentiles, ofrendad al Señor; Ofrendad al Señor gloria y honor, Ofrendad gloria al nombre del Señor. Tomad vuestros cuerpos Y cargad con su santa cruz Y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos. Tiemble la tierra entera en su presencia; Decid entre las gentes Que el Señor reinó desde el madero. Hasta aquí se recita diariamente desde el Viernes Santo hasta La fiesta de la Ascensión. En la fiesta de la Ascensión se Añaden los siguientes versículos: Y subió a los cielos, y está sentado a la derecha del santísimo Padre en los cielos; álzate sobre los cielos, oh Dios, y tu gloria sobre toda la tierra. Y sabemos que viene, que vendrá a establecer la Justicia. Téngase en cuenta que este salmo se recita a diario de la Misma forma desde la Ascensión al Adviento del Señor; es Decir, Aplaudid, con los versículos señalados, diciendo el Gloria al Padre al fin del salmo, o sea, al terminar las palabras Que vendrá a establecer la justicia. Adviértase también que los salmos indicados anteriormente se dicen desde el Viernes Santo al Domingo de Resurrección. También desde la octava de Pentecostés al Adviento del Señor Y desde la octava de la Epifanía hasta el Domingo de Resurrección, excepto los Domingos y fiestas principales, en Que no se recitan; los demás días, en cambio, se recitan siempre. EN EL TIEMPO PASCUAL, DESDE EL SÁBADO SANTO, CONCLUIDO YA EL DÍA. COMPLETAS Antífona: Santa Virgen María. SALMO 8 Dios mío, ven en mi auxilio; Señor, date prisa en socorrerme. Sean confundidos y avergonzados Los que buscan mi vida. Retrocedan y cúbranse de ignominia Los que quieren mi mal. Retrocedan enseguida sonrojados Los que me gritan: ¡Ah, ah! Que se alegren y se regocijen en ti

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Todos los que te buscan Y digan siempre los que aman tu salvación: Engrandecido sea el Señor. Yo soy necesitado y pobre; Ayúdame, oh Dios. Mi auxilio y libertador eres tú; Señor, no te retardes.

MAITINES DEL DOMINGO DE RESURRECCIÓN Antífona: Santa Virgen María. SALMO 9 Cantad al Señor un cántico nuevo, Porque ha hecho maravillas. Han sacrificado a su amado Hijo, Su diestra y su santo brazo. El Señor ha dado a conocer su salvación, Ha mostrado ante las gentes su justicia. En aquel día envió el Señor su misericordia, Y en la noche su canto. Este es el día que hizo el Señor; Alegrémonos y gocémonos en él. Bendito el que viene en nombre del Señor; Dios es Señor y nos ha iluminado. Alégrense los cielos y goce la tierra, Conmuévase el mar y cuanto lo llena; Se alegrarán los campos y cuanto hay en ellos. Tierras de los gentiles, ofrendad al Señor; Ofrendad al Señor gloria y honor, Ofrendad al Señor la gloria debida a su nombre. Hasta aquí se recita diariamente desde el Domingo de Resurrección Hasta la fiesta de la Ascensión, en cada una de las Horas, exceptuadas Las Vísperas, las Completas y Prima. En la noche de la Ascensión se Añaden los versículos siguientes: Reinos de la tierra, cantad a Dios, Salmodiad al Señor. Salmodiad a Dios, que asciende sobre el cielo De los cielos hacia el oriente. Mirad que hará oír su voz potente; Dad gloria a Dios por Israel; Su grandeza y su poder están sobre las nubes. Admirable es Dios en sus santos; El Dios de Israel da poder y fortaleza a su pueblo; 10/11/2008 09:04 p.m.

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Bendito sea Dios. Téngase en cuenta que este salmo se recita diariamente desde La Ascensión del Señor hasta la octava de Pentecostés, con los Versículos indicados en Maitines, Tercia, Sexta y Nona, diciendo Gloria al terminar bendito sea Dios y no en otro lugar. Adviértase también que se dice de la misma forma sólo en Maitines de los domingos y principales fiestas desde la octava De Pentecostés hasta el Adviento del Señor y desde la octava De Epifanía hasta el Jueves Santo, pues en ese día comió el Señor la Pascua con sus discípulos; o, si se quiere, se puede Decir otro salmo en Maitines o en Vísperas; por ejemplo: Te ensalzaré, Señor [Sal 29], como se encuentra en el Salterio; y Esto desde el Domingo de Resurrección hasta la fiesta de la Ascensión únicamente.

Prima Antífona: Santa Virgen María. SALMO 3 Tercia, Sexta, Nona SALMO 9 Vísperas SALMO 7 EN LOS DOMINGOS Y FIESTAS PRINCIPALES Siguen otros salmos, que también compuso nuestro beatísimo Padre Francisco. Estos se dicen, en lugar de los salmos anteriormente indicados de la pasión del Señor, en los Domingos y principales fiestas, desde la octava de Pentecostés Hasta el Adviento, y desde la octava de Epifanía hasta el Jueves Santo; téngase en cuenta que han de decirse en ese día, porque Es la Pascua del Señor. Completas Antífona: Santa Virgen María. SALMO 8 Maitines Antífona: Santa Virgen María. SALMO 9 Prima Antífona: Santa Virgen María. SALMO 3

Tercia Antífona: Santa Virgen María.

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SALMO 10 Toda la tierra, aclamad al Señor, Cantad salmos a su nombre, Dadle gloria y alabanza. Decid a Dios: ¡Qué terribles son tus obras, Señor! Tus enemigos quedaran desmentidos Ante la grandeza de tu poder. Que toda la tierra te adore y te cante Y diga salmos a tu nombre. Venid, escuchad, Y os contaré a todos los que teméis a Dios Cuanto ha hecho por mi alma. Mi boca gritó a él, y lo exaltó mi lengua. Y escuchó mi voz desde su santo templo, Y mi clamor llegó a su presencia. Bendecid, gentes, a nuestro Señor Y haced oír la voz de su alabanza. Y en él serán benditas todas las tribus de la tierra, Todas las naciones lo engrandecerán. Bendito el Señor, Dios de Israel; Sólo él hace grandes maravillas. Y eternamente bendito el nombre de su majestad; Toda la tierra se llenará de su gloria. Amén. Amén.

Sexta Antífona: Santa Virgen María. SALMO 11 Que te escuche el Señor el día de la tribulación, el nombre del Dios de Jacob te proteja. Que te auxilie desde su santuario, Que desde Sión te defienda. Que se acuerde de todos tus sacrificios, Que le sea grato tu holocausto. Que te conceda lo que tu corazón desea Y confirme todos tus planes. Nos alegraremos en tu salvación Y en el nombre del Señor envió a Jesucristo su Hijo, Y juzgará a los pueblos con justicia. El Señor se ha constituido En refugio para el pobre, 10/11/2008 09:04 p.m.

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Ayudador en las necesidades, en la tribulación; Que esperen en ti los que conocieron tu nombre. Bendito el Señor mi Dios, Porque se ha convertido en mi asilo y mi refugio En el día de mi tribulación. Ayudador mío, te cantaré, Porque, oh Dios, eres mi asilo, Dios mío, misericordia mía.

Vísperas Antífona: Santa Virgen María. SALMO 7 EN EL TIEMPO DEL ADVIENTO DEL SEÑOR Siguen otros salmos, dispuestos también por nuestro Beatísimo padre Francisco. Estos se dicen, en lugar de los Indicados anteriormente de la pasión del Señor, desde el Adviento del Señor hasta la vigilia de la Navidad únicamente. Completas Antífona: Santa Virgen SALMO 13 ¿Hasta cuándo, por fin, me olvidarás, Señor? ¿Hasta cuándo apartarás tu rostro de mí? ¿Hasta cuándo estaré cavilando en mi alma y durante el día tendré dolor en mi corazón? ¿Hasta cuándo se me sobrepondrá el enemigo? Mira y óyeme, Señor, Dios mío. Da luz a mis ojos Para que no me duerma en la muerte, Para que no diga mi enemigo: “Le he vencido” Los que me atribulan se gozarán si caigo; Pero yo espero en tu misericordia. Mi corazón saltará de gozo en tu socorro; Cantaré al Señor que me hizo bien, Y salmodiaré al nombre del Señor altísimo.

Maitines Antífona: Santa Virgen María.

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SALMO 14 Te alabaré, Señor, Padre santísimo, Rey del cielo y de la tierra, Porque me has consolado. Tú eres mi Dios salvador; Actuaré con confianza y no temeré. El Señor es mi fuerza y mi alabanza, y se ha hecho mi salvación. Tu diestra, Señor, se ha engrandecido de poder; Tu diestra, Señor, ha herido al enemigo, y has Abatido con el poder de tu gloria a mis enemigos. Que lo vean los pobres y se alegren; Buscad a Dios, y vivirá vuestra alma. Que lo alaben y la tierra, El mar y cuanto en ellos se mueve. Porque Dios salvará a Sión Y se reedificarán las ciudades de Judá. Y habitarán allí, y la adquirirán en herencia. Y el linaje de sus siervos la poseerá Y los que aman su nombre habitarán en ella.

Prima Antífona: Santa Virgen María. SALMO 3 Tercia Antífona: Santa Virgen María. SALMO 10 Sexta Antífona: Santa Virgen María. SALMO 11 Nona Antífona: Santa Virgen María. SALMO 12 Vísperas Antífona: Santa Virgen María. SALMO 7 Téngase en cuenta que no se recita el salmo entero, sino hasta El versículo Tomad vuestros cuerpos, al fin del cual se dice el Gloria al Padre. Así se recita en las Vísperas de todos los días Desde el Adviento hasta la vigilia de la Navidad. 10/11/2008 09:04 p.m.

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EN EL TIEMPO DE LA NAVIDAD DEL SEÑOR HASTA LA OCTAVA DE LA EPIFANÍA. Vísperas de la Navidad del Señor Antífona: Santa Virgen María. SALMO 15 Glorificad a Dios, nuestra ayuda; Cantad al Señor, Dios vivo y verdadero, Con voz de alegría. Porque el Señor es excelso, terrible, Rey grande sobre toda la tierra. Porque el santísimo Padre del cielo, Nuestro Rey antes de los siglos, Envió a su amado Hijo de lo alto, Y nació de la bienaventurada Virgen santa María. El me invocó: “Tú eres mi Padre”; Y yo lo haré mi primogénito, El más excelso de los reyes de la tierra. En aquél día, el Señor Dios envió su misericordia, Y en la noche su canto. Éste es el día que hizo el Señor; Alegrémonos y gocémonos en él. Porque se nos ha dado un niño santísimo, amado, Y nació por nosotros fuera de casa, Y fue colocado en un pesebre, Porque no había sitio en la posada. Gloria al Señor Dios en las alturas, Y en la tierra, paz a los hombre De buena voluntad. Alégrese el cielo y exulte la tierra, Conmuévase el mar y cuanto lo llena; Se gozarán los campos y todo lo que ay en ellos. Cantadle un cántico nuevo, Cante al Señor toda la tierra. Porque grande es el Señor Y muy digno de alabanza, Terrible sobre todos los dioses. Tierra de los gentiles, ofrendad al Señor; Ofrendad al Señor gloria y honor,

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Ofrendad al Señor la gloria debida a su nombre. Tomad vuestros cuerpos Y cargad con su santa cruz, Y seguid hasta el fin sus santísimos preceptos. Téngase en cuenta que este salmo se recita en todas las Horas Desde la Navidad del Señor hasta la octava de la Epifanía.

BENDICIÓN DE SANTA CLARA DE ASÍS En el nombre del Padre, Y del Hijo, Y del Espíritu Santo. Amén. El Señor las bendiga y las guarde; Les muestre su faz y tenga misericordia de ustedes, Les vuelva su rostro y les dé su paz, Hermanas e hijas mías, A ustedes, y a todas las que han de venir y permanecer En su comunidad y a todas las demás, tanto presentes Como futuras, que han de perseverar hasta el fin en Todos los otros monasterios de Damas Pobres. Yo, Clara, servidora de Cristo y pequeña planta de Nuestro padre San Francisco, Hermana y madre suya y de las demás hermanas Pobres, aunque indigna, Ruego a nuestro Señor Jesucristo que, por su misericordia y por la intercesión de su santísima Madre Santa María, del bienaventurado San Miguel Arcángel y de todos los santos Ángeles, De nuestro bienaventurado padre San Francisco Y de todos los Santos y Santas de Dios, El mismo Padre celestial les conceda y confirme Esta su santísima bendición En el cielo y en la tierra; En la tierra, multiplicándolas en gracia y en virtudes Entre sus siervos y siervas en su iglesia militante; En el cielo, ensalzándolas y glorificándolas Entre sus Santos y Santas en su Iglesia triunfante. Las bendigo en mi vida y después de mi muerte, En cuanto puedo y más aún de lo que puedo, Con todas las bendiciones con que el Padre de las Misericordias bendijo a sus hijos y a sus hijas Y los bendecirá en el cielo y en la tierra, Y con las que el padre y la madre espirituales Bendijeron y bendecirán a sus hijos e hijas espirituales. Amén. Sean siempre amantes de sus almas y de las de Todas sus hermanas, Para que observen siempre solícitamente lo que al Señor prometieron. El Señor esté siempre con ustedes y ojalá ustedes

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Estén siempre con él.

HIMNOS DE LA LITURGIA DE LA IGLESIA

Para el comienzo del día Alfarero del hombre Alfarero del hombre, mano trabajadora Que, de los hondos limos iniciales, Convocas a los pájaros a la primera aurora, Al pasto los primeros animales. De mañana te busco, hecho de luz concreta, De espacio puro y tierra amanecida. De mañana te encuentro, vigor, origen, meta De los profundos ríos de la vida. El árbol toma cuerpo, y el agua melodía; Tus manos son recientes en la rosa; Se espesa la abundancia del mundo a mediodía, Y estás de corazón en cada cosa. No hay brisa si no alientas, monte si no estás Dentro, Ni soledad en la que no te hagas fuerte. Todo es presencia y gracia; vivir es este encuentro: Tú, por la luz; el hombre, por la muerte. ¡Qué se acabe el pecado! ¡Mira que es desdecirte dejar tanta hermosura en tanta guerra! Que el hombre no te obligue, Señor, a arrepentirte De haberte dado un día las llaves de la tierra. Amén.

Jesús de dulce memoria Jesús de dulce memoria, Que das la paz verdadera; Más dulce que toda miel Es tu divina presencia. Nada se canta más suave, Ni grato se experimenta, Ni hay mayor alegría Que de Cristo un alma llena. Jesús, tu dulzura excede -fuente de paz verdaderatodos los gozos humanos, cuanto el hombre soñar pueda.

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Si nuestras mentes visitas, La luz de verdad destella, El mundo aparece vano, Todo, tu amor lo supera. Danos, benigno, el perdón, De la gracia gran cosecha; Haz que gocemos perennes De tu esplendor la presencia. Cantamos tus alabanzas, Jesús, sentado a la diestra De tu Padre, cuyo Amor Tu ser divino revela. Amén.

Para el final del día Como el niño que no sabe dormirse Como el niño que no sabe dormirse Sin tomarse a la mano de su madre, Así mi corazón viene a ponerse Sobre tus manos, al caer la tarde. Como el niño que sabe que alguien vela Su sueño de inocencia y esperanza, Así descansará mi alma segura Sabiendo que eres tú quien nos aguarda. Tú endulzarás mi última amargura, Tú aliviarás el último cansancio, Tú cuidarás los sueños de la noche, Tú borrarás las huellas de mi llanto. Tú nos darás mañana nuevamente La antorcha de la luz y la alegría, Y, por las horas que te traigo muertas, Tú me darás una mañana viva. Amén.

Gracias, porque al fin del día Gracias, porque al fin del día Podemos agradecerte Los méritos de tu muerte, Y el pan de la eucaristía; La plenitud de alegría De haber vivido tu alianza; La fe, el amor, la esperanza, Y esta bondad de tu empeño De convertir nuestro sueño En una humilde alabanza. 10/11/2008 09:04 p.m.

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A Jesús crucificado Mármol con sangre, tu frente Mármol con sangre, tu frente; Lirios con sangre, tus manos; Tus ojos, soles con muerte; Luna con muerte, tus labios. Así quiero verte, Cristo, Sangriento jardín de nardos; Así, con tus cinco llagas, Cielo roto y estrellado. Rojo y blanco, blanco y rojo, Te vio la niña del cántico: Bien merecido lo tienes, Por santo y enamorado. Abismo reclama abismo: ¿o no la sabías acaso?; el amor llama a la muerte; muerte y amor son hermanos. Amor quema, amor hiende Carne y alma, pecho y labio. Amor, espada de fuego; Amor, cauterio y taladro. Así quiero verte, Cristo, Con sangre, lirios y mármol; Soles y lunas con muerte En tus ojos y en tus labios.

A Jesús resucitado Al fin será la paz y la corona Al fin será la paz y la corona, Los vítores, las palmas sacudidas, Y un aleluya inmenso como el cielo Para cantar la gloria del Mesías. Será el estrecho abrazo de los hombres, Sin muerte, sin pecado, sin envidia; Será el amor perfecto del encuentro, Será como quien llora de alegría. Porque hoy remonta el vuelo el sepultado Y va por el sendero de la vida

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A saciarse de gozo junto al Padre Y a preparar la mesa de familia. Se fue, pero volvía, se mostraba, Lo abrazaba, hablaba, compartía; Y escondido la Iglesia lo contempla, Lo adora más presente todavía. Hundimos en sus ojos la mirada, Y ya es nuestra la historia que principia, Nuestros son los laureles de su frente, Aunque un día le dimos las espinas. Que el tiempo y el espacio limitados Sumisos al Espíritu se rinda, Y dejen paso a Cristo omnipotente, A quien gozoso el mundo glorifica. Amén.

Dejad que el grano se muera Dejad que el grano se muera Y venga el tiempo oportuno: Dará cien granos por uno La espiga de primavera. Mirad que es dulce la espera Cuando los signos son ciertos; Tened los ojos abiertos Y el corazón consolado; Si Cristo ha resucitado, ¡resucitarán los muertos! Amén.

Dios como un almendro Dios, como un almendro, Con la flor despierte; Dios, que nunca duerme, Busca quien no duerma, Y entre las diez vírgenes Sólo hay cinco en vela. Gallos vigilantes Que la noche alertan; Quien negó tres veces Otras tres confiesa, U pregona el llanto Lo que el miedo niega. Muerto lo bajaban A la tumba nueva; Nunca tan adentro 10/11/2008 09:04 p.m.

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Tuvo al sol la tierra. Daba el monte gritos, Piedra contra piedra. Vi los cielos nuevos Y la tierra nueva; Cristo entre los vivos Y la muerte muerta. Dios en las criaturas ¡y eran todas buenas! Amén.

¿Quién es este que viene? ¿Quién es este que viene, recién atardecido, cubierto por su sangre como varón que pisa los racimos? Éste es Cristo, el Señor, Que venció nuestra muerte Con su resurrección. ¿Quién es este que vuelve, glorioso y malherido, y, a precio de su muerte, compra la paz y libra a los cautivos? Éste es Cristo, el Señor Que venció nuestra muerte Con su resurrección. Se durmió con los muertos, Y reina entre los vivos; No le venció la fosa, Porque el Señor sostuvo a su elegido. Éste es Cristo, el Señor Que venció nuestra muerte Con su resurrección. Anunciad a los pueblo Qué habéis visto y oído; Aclamad al que viene Como paz, entre un clamor de olivos. Éste es Cristo, el Señor Que venció nuestra muerte Con su resurrección.

Al Espíritu Santo

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Veni, Creator Ven, Espíritu Santo creador, A visitar nuestro corazón. Repleta con tu gracia viva y celestial Nuestras almas que tu creaste por amor. Tú que eres llamado Consolador, Don del Dios Altísimo y Señor, Vertiente viva, Fuego que es la caridad, Y también espiritual y divina Unción. En cada sacramente te nos das, Dedo de la diestra paternal. Eres tú la promesa que el Padre nos dio, Con tu palabra enriqueces nuestro cantar. Nuestros sentidos has de iluminar, Los corazones enamorar, Y nuestro cuerpo, presa de la tentación, Con tu fuerza continua has de afirmar. Lejos al enemigo rechazad, Tu paz danos pronto, sin tardar, Y, siendo tú nuestro buen Guía y Conductor, Evitemos así toda sombra de mal. Concédenos al Padre conocer, A Jesús su Hijo comprender, Y a ti, Espíritu de ambos por amor, Te creamos con ardiente y sólida fe. Al Padre demos gloria, pues es Dios, A su Hijo que resucitó, También al Espíritu Consolador, Por todos los siglos de los siglos honor. Amén.

Secuencia de Pentecostés Ven, Espíritu divino, Manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, Don, en tus dones espléndido; Luz que penetras las almas; Fuente del mayor consuelo. Ven, dulce huésped del alma, Descanso de nuestro esfuerzo, Tregua en el duro trabajo, Brisa en las horas de fuego, Gozo que enjuga las lágrimas Y reconforta en los duelos.

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Entra hasta el fondo del alma, Divina luz, y enriquécenos. Mira el vacío del hombre Si tú le faltas por dentro; Mira el poder del pecado Cuando no envías tu aliento. Riega la tierra en sequía, Sana el corazón enfermo, Lava las manchas, Infunde calor de vida en el hielo, Doma el espíritu indómito, Guía l que tuerce el sendero. Reparte tus siete dones Según la fe de tus siervos. Por tu bondad y tu gracia Dale al esfuerzo su mérito; Salva al que busca salvarse Y danos tu gozo eterno. Amén.

A María Llena de rosas mi herida Llena de rosas mi herida, Llena de estrellas mis ojos, Llena de paz mis abrojos, Llena de gracia mi vida Y, de esplendor revestida, Ven a mí en la última hora, A cerrar, Consoladora, Mis ojos fijos en ti Y, vaciándome de mí, Lléname de ti, Señora. Amén.

SELECCIÓN DE SALMOS Salmo 15 Protégeme, Dios mío, que me refugio e ti; Yo digo al Señor: “Tú eres mi bien”. Los dioses y señores de la tierra No satisfacen. Multiplican las estatuas De dioses extraños; No derramaré sus libaciones con mis manos, Ni tomaré sus nombres en mis labios.

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El Señor es mi heredad y mi copa; Mi suerte está en tu mano: Me ha tocado un lote hermoso, Me encanta mi heredad. Bendeciré al Señor que me aconseja, Hasta de noche me instruye internamente. Tengo siempre presente al Señor, Con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, Se gozan mis entrañas, Y mi carne descansa serena. Porque no me entregarás a la muerte, Ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me enseñarás el sendero de la vida, Me saciarás de gozo en tu presencia, De alegría perpetua a tu derecha.

Salmo 26 El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? El Señor es la defensa de mi vida, ¿quién me hará temblar? Cuando me asaltan los malvados para devorar mi carne, ellos enemigos y adversarios, tropiezan y caen. si un ejército acampa contra mí, mi corazón no tiembla; si me declaran la guerra, me siento tranquilo. Una cosa pido al Señor; eso buscaré: habitar en la casa del Señor por los días de mi vida; gozar de la dulzura del Señor contemplando su templo. Él me protegerá en su tienda el día del peligro; me esconderá en lo escondido de su morada, me alzará sobre la roca; y así levantaré la cabeza sobre el enemigo que me cerca; en su tienda sacrificaré sacrificios de aclamación: 10/11/2008 09:04 p.m.

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cantaré y tocaré para el Señor. Escúchame, Señor, que te llamo: ten piedad, respóndeme. Oigo en mi corazón: “Buscad mi rostro”. Tu rostro buscaré, Señor, no me escondas tu rostro. No rechaces con ira a tu siervo, que tú eres mi auxilio; no me deseches, no me abandones, Dios de mi salvación. Aunque mi padre y mi madre me abandones, el Señor me recogerá. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana, porque tengo enemigos. No me entregues a la saña de mi adversario, porque se levantan contra mí testigos falsos, que respiran violencia. Espero gozar de la dicha del Señor en el país de la vida. Espera en el Señor, sé valiente, ten ánimo, espera en el Señor.

Salmo 50 Misericordia, Dios mío, por tu bondad; por tu inmensa compasión borra mi culpa; lava del todo mi delito, limpia mi pecado. Pues yo reconozco mi culpa, tengo siempre presente mi pecado: contra ti, contra ti solo pequé, cometí la maldad que aborreces. En la sentencia tendrás razón, en el juicio brillará tu rectitud. Mira, que en la culpa nací, pecador me concibió mi madre. Te gusta un corazón sincero, y en mi interior me inculcas sabiduría. rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve. Hazme oír el gozo y la alegría, 10/11/2008 09:04 p.m.

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que se alegren los huesos quebrantados. Aparta de mi pecado tu vista, borra en mí toda culpa. ¡Oh,, Dios!, crea en mí un corazón puro, renuévame por dentro con espíritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación, afiánzame con espíritu generoso: enseñaré a los malvados tus caminos, los pecadores volverán a ti. Líbrame de la sangre, ¡oh Dios, Dios, Salvador mío!, y cantará mi lengua tu justicia. Señor, me abrirás los labios, y mi boca proclamará tu alabanza. Los sacrificios no te satisfacen; si te ofreciera un holocausto, no lo querrías. Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias. Señor, por tu bondad favorece a Sión, reconstruye las murallas de Jerusalén: entonces aceptarás los sacrificios rituales, ofrendas y holocaustos, sobre tu altar se inmolarán novillos.

Salmo 99 Aclama al Señor, tierra entera, servid al Señor con alegría, entrad en su presencia con aclamaciones. Sabed que el Señor es Dios: que Él nos hizo y somos suyos, su pueblo y ovejas de su rebaño. Entrad por sus puertas con acción de gracias, por sus atrios con himnos, dándole gracias y bendiciendo su nombre: El Señor es bueno, su misericordia es eterna, su fidelidad por todas las edades.

Salmo 120

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Levanto mis ojos a los montes: ¿de dónde me vendrá el auxilio? El auxilio me viene del Señor, que hizo el cielo y la tierra. No permitirá que resbale tu pie, tu guardián no duerme; no duerme ni reposa el guardián de Israel. El Señor te guarda a su sombra, está a tu derecha; de día el sol no te hará daño, ni la luna de noche. El Señor te guarda de todo mal, él guarda tu alma; el Señor guarda tus entradas y tus salidas, ahora y por siempre.

Salmo 125 Cuando el Señor cambió la suerte de Sión, nos parecía soñar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares. Hasta los gentiles decían: “El Señor ha estado grande con ellos”. El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres. Que el Señor cambie nuestra suerte como los torrentes del Negueb. Los que sembraban con lágrimas cosechan entre cantares. Al ir, iban llorando, llevando la semilla; al volver, vuelven cantando, trayendo sus gavillas.

Salmo 126 Si el Señor no construye la casa, en vano se cansan los albañiles; si el Señor no guarda la ciudad, en vano vigilan los centinelas.

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Es inútil que madruguéis, que veléis hasta muy tarde, los que coméis el pan de vuestros sudores: ¡Dios lo da a sus amigos mientras duermen! La herencia que da el Señor son los hijos; una recompensa es el fruto de las entrañas: son saetas en mano de un guerrero los hijos de la juventud. Dichoso el hombre que llena con ellas su aljaba: no quedará derrotado cuando litigue con su adversario en la plaza.

Salmo 130 Señor, mi corazón no es ambicioso, ni mis ojos altaneros; no pretendo grandezas que superan mi capacidad; sino que acallo y modero mis deseos, como un niño en brazos de su madre. Espere Israel en el Señor ahora y por siempre.

Salmo 141 Francisco lo rezó antes de morir A voz e grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor; desahogo ante él mi angustia, mientras me va faltando el aliento. Pero tú conoces mis senderos, y que en el camino por donde avanzo me han escondido una trampa. Me vuelvo a la derecha y miro: nadie me hace caso; no tengo adónde huir, nadie mira por mi vida. A ti grito, Señor, te digo: “Tú eres mi refugio y mi heredad en el país de la vida”. Atiende a mis clamores, que estoy agotado; 10/11/2008 09:04 p.m.

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líbrame de mis perseguidores, que son más fuertes que yo. Sácame de la prisión, y daré gracias a tu nombre: me rodearán los justos cuando me devuelvas tu favor.

CÁNTICOS BÍBLICOS Del Libro de la Sabiduría (11, 21 –26) Desplegar todo tu poder está siempre a tu alcance; ¿quién puede resistir la fuerza de tu brazo? Porque el mundo entero es ante ti como grano de arena en la balanza, como gota de rocío mañanero que cae sobre la tierra. Pero tú te compadeces de todos, porque todo lo puedes, cierras los ojos a los pecados de los hombres para que se arrepientan. Amas a todos los seres y no aborreces nada de lo que has hecho; si hubieras odiado alguna cosa, no la habrías creado. Y, ¿cómo subsistirían las cosas si tú no lo hubieses querido? ¿Cómo conservarían su existencia si tu no las hubieras llamado? Pero a todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la vida.

Benedictus Bendito sea el Señor, Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación en la casa de David, su siervo, según lo había predicho desde antiguo por boca de sus santos profetas. Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos y de la mano de todos los que nos odian; ha realizado así la misericordia que tuvo con nuestros padres, recordando su santa alianza y el juramento que juró a nuestro padre Abraham. Para concedernos que, libres de temor, arrancados de la mano de los enemigos, le sirvamos con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días.

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Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo, porque irás delante del Señor a preparar sus caminos anunciando a su pueblo la salvación, el perdón de sus pecados. Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tiniebla y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz.

Magnificat Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo y su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de su misericordia -como lo había prometido a nuestros padresa favor de Abraham y su descendencia por siempre.

Cántico de Simeón Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz, porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.

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ORACIONES DE LOS PADRES DE LA IGLESIA SAN BASILIO Invocación al Espíritu Santo Ven, con la dulzura de tu Espíritu; búscame, porque te deseo; búscame, encuéntrame, recíbeme, llévame.

CLEMENTE DE ALEJANDRÍA Himno a Cristo Señor Freno de potros salvajes, ala de pájaros extraviados, timón seguro de las naves, Pastor de corderos reales, reúne a tus hijos llenos de simplicidad para alabar santamente, para cantar sinceramente, con labios inmaculados, a la Cabeza de los pequeños, a Cristo. Rey de los santos y Verbo del Padre en lo más alto del Cielo, que todo lo dominas, gobernador de la Sabiduría, sostén de nuestras fatigas, repleto de alegría eterna, Jesús, Salvador del género humano, Pastor y sembrador, timón y freno, ala celeste del santo ejército. Pescador de los hombres mortales que deben ser salvados del mar de toda maldad: Tú atraes a los santos peces de la ola enemiga con la dulzura de la vida; sé guía de las ovejas sensatas, Pastor santo, sé el Jefe, ¡Oh rey de niños inocentes! Las huellas de Cristo son camino al Cielo. Palabra eterna, edad sin fin, eterna luz, fuente de piedad. Tú eres el autor de la virtud en la vida que conviene a aquellos que cantan himnos a Dios. Jesucristo, leche celeste

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que brota del dulce seno de la Esposa, de los dones de tu Sabiduría; nosotros, tus hijos, con labios frescos bebemos del seno de tu Palabra apagados por el rocío del Espíritu. En simplicidad, en el cántico de alabanza y con himno sincero, a Cristo Rey rindamos el tributo santo por la ciencia de la vida. ¡Cantemos juntos al Hijo omnipotente! Nosotros, nacidos con Cristo, somos el coro de la paz. Humilde pueblo de Dios, todos juntos, cantamos la alabanza al Dios de la paz.

SAN EFRÉN EL SIRIO Himno El que en el corazón del desierto celebra completamente solo, es una asamblea numerosa. Si dos se reúnen para celebrar en las montañas, millares y miríadas están allí presente. Si son tres los que se reúnen, un cuarto está entre ellos. Si son seis o siete doce mil millares están reunidos. Si se ponen en hileras llenan con sus oraciones el firmamento. Si están crucificados sobre la roca, y marcados con una cruz de luz, fundada está la Iglesia. Cuando están reunidos El Espíritu aletea sobre sus cabezas. Y terminada su oración, el Señor se levanta para servir a sus siervos. A sí mismos se ordenan sacerdotes y ofrece sus ascesis. El ayuno es su ofrenda, la vigilia su oración, penitencia y fe son el santuario. Sus meditaciones son el holocausto, su celibato, la víctima. Su pureza es el velo del santuario y su humildad, incienso perfumado. Su corazón puro es el sumo sacerdote, su contemplación, el sacerdote que preside. Sin cesar sus labios ofrecen el sacrificio: la oración que al reposo aspira. En las montañas cantan la gloria, el sacrificio perfecto delante de la Majestad. La alabanza asciende desde las cuevas,

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es el oculto sacrificio para Dios. Lo más íntimo de su corazón es el Santo de los Santos, allí está erigido el altar de la reconciliación. Han sido ordenados sacerdotes de los misterios ocultos, y borran nuestras debilidades. En la oscuridad, van por nuestro pecado y permanecen vigilantes, implorando por nuestras locuras. Las montañas se han transformado en antorchas, la multitud camina hacia ellas. Allí donde se encuentre uno de ello, los que lo rodean encuentran la reconciliación. Ellos son fortaleza en el desierto, gracias a ellos nosotros estamos en paz.

Carmen Nisibenus 70 ¡Cómo se asemeja el muerto a alguien que se ha dormido, la muerte al sueño, la resurrección a la mañana! Un día resplandecerá en nosotros la verdad como luz en nuestros ojos, miraremos la muerte como imagen del sueño que despierta inquietud. ¡Necio de aquél que ve terminar el sueño por la mañana y cree que la muerte será un sueño que deberá durar eternamente! Si la esperanza reaviva nuestros ojos, veremos aquello que está escondido: el sueño de la muerte terminará una mañana. Se desvanecerá el maravilloso perfume del tesoro de la vida en el cuerpo, en la morada del alma, de donde había salido. Bellísimo será el cuerpo, amado templo del Espíritu, renovado se transformará en la casa de la bienaventurada paz. Entonces sonará la trompeta sobre las sordas arpas: “¡Despertad, cantad gloria delante del Esposo!” Se escuchará un eco de voces cuando se abran los sepulcros, todos tomarán las arpas para tocar el canto de alabanza. Gracias sean dadas al Señor que ha enaltecido a Adán, aunque luego el soberbio lo haya humillado en el abismo. Gloria a él cuando humilla, gloria a él cuando resucita. ¡También la cítara suene para Dios en el día de la resurrección!

SAN JUAN DAMASCENO

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Oración sobre el propio sacerdocio Tú, Señor, me sacaste de la sangre de mi padre; tú me formaste en el seno de mi madre; tú me hiciste salir a la luz, desnudo como todos los niños, ya que las leyes naturales que rigen nuestra vida obedecen constantemente a tu voluntad. Tú, por la bendición del Espíritu Santo, preparaste mi creación y mi existencia, no por la voluntad del hombre ni por el deseo carnal, sino por tu gracia inefable. Preparaste mi nacimiento con una preparación que supera las leyes naturales, me sacaste a la luz adoptándome como hijo y me alistaste entre los discípulos de tu Iglesia santa e inmaculada. Tú me alimentaste con una leche espiritual, la leche de tus palabras divinas. Tú me sustentaste con el sólido manjar del cuerpo de Jesucristo, nuestro Dios, tu Unigénito santísimo, y me embriagaste con el cáliz divino, el de su sangre vivificante, que derramó por la salvación de todo el mundo. Porque tú, Señor, nos amaste y pusiste en sustitución nuestra a tu único Hijo amado, para nuestra redención, cosa que él aceptó voluntaria y libremente, más aún, como cordero inocente destinado al sacrificio, ya que para esto se entregó a sí mismo; pues, siendo Dios, se hizo hombre, y con su voluntad humana se sometió, haciéndose obediente a ti, Dios, Padre suyo, hasta la muerte y muerte de cruz. A tal extremo, oh Cristo, mi Dios, te humillaste, para cargarme a mí, oveja descarriada, sobre tus hombros y apacentarme en verdes praderas y nutrirme con las aguas de la sana doctrina por medio de tus pastores, los cuales, apacentados por ti, apacientan a su vez a tu eximia y elegida grey. Ahora, Señor, me has llamado, por medio de tu obispo, al servicio de tus discípulos. Con qué designio hayas hecho tal cosa, yo lo ignoro; tú eres el único que lo sabes. Señor, aligera la pesada carga de mis pecados, con los que te he ofendido gravemente; purifica mi mente y mi corazón. Sé para mí como una lámpara encendida que me guíe por el camino recto. Abre mi boca para que hable rectamente, haz que la lengua de fuego de tu Espíritu me conceda un lenguaje claro y despejado, de modo que tu presencia nunca me abandone. Apaciéntame, Señor, y haz tú de pastor junto conmigo, para que mi corazón no me desvíe a derecha o izquierda, sino que tu Espíritu bueno me guíe por el recto camino, y así mis obras sean hechas conformes a tu voluntad, hasta el último momento. Y tú, ilustre asamblea de la Iglesia, noble cumbre de la más exigente pureza, que pones tu confianza en el auxilio divino, tú, en quien Dios halla su 10/11/2008 09:04 p.m.

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descanso, recibe la doctrina de la fe sin mezcla de error, tal como nos ha sido transmitida por nuestros Padres, ya que en ella hallarás tu fuerza.

SAN AGUSTÍN Tú eres mi salvación Dime, Señor, por tu misericordia, quién eres tú para mí. Dile a mi alma: Yo soy tu salvación. Y dímelo de forma que te oiga; ábreme los oídos del corazón, y dime: Yo soy tu salvación. Y corra yo detrás de esa voz, hasta alcanzarte. No escondas de mi tu rostro, y muera yo para no morir y poder contemplarte. Para comprender la Sagrada Escritura Mira, Padre santo, ve y aprueba; que tu misericordia se complazca en darme la gracia de que, al pulsarlas yo, se me abran las puertas de tu Palabra. Te lo pido por nuestro Señor Jesucristo, Hijo tuyo que se sienta a tu derecha e Hijo del hombre también, al que pusiste y confirmaste como mediador entre ti y nosotros; por medio del cual nos buscaste cuando nosotros no te buscábamos, y nos buscaste para que te buscáramos. Jesucristo, tu Verbo, Hijo tuyo y unigénito, mediante el cual llamaste al pueblo creyente, del dual soy miembro también yo, con una vocación de hijos adoptivos tuyos. Por él, que sentado a tu derecha intercede siempre por nosotros y en el cual están todos los tesoros de la ciencia y la sabiduría, por él te lo suplico.

Para escuchar a Dios ¡Oh, Verdad, Luz de mi corazón! Que no me hablen ya más esas tinieblas mías. A las cuales resbalé y en las cuales me oscurecí, pero amándote aún entonces desde la oscuridad. Anduve errado, pero conservé tu recuerdo. Oí tu voz que a mi espalda me llamaba

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para que regresara a ti, más apenas me dejó oírla el tumulto de mis pecados. Y mira cómo ahora vuelvo a ti enardecido y anheloso de beber en tu fuente. Porque mi vida no soy yo mismo. Si viví mal y fui mi propia muerte, ahora revivo en ti. Háblame tú, amonéstame tú. En tus sagrados libros con sus arcanos profundos deposito mi fe.

Invocación al Señor sobre la propia vida Quiero invocarte, Señor, misericordia mía, que me creaste y no te olvidabas de mí cuando yo andaba olvidado de ti. Ven a mi alma, tú la preparas para recibirte con el deseo que de ello le inspiras: ahora que te invoco no me abandones, pues antes de que te invocara me previniste con variadas e insistentes voces para que de la lejanía en que andaba me convirtiera a ti y a mi vez llamara a quien me llamaba. Tú borraste los malos merecimientos con que me aparté de ti y no quisiste castigarme con la mano que me creó, pues antes de que yo fuera tú eres, y no era yo quien pudiera merecer que me dieses el ser. Y sin embargo, aquí estoy porque tu bondad me previno en todo lo que soy y en aquello de lo cual me hiciste. Y no me hiciste porque tuvieras necesidad de mí o yo en algo te pudiera ayudar. Si debo servirte no es para evitar que tú te fatigues en tu obrar ni para que no parezca menor tu poder si no te ofrezco mis obsequios. Ni el culto que te doy se parece al cultivo de la tierra, de modo que tú quedarás como baldío si o no te cultivara. Pero debo servirte y darte culto para que todos los bienes me vengan de ti, a quien debo el ser y la capacidad de bien.

Tarde te amé

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¡Tarde te amé, hermosura siempre antigua y siempre nueva, tarde te amé! Tú estabas dentro de mí, pero yo andaba fuera de mí mismo, y allá afuera te andaba buscando. Me lanzaba todo deforme entre las hermosuras que tú creaste. Tú estabas conmigo, pero yo no estaba contigo; me retenían lejos de ti cosas que no existirían si no existieran en ti. Me llamaste, y gritaste, y rompiste mi sordera. Brillaste con fulgor espléndido, y expulsaste mi ceguera. Me inundó tu fragancia, y ahora suspiro por ti. Te gusté, y tengo hambre y sed. Me tocaste, y ardí en tu paz.

Breve oración del pastor Señor Jesús, toda nuestra esperanza está en ti; tú sabes que no puedo vencer ningún peligro, sabes que estoy o desgastado por el activismo, o bloqueado por la rutina, o endurecido en la presunción, o adormecido por el cansancio si tú, mi esperanza, no vienes en mi auxilio, si tú, mi salvación y mi gloria, no me salvas con tu poder.

SAN ISIDORO DE SEVILLA Himno del Espíritu Santo Aquí estamos, Señor Espíritu Santo. Aquí estamos, frenados por la inercia del pecado, pero reunidos especialmente en tu Nombre. Ven a nosotros y permanece en nosotros. Dígnate penetrar en nuestro interior. Enséñanos lo que hemos de hacer, por dónde debemos caminar, y muéstranos lo que debemos practicar; para que, con tu ayuda, sepamos agradarte en todo. Sé tú el único inspirador y realizador de nuestras decisiones, tú, el único que con Dios Padre y su Hijo posees un nombre glorioso. No permitas que quebrantemos la justicia,

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tú que amas la suprema equidad: que la ignorancia no nos arrastre al desacierto; que el favoritismo no nos doblegue; que no nos corrompa la acepción de personas o de cargos. Por el contrario, únenos eficazmente a ti. Sólo con el don de tu gracia, para que seamos uno en ti, y en nada nos desviemos de la verdad. Y lo mismo que estamos reunidos en tu nombre, así también mantengamos en todo la justicia, moderados por la piedad para que hoy nuestras opiniones en nada se aparten de ti. Y en el futuro, obrando rectamente, consigamos los premios eternos. Amen.

SANTIAGO DE SARUG Oración del pecador penitente Volveré a la casa de mi Padre como el pródigo, y seré recibido; como hizo él, también yo lo haré: ¿acaso no querrá escucharme? He aquí que a tu puerta, Padre misericordioso, yo golpeo; ábreme, haz que entre, no sea que me pierda, me aleje y perezca. Tú me hiciste herederos, y yo abandoné mi herencia disipando mis bienes; considérame ahora como un asalariado y como un siervo. Como del publicano, ten piedad de mí para que yo viva, por tu gracia. Como a la pecadora, perdona mis pecados, Hijo de Dios. Como a Pedro, también a mí levántame de entre las olas. Como hacia el ladrón te despierte piedad mi malicia y acuérdate de mí.

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Como la oveja que se ha perdido, búscame, Señor, y me hallarás; llévame sobre tus hombros, Señor, a la tienda de tu Padre. Como al ciego de tu Evangelio, ábrame los ojos para que yo vea la luz. Como al sordo, destranca mis oídos para que pueda oír tu voz. Junto al paralítico sana mi enfermedad para que cante la alabanza de tu nombre. Como al leproso purifícame con tu hisopo de todas mis suciedades. Como a la muchachita, la hija de Jairo, ¡haz que viva, oh mi Señor! Como a la suegra de Pedro, sáname, porque estoy enfermo. Como al hijito de la viuda, ¡ponme de pie! A la par de Lázaro, llámame con tu propia voz y desata mis vendas. Ya que estoy muerto, tanto por el pecado como por la enfermedad; rescátame de mi ruina, para que cante la alabanza de tu nombre. Señor, te ruego, de la tierra y del cielo, ven en mi auxilio y muéstrame el camino, ¡que yo corra hacia ti! Hijo del Bueno, condúceme hacia ti, culmina tu misericordia. Iré hacia ti y me saciaré en la alegría. Tritura para mí, en esta hora en la que me hallo exhausto, el trigo de la vida. Me puse en tu búsqueda y el Maligno me ha espiado como un ladrón. Primero me amarró y me encadenó a los placeres del mundo perverso; en la cárcel me ha encerrado de sus placeres,

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me cerró la puerta en la cara; no hay nadie que pueda liberarme, de manera que vuelva a buscarte, ¡oh buen Señor! ¡Hijo de Dios, envíame tu gran piedad! Rompe su yugo, puesto por él en mis espaldas, porque me sofoca. Deseo ser tuyo, Señor, y caminar contigo. ORACIONES DE LA TRADICIÓN FRANCISCANA SAN ANTONIO DE PADUA Por la posesión de Reino Te rogamos Señor Jesús, que nos hagas subir de este valle de miseria hasta el monte de una vida santa, a fin de que impresos en la figura de tu pasión, fundados en la mansedumbre de la misericordia y en el celo de la justicia, merezcamos en el día del juicio que nos envuelva la nube transparente y oír la voz del gozo, la alegría y el júbilo: venid benditos de mi Padre, que os bendijo en el monte Tabor, tomad posesión del reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. A este reino nos conduzca él mismo, a quien pertenece el honor y la gloria, la alabanza y el imperio, la majestad eterna por los siglos de los siglos. Que todo el mundo diga: Amén. Para hacerse como niños Te pedimos, Jesús bendito, que por tu amor y tu temor nos acerques a Jerusalén; que desde el pueblito de nuestra peregrinación nos hagas retornar a ti; que halles descanso en nuestras almas, tu, Rey nuestro, para que con los niños que escogiste en este mundo, es decir con tus Apóstoles, merezcamos bendecirte, alabarte y glorificarte en la ciudad santa, en la felicidad eterna. Ayúdanos tú, a quien se debe el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amen. Que toda alma fiel diga: Amén. Para seguir el camino de Jesús Te pedimos, Maestro y Señor Jesús bueno, que ilumines a los ciegos, enseñes a tus discípulos y les muestres el camino de la vida para que por él puedan llegar a ti, que eres el camino y la vida. Ayúdanos tú, que eres bendito por los siglos de los siglos. Amén. Para la reconciliación Te rogamos, Padre, por Jesucristo, Señor nuestro, que recibas nuestras ofrendas, que nos concedas la gracia de la reconciliación contigo y con los hermanos, para que reconciliados, podamos ofrecerte a ti, Dios, en el altar de oro que hay en la Jerusalén celestial, ofrendas de alabanza con los ángeles bienaventurados. Ayúdanos tú, que eres Dios trino y uno, bendito por los siglos eternos. Diga toda creatura: Amen. Aleluya.

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Oración de árbol bueno Te rogamos, Abba, Papá, que nos hagas árbol bueno y nos concedas producir frutos dignos por la conversión, para que, apoyados y enraizados en la raíz de la humildad, y liberados del fuego eterno, merezcamos alcanzar frutos de vida eterna. Ayúdanos tú, que eres bendito por los siglos de los siglos. Amén Para el mandamiento del amor Te pedimos, Señor Jesucristo, que nos concedas amarte a ti y al prójimo, nos hagas hijos de la luz, no nos dejes caer en el pecado y nos libres de la tentación del diablo, para que merezcamos alcanzar la gloria de la luz inaccesible. Ayúdanos tú, que eres bendito y glorioso por los siglos de los siglos. Amén. SAN BUENAVENTURA (Sobre una oración de San Anselmo) A ti, pues, deseado Jesús, fin de todas las cosas, que sea yo llevado, creyendo en ti, esperando en ti y amándote con todo el corazón, con toda la mente, con toda el alma, con todas las fuerzas. Tu solo bastas, tú solo salvas, tú solo eres bueno y suave para los que te buscan y aman tu nombre. Porque tú eres, ¡oh mi buen Jesús!, redentor de los perdidos, salvador de los redimidos, esperanza de los desterrados, fortaleza de los que trabajan, dulce consuelo de las almas angustiadas, cetro y corona imperial de los triunfadores, único premio y alegría de los ciudadanos de la Jerusalén celeste, ínclita descendencia del Dios sumo y sublime fruto del seno virginal, ubérrima fuente de todas las gracias, de cuya plenitud todos hemos recibido. Transfige Dulcísimo Jesús ,traspasa las entrañas de mi alma con la dulcísima llaga de tu amor, para que verdaderamente arda, y languidezca y se derrita, y desfallezca con sólo el deseo de ti; desee ser desatado y estar contigo. De ti solo tenga hambre, pan de vida, pan del cielo, que del cielo descendiste. De ti solo tenga sed, fuente de vida, fuente de eterna luz, torrente de eternos deleites. Por ti solo anhele, a ti solo busque y encuentre, y en ti solo descanse dulcemente. Oración al niño Jesús ¡Oh dulcísimo y amantísimo niño eterno, recién nacido y antiguo! ¿Cuándo te veremos, cuando te hallaremos, cuando estaremos ante tu rostro? Fastidia gozar sin ti, y deleita gozar contigo y llorar contigo. Todo lo que para ti es adverso, para nosotros es penoso; y lo que te agrada es nuestro deseo indefectible. ¡Oh, si tan dulce es llorar por ti, cuanto más dulce será gozar contigo! ¿Dónde está, pues, el que buscamos? ¿Dónde está aquél a quien deseamos en todo y por sobre todo? ¡Donde está el que ha nacido rey de los judíos, ley de los devotos, luz de los ciegos, guía de los miserables, vida de los que mueren, salud eterna de los que eternamente viven! Oración a Jesús crucificado En verdad, oh Señor Jesucristo, jamás hubo dolor semejante al tuyo, pues fue tan grande la efusión de tu 10/11/2008 09:04 p.m.

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sangre, que bañó con ella todo tu cuerpo. ¡Oh buen Jesús! ¡Oh dulcísimo Señor! Sería extraño que quedara en ti algo de sangre, después de haber manado no gotas, sino ríos de sangre tan copiosamente por las cinco partes de tu cuerpo; de las manos y los pies en la crucifixión, de la cabeza en la coronación, de todo el cuerpo en los azotes, hasta del mismo corazón en la herida del costado. Dime, por favor, oh mi amado Jesús; dime: ¿cómo, habiendo podido bastar una sola gota de tu santísima sangre para la redención de todo el mundo, permitiste que se derramara toda la sangre de tu cuerpo? Sé, Señor, y realmente lo sé, que no lo hiciste por otra cosa más que para mostrar con cuánto amor me amas. Oración para prepararse a celebrar la Eucaristía Aquí estoy, oh Padre celestial: renovando la muerte de tu Unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, te ofrezco esta hostia, que él mismo te ofreció en otro tiempo por mi salvación y la de todo el mundo. Llevo al altar de tu majestad la víctima viva que tú, con grandísima misericordia, llevaste a inmolar por nosotros al altar de la cruz. Acuérdate, entonces, de aquel sacrosanto sudor que, como gotas de sangre, caía hasta el suelo. Mira aquella carne virginal cruelmente flagelada con azotes, herida con bofetadas, entumecida por los golpes, afeada con esputos, enrojecida de sangre, traspasada de espinas, fijada con clavos, abierta con la lanza. Aquella piedad, pues, que atrajo y venció a tu Hijo para que en la balanza de la cruz liberara los pecados del mundo, esa misma piedad te obligue, Padre, a compadecerte de nosotros miserables. Mira el rostro de tu Cristo, te ruego, y no nuestros pecados. Postrados ante ti te presentamos nuestras súplicas no confiando en nuestros méritos, sino en la multitud de tus misericordias. Oración para obtener los siete dones del Espíritu Santo Suplicamos al clementísimo Padre, por medio de ti, su primogénito hecho hombre por nosotros, crucificado y glorificado, que de sus tesoros envíe sobre nosotros el Espíritu de la gracia septiforme, el cual descansó en ti en toda su plenitud. El espíritu de sabiduría para que gustemos el fruto del Árbol de la Vida, que eres tú, y los sabores que recrean la vida; el don de inteligencia con que sean esclarecidos los ojos de nuestra mente; el don de consejo para caminar, siguiendo tus huellas, por las sendas de la rectitud; el don de fortaleza para que podamos triunfar de la violencia de los enemigos que nos hostigan; el don de ciencia para que, llenos de los fulgores de tu sagrada doctrina, podamos discernir el bien y el mal; el don de piedad para revestirnos de entrañas de misericordia; el don de temor con que, apartándonos de todo lo malo, dulcemente reposemos sujetos con reverencia a tu eterna majestad. Estas cosas nos enseñaste a pedir en la oración del Padrenuestro, y éstas te pedimos ahora, por tu cruz, nos alcances para gloria de tu santísimo nombre, al cual con el Padre y el Espíritu Santo sea todo honor y gloria, la acción de gracias, la alabanza y el imperio por infinitos siglos de siglos. Amén. Para pedir la alegría Te ruego, Dios mío, que te conozca y te ame, para que eternamente goce de ti. Y si no puedo plenamente en esta vida, al menos crezca tu conocimiento y tu amor, y que el gozo sea cumplido en el cielo: aquí en esperanza, allí en realidad. Oh Señor y Padre, por boca de tu Hijo me aconsejas y aún me mandas pedir – y prometes escuchar- que mi gozo sea pleno. Pues pido, oh Señor, lo que por tu admirable Consejero me inspiras que pida y me prometes otorgar: que mi gozo sea pleno. Entretanto medite este gozo mi mente; hable de él mi lengua; ámelo mi corazón; predíquelo mi boca;

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sienta de él hambre mi alma, sed mi carne; codícielo todo mi ser, hasta que entre en el gozo de mi Dios, que es Trino y Uno, bendito por los siglos. Amén. Paráfrasis de la oración del publicano ¡Dios mío, ten piedad de mí pecador! Dios de suma majestad, ten piedad de mí pecador, para que se manifieste tu poder, según aquello: Tienes misericordia de todos, Señor que todo lo puedes, disimulando los pecados de los hombres por la penitencia. Dios de suma verdad, ten piedad de mí pecador, para que se manifieste tu justicia; por tu verdad respóndeme, por tu justicia, por la verdad - diré- que prometiste: La maldad del impío no le hará sucumbir el día en que se aparte de su impiedad. Dios de sumo amor, ten piedad de mi pecador, para que se manifieste tu benevolencia: Más tu perdonas todas las cosas, porque son tuyas, señor que amas la vida, y: Con amor eterno te amé, por eso te a traje compadeciéndome de ti. Dios de suma piedad, ten piedad de mí pecador, para que se manifieste tu misericordia, para lo cual oraba el Profeta en el salmo: Ten piedad de mí, Dios mío, por tu gran misericordia; y: Ten piedad de nosotros, Dios de todas las cosas, míranos y muéstranos la luz de tus compasiones. SANTIAGO DE MILÁN Oración sobre la pasión del Señor Señor Jesucristo, hiere mi corazón con tus heridas, y embriaga mi mente con tu sangre, para que, dondequiera que me vuelva, siempre te vea crucificado, y todo aquello que se mire, se me parezca rubricado en tu sangre, para que buscándote todo de esta manera, nada pueda encontrar fuera de ti, nada pueda ver sino tus llagas. Sea éste mi consuelo: contigo, Señor mío, ser herido; sea ésta mi más íntima aflicción: meditar en algo que no seas tú. No descanse mi corazón, buen Jesús, hasta que te encuentre a ti, centro suyo; allí se recueste; allí termine su apetito. Amén. Otra oración sobre la pasión Señor, Padre santo, por tu generosidad y la de tu Hijo, que por mi soportó la muerte, y la excelentísima santidad de su Madre y los méritos del bienaventurado Francisco y de todos los santos, concédeme a mí, pecador e indigno de todo bien tuyo, amarte solo a ti, arder siempre en tu amor, tener siempre sed de tu honor, llevar continuamente en el corazón el beneficio de tu pasión, reconocer mi miseria y ser maltratado y despreciado por todos. Nada fuera de ti atraiga mi afecto, nada me entristezca sino el pecado. Amén. BEATO JUAN DEL ALVERNA Oración de perdón Te ruego, Señor mío, que no tengas en cuenta mis pecados, sino que, por tu santísima pasión y por la efusión de tu preciosa sangre, resucites mi alma a la gracia de tu amor. Porque es tu mandamiento que te amemos con todo el corazón y con todo el afecto: un mandamiento que nadie puede cumplir sin tu ayuda. Ayúdame, pues, amadísimo Hijo de Dios, y haz que yo pueda amarte con todo mi corazón y todas mis fuerzas. Súplica en la desolación 10/11/2008 09:04 p.m.

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Ven en mi ayuda, Señor mío, porque sin ti, salvador mío dulcísimo, yo me hallo en tinieblas y en llanto; sin ti, cordero mansísimo, me hallo en angustias y temores; sin ti, Hijo de Dios altísimo, me hallo en confusión y vergüenza; sin ti, yo me siento privado de todo bien y ciego, porque tu eres, Jesús, verdadera luz del alma; sin ti yo me veo perdido y condenado, porque tú eres vida de las almas y vida de las vidas; sin ti, soy estéril y árido, porque tú eres la fuente de todo bien y toda gracia; sin ti, yo me siento desolado, porque tu eres, Jesús, nuestra redención, nuestro amor y nuestro deseo, pan que alimenta las fuerzas y vino que alegra los corazones de los ángeles y los corazones de todos los santos. Lléname de tu luz, Maestro graciosísimo y Pastor misericordioso, porque soy tu ovejita, aunque indigna. Otra oración de perdón ¡Oh Jesús dulcísimo! ten misericordia de este pobre atribulado; escúchame por la abundancia de tu misericordia y por la verdad de tu salvación y devuélveme el gozo de tu rostro y de tu mirada de piedad, ya que de tu misericordia está llena la tierra entera. PEDRO JUAN OLIVI Modo en el que se puede dar gracias a Dios por los beneficios recibidos Te doy gracias, Señor Dios mío, que eres el alfa y la omega, el principio sin principio y el fin sin fin, porque has creado el cielo y la tierra y todo lo que contienen, y porque te plugo, Señor mío, crear y formar las creaturas a imagen y semejanza de tu santísima Trinidad, para que puedan participar de tu gracia admirable. Te damos gracias, además, santa Trinidad, único Dios vivo y verdadero, porque te has dignado crear al hombre de una materia tan vil e infundirle el alma a imagen y semejanza tuya y porque has ordenado toda tu creación a su servicio y porque después de su caída, lo has recreado y restaurado no abandonándolo y no poniéndolo con el demonio eternamente. ¿Y de donde a nosotros todo esto, sino de tu inefable bondad? Te doy gracias, oh Señor, porque nos has dado la ley los remedios, la fe y la esperanza que donaste a tus amigos Abraham, Isaac, Jacob y a los demás patriarcas y profetas y porque les hiciste, dada nuestra necesidad, ciertas y caras promesas sobre su Hijo y se lo has mostrado en espíritu junto a los otros eventos que acaecerían y se realizarían con él, con las tribulaciones que padecería para nuestro bien y protección. Te doy gracias, oh Señor y eterno Dios, por la unión de nuestra humanidad a tu santa divinidad. Oh Señor ¿qué lenguas y que corazones bastarían para agradecerte por tus beneficios? Te suplico, oh Señor Dios mío, no permitas que yo, por mis pecados, permanezca olvidadizo e ingrato de tantos y tan excelentes beneficios, sino más bien que brillen en mi alma escuchándolos, meditándolos, anunciándolos como los resplandores del día durante la aurora. Te doy gracias, oh Señor y Dios mío, por tu santo nacimiento, tu conducta virtuosa, tu vida pobre colmada de penas y de angustias. Oh Señor Jesucristo ¿quién reflexiona realmente sobre los dolores y las amarguras de las que estuvo colmada tu vida?; ¡ay de mi pecador, que siendo causa de todos los sufrimientos, gasté mi vida en delicias y molicies! Oh Señor Jesucristo ¿de que manera podré yo, miserable, entrar en tu gloria si tu no has entrado en ella sin grandes dolores? Así te doy gracias, Señor Jesucristo, por tu cuerpo precioso, que en el santo día de la Cena nos ofreciste como viático, refugio, alivio, remisión de nuestros pecados. Oh Señor Dios mío Jesucristo, en quien reside toda dulzura, verdadero luz y amor, abre los ojos de mi alma para que pueda ver claramente sin interrupción y conocer todas estas realidades. Venga la luz para dispersar las tinieblas de mi alma. Oh señor dios Padre, que diste a tu pueblo elegido en el desierto, con todo deleite de suavidad y sabor, el maná en el que estaba prefigurada la dulzura de tu cuerpo precioso y los deleites de tus santas obras y, sobre todo, el sabor de aquel celeste banquete que se celebra en el sacramento del altar, haz que yo, indigno pecador, pueda recibir eos sabores en tus dichos y en tus hechos y, especialmente, recibiendo este sacramento, tu cuerpo preciosísimo y gloriosísimo, para que, gustada la celeste dulzura, mi alma esté siempre dispuesta a alabarte y amarte. Oh Señor Jesucristo, haz que los sabores falaces de este mundo

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mentiroso y engañoso sean amargos para mí y que sus amores, dolores y bellezas me parezcan hediondos. Más. por sobre todas las cosas que has hecho, te agradezco sumamente porque quisiste sufrir una pasión tan inmensa y cruel por creaturas tan viles y prontas a ofenderte. Oh Señor ¿quién podrá escrutar el abismo de amor que tienes y tuviste por nuestras almas? Oh Señor ¡cuán ignorados tus beneficios y en particular el de tu pasión! Abre mi corazón, Señor, más duro que una piedra y más frío que el hielo, y calienta en nosotros tu sangre preciosísima, que brotó de todas partes de tu sacratísimo cuerpo, e imprime en mi corazón las llagas de tu cuerpo colmado de amor y de dolor a la vez; y haz que mi corazón y mi cuerpo voluntaria o involuntariamente, soporten las graves ofensas con las cuales tú eres ofendido por mis pecados, por los cuales estás tan herido, llagado, clavado al duro leño de la cruz. Manda, oh Señor, el Espíritu Santo a tu Iglesia para que caliente y haga hervir tu sangre preciosa, que por nuestros pecados e iniquidades se enfrió en nosotros por completo. Oh Dios mío, ¿por qué que no morimos todos del dolor y la compasión? ¿No sería mejor, Señor, en lugar de vivir en tanto olvido e ingratitud por tus beneficios? ¿Y no es acaso tu muerte la muerte que despojó a los infiernos y destruyó nuestra muerte? ¿No es ésta la fuente del agua de nuestra salvación y de los sacramentos de nuestra redención? ¿No es acaso tu muerte la llave que nos abrió las puertas del paraíso y en la cual fueron purificados todos nuestros delitos? En verdad ésta en tu pasión, por la cual todas nuestras ofensas a Dios fueron completamente perdonadas. En verdad, ésta es la pasión en la cual los santos padres probaran sufrimiento, que profetizaran, por la cual suspiraran y en cuya virtud los santos apóstoles corrieran con ardor, soportando graves tormentos, duras muertes, penosísimas pasiones. Oh Señor mío ¡dónde estamos, tan lejos de ti! Oh Señor, por tu gran misericordia, renueva tu honor en el corazón de quien te desea. Señor, tú que los has creado, prepárate almas devotas como te preparaste los santos apóstoles y los gloriosos varones apostólicos. Señor dios, sabemos que nuestros pecados son causa de tanta dureza y ceguera. Señor dios mío, haz que tu santa pasión sea impresa de tal modo en mi corazón que, hablando de ella, meditando o escuchando, lo mueva al llanto de la piedad y de la compasión de tu acerbísima pasión. Esta compasión, Señor Jesucristo, sea para mi corazón alimento y bebida, consuelo y vida, morada y gloria; la elijo, Señor Jesucristo, por la redención de mis graves pecados no me la niegues. Así te doy gracias, Señor Jesucristo, por tu santa y gloriosísima resurrección, en la cual nos has dado la esperanza y la confianza de resucitar de la miseria de esta vida a tu gloria. Concédeme, Señor Jesucristo, perseverar y llegar al debido fin alcanzando tus sagrados vestigios, pues, en realidad, todo el resto no es sino engaño y mentira. Resucita mi alma, Señor Jesucristo, de tantas muertes de pecado en las cuales está completamente envuelta, ya que creo de verdad que la primera resurrección del alma es aquella de abandonar don disgusto todo pecado de voluntad y de acción. Y dame eñ firme propósito de servirte, obedecerte, amarte. Te suplico, Señor mío Jesucristo, que me hagas resucitar, indigno, entre el número de tus santos, sólo por tu bondad, en cuerpo y alma, con tus amigos beatísimos, en la resurrección general. Así te doy gracias, Señor Jesucristo, por tu santísima y admirable ascensión. Oh Señor, tanto es el amor que mostraste por todos los hombres, y tanta y tan abominable la dureza, tibieza e ingratitud de mi corazón que, aún frente a tal horno ardiente de amor, a tan grande luz domo es tu Hijo, mi alma no llega a ser encendida, enternecida, sacudida pensando que él se hizo mi hermano, se convirtió en mi padre y garante, él, que es juez, mi abogado y mi alma todavía no se dirige a tu luz. Señor, creo firmemente que mis graves y abominables pecados me impidan percibir tanto bien. Haz, Señor Jesucristo, verdadero amigo que asumiste nuestra naturaleza y la uniste a la divinidad altísima derribando y superando nuestra muerte, y la colocaste en el cielo por encima de todas las cosas haciéndola alabar por tus ángeles con tanta reverencia y honor y bendecir con tanto exceso de gozo y de honor que creatura alguna puede expresar; haz, Señor, que todo el genero humano ennoblecido en tanta admiración, sea consciente y agradecido. Y permítaseme, simplemente, seguirte, obedecerte, servirte con todo cuidado; tenga siempre hambre y sed de esto mi alma. Así te doy gracias, Señor Jesucristo, por el envío del Espíritu Santo, que mandaste a tus santos apóstoles el día de Pentecostés con tanta fortaleza y plenitud. Oh Señor Dios, cumples con tanta largueza las promesas hechas a tus amigos, que quienes eran tímidos para hablar, luego no temieron golpizas, tormentos ni muerte; y los que antes eran ignorantes e iletrados se convirtieron luego en grandes teólogos y maestros; y los que antes estaban encerrados todos juntos en la casa por temor a los hombres, luego estallaron por todo

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el mundo, y los que antes tenían miedo a la voz de una sola sierva, luego no temieron reyes, tiranos ni emperadores. Estos son tus compañeros, enviados a cosechar la mies; a través de ellos, Señor Jesucristo, nos has llamado. Oh Señor, tu ves donde están ahora tu santa pobreza, que adornaba tan bien a tus apóstoles, la humildad, la compasión, la piedad, la caridad, el ardiente deseo que tenían en servirte y en honrarte. ¡Oh! ¿Que quedó de todo esto, sino la autoridad y la fe, pero solamente de palabra? Oh Señor Jesucristo, bien pudiste decir: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mi. Te conjuro, Señor Jesucristo, por aquella cara y dulcísima palabra dirigida a Pedro: He orado por ti, para que tu fe no desfallezca, renueva en tu Santa iglesia verdaderos discípulos devorados por el celo y por el amor de las almas que tú redimiste con tu sangre preciosa, lleno del espíritu de pobreza y humildad, de justicia y paciencia y caridad; porque aquellos que hoy gobiernan, realmente, más parecen mercenarios que pastores. Oh Señor Jesucristo ¿qué más pedirte? Nosotros necesitamos pastores tan luminosos y virtuosos como lo fueron tus apóstoles, de lo contrario, muy pronto conservaremos bien poco de tu vida, de tu doctrina y de las obras que mandas y amas. Oh Señor Dios, creador de todas las cosas, te doy gracias por mi mismo, ya que solo por tu bondad me has credo entre tus creaturas más nobles y me has dado un cuerpo dotado de todos los miembros y me has donado un alma a tu imagen y semejanza. Y te doy gracias porque por tu inefable bondad me has permitido ser regenerado en la fuente bautismal, ser instruido y nutrido en tu fe, mientras por mis pecados hubiera merecido, y desde hace mucho tiempo, ser hundido en el infierno. Así te doy gracias, Señor Jesucristo, porque me soportaste con tanta paciencia, concediéndome el tiempo para corregirme y hacer penitencia; y porque me constituiste entre tus siervos y me diste la voluntad de amarte y obedecerte. Confirma, oh Dios, cuanto has realizado en mí y acreciéntalo. Así te doy gracias, Señor, porque me has creado de la nada y has puesto tantas creaturas hermosas a mi servicio y para sostén de mi vida corporal. Así te agradezco, Señor Jesucristo, porque me has dado el sentido, la razón y la inteligencia con las cuales me guío. Así te doy gracias, Señor Jesucristo, por todos los demás beneficios que continuamente me otorgas y por todas las innumerables cosas que has hecho por mi. Concede, Señor Dios, que por todas estas gracias que me hiciste, haces continuamente y harás aún, sea yo siempre reconocido, agradeciendo sin cesar con humildad y devoción a tu reverendísima majestad. Tu que vives y reinas con Dios Padre en la unidad del Espíritu Santo, por todos los siglos de los siglos. Amén. BEATA ANGELA DE FOLIGNO Lauda Yo te alabo, Dios amado, sobre tu cruz hice mi lecho, por almohada o cabezal encontré la pobreza, en otra parte del lecho, para reposar, hallé el dolor junto al desprecio. Acción de gracias ¡Oh Dios mío, hazme digna de conocer tu profundo misterio, obra de tu ardentísimo e inefable amor, según lo dispuso el amor de la Santísima Trinidad!: el misterio profundo de tu santísima encarnación que realizaste por nosotros, que fue el principio de nuestra salvación. Y dicha encarnación realiza en nosotros dos cosas, lo primero es que nos colma de amor, lo segundo es que nos vuelve ciertos de nuestra salvación. ¡Oh incomprensible amor! No hay amor más grande que el haberse hecho mi Dios carne para hacerme a mí Dios. ¡Oh amor eviscerado! Te entregaste para hacerte yo cuando recibiste nuestra forma; no perdiste en ti nada que te hiciera disminuir tu divinidad, sino que el abismo de tu concepción me hace decir estas palabras evisceradas. ¡Oh incomprensible, te hiciste comprensible! ¡Oh increado, tú te hiciste creatura! ¡Oh

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impensable, tú eres pensable! ¡Oh intocable, tu puedes ser tocado! Oh Señor, hazme digna de ver la profundidad del amor altísimo que nos comunicaste en esta encarnación santísima. ¡Oh feliz culpa, que mereciste mostrarnos la profundidad ocultísima de tu divino amor, que estaba escondida para nosotros! ¡Oh! En verdad yo no puedo imaginar mayor contemplación. Oh, Altísimo, hazme capaz de entender este altísimo e inefable amor. UBERTINO DE CASALE Oración a Jesucristo Oh espíritu y alma, vida y corazón nuestro, Jesucristo; redención, liberación, conversión, contrición y satisfacción nuestra; fe, esperanza y caridad nuestra; justicia, pureza y santidad nuestra; gozo y alegría, y corona de gloria y todo bien nuestro, que somos y podemos ser y seremos en la eternidad con tu Santísima Madre, la Madre de todos los santos, María; Virgen, Madre e Iglesia consagrada en el Triduo de tu muerte, que fue la única que verdaderamente permaneció ante la majestad paterna, y que virginal y maternalmente crucificada y unida a Ti en el corazón, la inteligencia y el sentido y el afecto, pasó absorta y transformada en tus dolores y afecciones sobre todo sentido y sobre todo afecto: A Ti, crudelísimamente crucificado entre ladrones por nosotros, pecadores, oprobiosamente despojado, te adoramos, te alabamos y te glorificamos, con el Padre y el Espíritu Santo, por todos los amarguísimos dolores corporales y espirituales que asumiste para alabanza y gloria del Padre y para cumplir su obediencia. Versículos de la vida de Jesús Jesús engendrado por el Padre Jesús espirador nacido Jesús creador ínclito Jesús que todo lo gobierna Jesús prometido a los padres Jesús artesano de la virgen Jesús anunciado Jesús enviado de lo alto Jesús plenamente dotado Jesús íntimo de Juan Jesús nacido de Maria. Jesús conforme a los padres Jesús prenominado Jesús fulgurante en la estrella Jesús a los magos mostrado Jesús bebe rescatado Jesús niño fugado Jesús muchacho que crece Jesús perdido a la madre Jesús hallado enseñando Jesús dulzura amada Jesús flor a la flor sujeta Jesús flor acosada Jesús buen compañero Jesús asediado

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Jesús que escucha al pregonero Jesús varón bautizado Jesús habitante del desierto Jesús del enemigo tentado Jesús que recoge a los pequeños Jesús suplicado por la madre Jesús pastor que merodea Jesús vigor fatigado Jesús indigente por nosotros Jesús deshonrado Jesús que hace maravillas Jesús en palabras sensato Jesús que aconseja lo perfecto Jesús que vela por la noche Jesús que se ocupa durante el día Jesús que multiplica los panes Jesús soplo que tranquiliza Jesús que expulsa la lepra Jesús medicina dada Jesús que levanta de la muerte Jesús que deshace el reato Jesús ungüento fragante Jesús transportado en burrito Jesús rey del mundo que llega Jesús dignamente alabado Jesús que se compadece de la ciudad Jesús lagrimado Jesús que ingresa en el templo Jesús armado de celo Jesús que culmina la alianza Jesús espiado con dolo Jesús que sirve a quines le están sometidos Jesús pan consagrado Jesús que corrige a Judas Jesús lecho del amado Jesús que pronuncia el discurso Jesús eviscerado Jesús que prevé las cosas futuras Jesús que ora postrado Jesús que sale a la batalla Jesús rodeado por la turba Jesús Dios manifestado Jesús que soporta al impío Jesús con cadenas atado Jesús arrastrado cruelmente Jesús tres veces negado Jesús escarnecido vilmente Jesús con el rostro velado Jesús escupido con torpeza Jesús abofeteado Jesús humildemente mudo Jesús empujado de un lado a otro Jesús fuertemente ligado Jesús muy flagelado

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Jesús cruelmente punzado Jesús duramente herido Jesús conducido vilmente Jesús reo proclamado Jesús despreciado malignamente Jesús sentenciado Jesús a la cruz abrazado Jesús debilitado Jesús que mira a la madre Jesús angustiado Jesús que habla a las devotas Jesús hachado lozano Jesús que llega a la cruz Jesús despojado del vestido Jesús que se ofrece a la muerte Jesús duramente levantado Jesús estandarte que se erige Jesús tricoloreado Jesús que divide a los criminales Jesús todavía blasfemado Jesús que sacude el orbe Jesús torturado Jesús que erige al ladrón Jesús que da el principado Jesús que compadece a la madre Jesús en llanto bañado Jesús que se derrama en sangre Jesús manantial desecado Jesús sediento de amor Jesús de hiel saciado Jesús que muere gritando Jesús de vida privado Jesús que sucumbe en palidez Jesús atravesado por la lanza Jesús que transforma en sí mismo a la madre Jesús sepultado Jesús que se dirige al infierno Jesús que rompe el conato Jesús que triunfa de entre los muertos Jesús que se levanta feliz Jesús la más grande belleza Jesús prelado del orbe Jesús conductor del ejército Jesús al cielo elevado Jesús dador del Espíritu Jesús clarificado Jesús que espira en soplos Jesús enriquecido en la cruz Jesús que eleva a la elegida Jesús jefe laureado Jesús que glorifica a la madre Jesús manantial abierto Jesús que multiplica la prole Jesús envilecido

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Jesús que engendra a Francisco Jesús serafín alado Jesús que establece la norma Jesús entonces renovado Jesús nuevamente despreciado Jesús falsificado Jesús doctor de los humildes Jesús resucitado Jesús de hermosura brillante Jesús pobre reafirmado Jesús testigo veraz Jesús Juez airado Jesús vencedor magnífico Jesús esposo adornado Jesús rey señor de reyes Jesús fin anhelado Soliloquio Exulta, pues, alma mía, en Jesús bueno. En él eres todo lo que eres, y fuera de él no puedes hallarte sino mal. El es todo para ti. Él es cielo de inmensa grandeza y de eminentísima dignidad. El es tierra; no ciertamente aquella maldita en su trabajo, que produce cardos y espinas, sino tierra bendita, huerto y paraíso de felicidad, que da fruto abundante haciéndote participar plenamente de la divinidad, jardín que contiene todo género de árboles cada cual produciendo frutos según su propia especie. ¡oh bendita especie de fruto y dulcísimo al paladar! Quien lo gusta, alejándose del propio mal, en virtud de la caridad se siente felicísimo del Señor. Jesús es para ti agua que apaga todo género de sed mundana; él es para ti aire que respirado da vida, en cuyo aliento vives de vida divina; él es para ti fuego ardiente, que en el amarte no dice nunca “Basta”; él es para ti ángel que da consejos de salvación, y brinda una custodia continua y una protección eterna; él es para ti tesoro, alimento, lecho, esposo, luz, paz, padre; él es para ti todo cuanto puedes desear para sentirte plena. Entra pues en la casa, alma bendita. ¿Por qué permaneces afuera? Entra bajo la tienda admirable; entra en el paraíso donde se cumple tu regeneración, porque has sido mejor reformada que creada. Y ya que en Cristo, que es la plenitud de todo don, también tú eres colmada de dones, gózate en la mesa que Dios con alegría te ha preparado como herencia. En esta tierra bendita que el corazón de Jesús te ha prometido, no solo rica de leche y miel, sino también de pureza, piedad y dulzura divina. Has de saber esto, y no otra cosa. Satisfecha de tu suerte, canta el profeta: Me ha tocado un lote hermoso, me encanta mi heredad. Y si entiendes bien este esplendor divino que el Señor te ha dado, añade con alegría: Bendeciré al Señor que me ha hecho comprender estas cosas. Oración para alcanzar la gracia de la pobreza Dulcísimo Señor mío, misericordiosísimo Jesús, ten piedad de mí y de Señora Pobreza, pues me siento

angustiado por su amor y sin ella no encuentro descanso. Señor, tú sabes cuánto la amo; ahí está en completo desamparo, tan despreciada por todos, que parece una viuda. La soberana de todos los pueblos es tenida por vil y despreciable; la reina de las virtudes yace en un muladar y se lamenta de que sus amigos la traten todos con el mayor desdén y se hayan vuelto enemigos suyos, y aun los mismos que la desposaron quebranten la fe jurada. Acuérdate, Señor, que bajaste de la morada de los ángeles a la tierra 10/11/2008 09:04 p.m.

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para tomar a esta reina por tu esposa y tener de ella, en ella y por ella hijos perfectos. Acuérdate de la fidelidad con que te amó: porque tan pronto como tu alma se unió a tu cuerpo en el seno de la Virgen, ya comenzaron sus tiernos desvelos. En tu nacimiento te recibió en el establo y en el pesebre, y siendo durante toda la vida compañera tuya te privó tan completamente de todas las cosas, que ni tuviste dónde reclinar la cabeza. Cuando comenzaste a librar el combate de nuestra Redención, corrió a asistirte como fiel escudero, permaneciendo a tu lado en lo más recio de la pelea, y no se apartó de ti cuando todos tus discípulos huían o renegaban de tu nombre. Finalmente, cuando tu Madre, que al menos te siguió hasta el fin y participó de tus dolores, cuando una Madre como aquélla no pudo llegar hasta ti por la altura de la cruz, en aquel momento Señora Pobreza te abrazó más estrechamente que nunca y se unió a tu crucifixión con ávido entusiasmo. No quiso la Pobreza que tu cruz fuera labrada con primor, ni que los clavos fuesen suficientes en número, afilados y pulidos; sólo preparó tres, y dispuso que fueran rudos y toscos, para hacer más horrible tu suplicio. Y en tanto que morías de sed, esta fiel esposa hizo que te negasen un poco de agua y, ayudada de impíos satélites, te preparó un brebaje tan amargo, que tuviste que contentarte con humedecer con él tus labios. Expiraste en los amorosos brazos de esta esposa, y ella te rindió los últimos honores cuidando celosamente que no tuvieras nada propio, ni sepultura, ni ungüentos, ni siquiera un sudario, pues todo fue de prestado. Asistió a tu Resurrección; y mientras volvías a la vida en sus brazos, ella hizo que abandonaras en el sepulcro cuanto te habían prestado. Contigo subió a los cielos, y tú le confiaste el sello del Reino con que deberían ir sellados los escogidos que hayan de seguir el camino de perfección. ¡Oh, quién no amará, pues, sobre todas las cosas a Señora Pobreza! Por esto te pido en tu nombre, oh pobrísimo Jesús, a título de privilegio especial y perpetuo, que me concedas a mí y a los míos la gracia de no poseer cosa alguna en propiedad bajo el cielo, y que mientras vivamos en esta carne miserable usemos pobremente de los bienes ajenos.

Otro soliloquio sobre la meditación acerca de la vida de Jesús Oh, alma mía, no te distraigas en otros asuntos ni busques otro alimento, pues Jesús te basta y te sobra, siempre que se pasta y se multiplique para ti. Y cuanto más pienses en él, tanto más te sobrará, según el pasaje que dice: Por grandes que sean quienes lo alaben, él sigue siendo más grande. Sólo a aquéllos para quienes todavía no fue partido y bendecido este pan resulta poca cosa y pequeño; para aquéllos que, atentos a la actividad externa de Jesús, no han aprendido a conocer su interioridad sublime en la dignidad de su persona, diciendo: “¿Para qué sirve meditas tanto y ocupar todo el tiempo de la jornada a tal fin? Es cierto que fue concebido y que nació, que fue puesto en un pesebre y que recorrió el mundo como un peregrino. ¿Y con eso qué? Todo esto pertenece al pasado. ¿Para qué sirve perder el tiempo meditando al respecto? Mejor es ocuparse de otros asuntos más útiles”. 10h estupidez! ¿Qué hay útil fuera de Jesús? Todo aquello que está fuera de él es una pérdida no sólo de tiempo, sino también de sí mismos, y resulta, además, una amarga fatiga. Alma mía, no escuches a estos charlatanes, porque no existe nada que dé perfección sino Jesús bendito, y cuanto él se dignó realizas en su vida terrena. Quisiera el Cielo, alma mía, que tú pudieras ocupar siempre tu corazón aunque sea en los aspectos menores de esa vida terrena o en todo aquéllo que de ella se derivó. Considera que es Dios el que se ha dignado a revelarse a ti en esos actos. Necio es, por lo tanto, no sólo el que se atreve a rebajas esta meditación, sino también el que no la estima más elevada de toda otra actividad ajena a Cristo.

BEATO JUAN DUNS SCOTO

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Oración para comenzar el estudio Oh altura de las riquezas de tu sabiduría y de tu ciencia, Dios, que comprendes todo lo inteligible! ¿Acaso podrás encerrarte en mi intelecto pequeño, tú, ser infinito e incomprehensible? En verdad, Señor, todo lo hiciste en sabiduría ordenada, para que a cualquier intelecto le parezca racionalmente que todo ser es ordenado. Señor, Dios nuestro, de tu naturaleza única, realmente primera, quisiera mostrar de alguna manera, si me lo concedes, las perfecciones que no dudo están dentro tuyo. Señor, Dios nuestro, que te proclamaste primero y último, enseña a tu siervo a mostrar con la razón aquello que con certísima fe cree: que eres el primero eficiente y el primero eminente, y el fin último. Tú eres el verdadero ser; tú eres todo el ser; esto es lo que creo; esto es lo que quisiera saber, si me fuera posible. Ayúdame, Señor, cuando te pregunto cuánto conocimiento acerca del verdadero ser, que eres tú, pueda alcanzar nuestra razón natural.

BEATO RAIMUNDO LLULL Los cien nombres de Dios (fragmento) Oh Jesús, en Belén nacido, tu eres hombre deificado y eres Dios humanizado. Jesús es hombre y divinidad, para que Dios sea participado y cercano a todo cuanto había creado. Jesús, concebido por el Espíritu Santo! Tú con la muerte en cruz has redimido al género humano que estaba perdido. Jesús, tú has resucitado, y al cielo has subido, y juzgarás a todo hombre que ha nacido. Jesús, en tu ser sensible tendrá gloria el hombre salvado, al ver tu cuerpo deificado. Jesús, sobre todo por ti el mundo ha sido creado de la nada, para conferirte honor. Jesús, que estás constituido como persona de hombre y de divinidad, ten de nosotros gran piedad. Jesús, tómanos de nuestro dolor, porque estamos todos como en error y deseosos de un buen amor. Jesús, no nos abandones, ya que tú hallarías placer en que todos te pudieran ver. Jesús, tú eres bondad para nombrar, y para entender, y para recordar, para servir y para enamorar. ANÓNIMO (S. XLV) Oración a Jesús crucificado Oh; dulcísimo y buen Jesús! 10/11/2008 09:04 p.m.

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¡Oh Padre de las luces, de quien procede todo don perfecto! Mira con ojos de misericordia a los que humildes te confesamos, a nosotros que verdaderamente sabemos que nada podemos hacer sin ti. Tú, que te diste en precio de nuestro rescate, haz que, aunque menos dignos de tanto precio, nos rindamos a tu gracia íntegramente, perfectamente y en todo; y así conformados a la imagen de tu pasión, recobremos también la imagen de tu divinidad que perdimos pecando, por nuestro Señor Jesucristo. Amén.

Oración a Jesucristo antes de la predicación Oh, Jesús, benigna vid, ven! Ven, Señor mío Jesucristo, árbol de la vida plantado en medio del paraíso, cuyas hojas son medicinales y sus frutos de vida eterna. ¡Oh bendita flor y fruto del tronco bendito, María, Virgen y Madre purísima!, pues que sin ti ninguno es sabio, porque tú eres la sabiduría del eterno Padre, dígnate nutrir mi mente, débil y árida, con el pan del entendimiento y el agua de la sabiduría. ¡Oh llave de David!, abre, y me serán descubiertas las cosas ocultas; envíame un rayo de tu luz, ¡oh luz verdadera!, y se esclarecerán mis tinieblas. Manifiéstate a ti mismo, revelándome tus secretos, y otórganos, a mí que hablo y a los que me escuchan, la posesión de la vida eterna. Amén.

SANTA BRÍGIDA Alabanza a Jesucristo Bendito seas tú, ~ Señor Jesucristo, que anunciaste por adelantado tu muerte y, en la última cena, consagraste el pan material, convirtiéndolo en tu cuerpo glorioso, y por tu amor lo diste a los apóstoles como memorial de tu dignísima pasión, y les lavaste los pies con tus santas manos preciosas, mostrando así humildemente tu máxima humildad. Honor a ti, mi Señor Jesucristo, porque el temor de la pasión y la muerte hizo que tu cuerpo inocente sudara sangre, sin que ello fuera obstáculo para llevar a término tu designio de redimirnos, mostrando así de manera bien clara tu amor para con el género humano. Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que fuiste llevado ante Caifás, y tú, que eres el juez de todos, permitiste humildemente ser entregado a Pilato para ser juzgado por él. Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, por las budas que soportaste cuando fuiste revestido de púrpura, y coronado con punzantes espinas, y aguantaste con una paciencia inagotable que fuera escupido tu rostro glorioso, que te taparan los ojos y que manos brutales golpearan sin piedad tu mejilla y tu cuello. Alabanza a ti, mi Señor Jesucristo, que te dejaste ligar a la columna para ser cruelmente flagelado, que permitiste que te llevaran ante el tribunal de Pilato cubierto de sangre, apareciendo a la vista de todos como el Cordero inocente. Honor a ti, mi Señor Jesucristo, que, con todo tu glorioso cuerpo ensangrentado, fuiste condenado a muerte de cruz, cargaste sobre tus sagrados hombros el madero, fuiste llevado inhumanamente al lugar del suplicio, despojado de tus vestiduras, y así quisiste ser clavado en la cruz. Honor para siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que, en medio de tales angustias, te dignaste mirar con amor a tu dignísima madre, que nunca pecó ni consintió jamás la más leve falta; y, para consolarla, la confiaste a tu discípulo para que cuidara de ella con toda fidelidad. Bendito seas por siempre, mi Señor Jesucristo, que, cuando estabas agonizando, diste a todos los pecadores la esperanza del perdón, al prometer misericordiosamente la gloria del paraíso al ladrón arrepentido. Alabanza eterna a ti, mi Señor Jesucristo, por todos y cada uno de los momentos que, en la cruz, sufriste las mayores amarguras y angustias por nosotros, pecadores; porque los dolores agudísimos procedentes de tus heridas penetraban intensamente en tu alma bienaventurada y atravesaban cruelmente tu corazón

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sagrado, hasta que dejó de latir y exhalaste el espíritu e, inclinando la cabeza, lo encomendaste humildemente a Dios, tu Padre, quedando tu cuerpo invadido por la rigidez de la muerte. Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que con tu sangre preciosa y tu muerte sagrada redimiste las almas y, por tu misericordia, las llevaste del destierro a la vida eterna. Bendito seas tú, mi Señor Jesucristo, que, por nuestra salvación, permitiste que tu costado y tu corazón fueran atravesados por la lanza y, para redimirnos, hiciste que de él brotara con abundancia tu sangre preciosa mezclada con agua. Gloria a ti, mi Señor Jesucristo, porque quisiste que tu cuerpo bendito fuera bajado de la cruz por tus amigos y reclinado en los brazos de tu afligidísima madre, y que ella lo envolviera en lienzos y fuera enterrado en el sepulcro, permitiendo que unos soldados montaran allí guardia. Honor por siempre a ti, mi Señor Jesucristo, que enviaste el Espíritu Santo a los corazones de los discípulos y aumentaste en sus almas el inmenso amor divino. Bendito seas tú, glorificado y alabado por los siglos, mi Señor Jesús, que estás sentado sobre el trono en tu Reino de los cielos, en la gloria de tu divinidad, viviendo corporalmente con todos tus miembros santísimos, que tomaste de la carne de la Virgen. Y así has de venir el día del Juicio a juzgar a las almas de todos los vivos y los muertos: tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

FRANCISCO DE OSUNA Oración para todos los días Oh amigo mío muy amable de mi alma, Bondad benignísima de los que te buscan, Consuelo y confianza de mi corazón, Dios deificador de los que se dan a ti, Esperanza entera de mis entrañas, Fuente de fuego de amor mío gratísimo, Gobernador y gloria mía, Hartura hambrienta de mis deseos, Justicia justificadora de los tuyos, Muy carísima caridad de los católicos, Liberalísima largueza y lumbre de mis ojos, Majestad misericordiosa de los menguados, Nobleza natural y noticia que todo lo sabes, Orden que dispones mejor mis cosas, Padre precioso y posesión de pobres, Quietisimo descanso de los que en ti se quejan, Refrigerio y refección de los que trabajan en amarte, Sanidad de los santos enfermos de amor, Tutor y tesorero de los que te temen como hijos, Voluntad santificadora y victoria de todos los tentados, Vida de la vida mía, Cristianísimo conservador de los que tu amor conservan, Información sabrosa que boca a boca dices grandes secretos, Celador de mi alma, ¡Dios mío, ponme por guarda tu amor, porque te amo! ¡Oh, quién nunca te hubiera ofendido!; nunca más te ofenderé; dame tu favor para ello, pues te quiero bien más que a todo lo criado. SAN PEDRO DE ALCÁNTARA Petición especial del amor de Dios (fragmento) Sobre todas las virtudes, dame, Señor, gracia para que te ame yo con todo mi corazón, con toda mi alma, con todas mis fuerzas y con todas mis entrañas, así como tú lo mandas. ¡Oh, toda mi esperanza, toda mi gloria, todo mi refugio y alegría! ¡Oh, el más amado de los amados, oh Esposo florido, Esposo suave, Esposo melifluo! ¡Oh, dulzura de mi corazón; oh, vida de mi alma y descanso alegre de mi espíritu! ¡Oh, hermoso y claro día de la eternidad y serena luz de mis entrañas y paraíso florido de mi corazón! ¡Oh, amable principio mío y suma suficiencia mía! Apareja, Señor mío, apareja, Señor, una agradable morada para ti en mí, para que, según la promesa de tu santa palabra vengas a mi y reposes en mí. Mortifica en mí todo lo que desagrada a tus ojos y hazme hombre, según tu corazón. Hiere, Señor, lo más intimo de mi alma, con las saetas de tu amor y embriágala con el vino de tu perfecta caridad.

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Sobre el Salmo 50 (fragmento) Misericordia, Dios mío. No digo Dios mío, ¿por que os dejé por el pecado?; no digo por mi gran miseria, sino por tu gran misericordia, porque aunque sea grande mi miseria, es mayor vuestra misericordia. Grande llamo vuestra misericordia, no porque en vos haya una cosa mayor que otra, pues lo que hay en vos todo es una cosa con vos, y tú no puedes ser mayor ni menor que ti mismo; pero llamo grande porque en la misericordia, por sus efectos, siempre te señalaste, porque en todas tus obras eres incomparable y en la misericordia te venciste a ti mismo. Su misericordia sobre todas sus obras. Siempre las Escrituras te pintan misericordioso, y en el infierno castigas menos de lo que se merece. La poca gana que tienes de castigar muestras con Adán, con los de Nínive, con Jericó; y antes del castigo del mundo con el diluvio, mandas hacer el arca tan despacio, de manera que antes del pecado amenazas con el castigo porque haya lugar de arrepentimiento y perdón. Todo esto exagera tu misericordia y, por tanto, misericordia, Dios mío. Tan natural te es haber misericordia como al fuego quemar y al sol alumbrar y antes dejará el fuego de quemar y el sol de alumbrar, que tú de hacer misericordia. El fuego dejó de quemar a los tres mozos de Babilonia y el sol dejó de alumbrar en la muerte de tu Hijo, mas de ti nunca se lee haber dejado la misericordia. Antes dejará el cielo de dar vueltas que tú sobre los pecadores, porque algún tiempo se paró el cielo y el Jordán volvió atrás. Al altar de tu misericordia me quiero acoger porque si me buscare la justicia, no me saque de allí por más malhechor que haya sido. Si todo el mundo friese un gran fuego y en medio de él se echase un manojito de estopas, tardaría menos en quemarse que tú en haber misericordia de los gemidos del pecador. Por eso, misericordia, Dios mío. Si el ciervo acosado y mordido de los perros escoge allegarse al hombre porque le tiene por más misericordioso, ¿por qué no se llegará a ti el amordiscado de los infernales lebreles, y hallará en ti más misericordia que el ciervo en el hombre? San Pablo llama a tu Padre Dios de misericordias y la Iglesia llama a tu Madre, Madre de misericordia. ¿A quién puedes parecer, sino a tu Padre y a tu Madre, porque se diga de ti que bien haya el que a los suyos parece? Por eso, misericordia, Dios mío. En el mar de misericordia y en la fuente manantial, ¿cómo puede faltar una gota de misericordia, la que yo pido? Por eso, misericordia, Dios mío. Encarnaste por misericordia, naciste, viviste, moriste por misericordia; quisiste perder la vida antes que la misericordia, ¿y te ha de faltar misericordia para un pobre como yo, que con tanta necesidad te la pido? Por eso, misericordia, Dios mío. Por demasiada clemencia se tendría la de un rey que a un homicida perdonase muchas veces y el señor a su esclavo que, después de haberle sido infiel muchas veces, le fiase su tesoro, y el padre a un hijo pródigo, y el marido a una mujer muchas veces adúltera. ¡Oh, Señor, que a tu misericordia no pusiste tasa ni número, siendo nuestro Rey, Señor, Padre y Esposo, ni sacas ningún género de pecados! Por eso, misericordia, Dios mío. Estos que perdonan son hombres que, o cayeron alguna vez, o pueden caer; y los caídos o hicieron o pueden hacer algún servicio, ¿mas tú, Señor, y yo? No es maravilla que tenga demasiada misericordia quien nos tiene demasiado amor. San Pablo: Por el gran amor con que nos amó. ¡Oh, puerto seguro de tu misericordia, adonde con viento próspero llegó la cananea, navegando por el mar de sus tribulaciones llegó el ladrón a desembocar con la nao de la cruz, cargó de grandes mercaderías que llevó a la celestial región, cuando, pidiéndote posada sólo en tu memoria, y se la diste en el paraíso! Pidió poco y le diste mucho: en un mismo día el título y el beneficio. Pues si tan largo fuiste estando penado, ¿qué tanto lo serás estando reinando, pues el mismo que ahora reina es el que entonces penaba? Señor, oíste a la cananea con esta voz: misericordia, siendo infiel, ¿cómo al hijo de tu Iglesia no oirás que te pide misericordia, no para su hija, sino para su alma? Viniste, Señor, a ganar los perdidos, ¿cómo querrás dejar perder los ya ganados? SAN FRANCISCO SOLANO Mi buen Jesús Mi buen Jesús, mi Redentor y amigo: ¿Qué tengo yo que tú no me hayas dado? ¿Qué sé yo que tú no me hayas enseñado? ¿Qué valgo yo si no estoy contigo? ¿Qué puedo yo si tú no estás conmigo?

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Señor, mi Dios, sin vanidad me hiciste, sin que te lo pidiera me creaste; en crearme y redimirme mucho hiciste, y menos obrarás de lo que obraste en perdonar la obra que tú hiciste. Pon tus ojos, Señor, en mí, y ten misericordia de mí, porque yo soy solo y pobre.

FRAY JUAN GÓMEZ Oración en el día de su profesión Todas las cosas, Dios mío, tengo renunciadas por ti con ánimo tan liberal, que si como tengo poco que ofrecerte tuviera cuanto en la tierra creaste, fuera, respecto a mi voluntad, una flaca hoja que se cae del árbol y el viento se la lleva. No pusiste los ojos en las barcas y en las redes que dejaron los apóstoles, sino en el amor con que por ti las dejaron. Este, Dios mío, te ofrezco. A ti solo busco, tú eres la fuente clara y dulce adonde va corriendo este tu siervo, herido con la saeta de tu divino amor. Encamina mi voluntad, mis obras y pensamientos a ti como a su verdadero centro, para que naciendo de ti como las aguas del mar vuelvan a ti, obrándolas yo por ti.

SOR MARÍA DE JESÚS AGREDA Confesión y acción de gracias Yo te confieso Dios eterno, Señor del cielo y de la tierra, Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo y verdadero Dios, una sustancia y majestad en trinidad de Personas; porque sin haber alguna criatura que te dé algo primero para que tú le pagues, por sola tu inefable dignación y clemencia revelas tus misterios y sacramentos a los pequeños; y porque tú lo haces con inmensa bondad e infinita sabiduría y en ello te complaces, está bien hecho. En tus obras magnificas tu santo nombre, ensalzas tu omnipotencia, manifiestas tu grandeza, dilatas tus misericordias y aseguras la gloria que se te de por santo, sabio, poderoso, benigno, liberal y solo principio y autor de todo bien. Ninguno es santo como tú, ninguno es fue como tú, ninguno altísimo fuera de ti, que levanta del polvo al mendigo, resucitas de la nada enriqueces al pobre necesitado. Tuyos son, oh Dios altísimo, los términos y polos de la tierra y todos los orbes celestiales. Tú eres Señor y Dios verdadero de las ciencias; tú mortificas y das vida; tú humillas y derribas al profundo los soberbios, levantas al humilde según tu voluntad; tú enriqueces y empobreces, para que en presencia no se pueda gloriar toda carne, ni el más fuerte presuma de su fortaleza, ni el más flaco desmaye y desconfíe en su fragilidad y vileza.

SAN PASCUAL BAYLÓN Oración para antes de comulgar Rey de los cielos, Señor mío Jesucristo, yo, indigno pecador, voy a tu altar, llamado por tu divina voz, confiado en tu clemencia. Tú me llamas a tu mesa, dándome a ti mismo en manjar. Por tanto, aunque pequeñuelo, osaré llegarme al banquete que ordenas para tus fieles. Suplico a tu majestad salga yo con aquellos frutos que tan alto Sacramento en tus amigos obra. Enfermo soy, y tú médico de mi salud. Pecador soy, y tú el que haces justos a los pecadores.

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Pobre soy, y tú rico en riquezas celestiales. Dame, Señor, aumento de fe y crecimiento de caridad, fortaleza de esperanza y cumplimiento de -todas las virtudes, con las cuales te sirva y alabe toda mi vida por la fe, y después te goce en el cielo por la gloria. Amén.

Acción de gracias después de la comunión

Gracias te doy, Padre celestial, que me diste a tu sagrado Hijo, no sólo para librarme de la tiranía de Satanás, más aún, para consolarme hecho manjar en esta santa hostia. Gracias te doy, infinito Redentor mío, que con tanga largueza has enriquecido mi alma con tu sagrado Cuerpo y Sangre. Gracias te doy, Espíritu Santo, Caridad perfecta, porque has visitado mi corazón y aumentado en él tu santo amor. ¡Oh Señor, si por la virtud de este Sacramento quedase mi alma unida por amor contigo! Suplico a tu majestad que de aquí en adelante yo no te ofenda más. Séame desabrido el mundo y sus honras; del todo mi espíritu enseñoree a mi flaca carne, y, con tu favor, gane yo perfecto triunfo del demonio. Crezca en mi tu santo amor, la fe y la esperanza sean del todo perfectas en mí; para que mi alma vaya creciendo de virtud en virtud, hasta que vea y goce por clara visión de lo que aquí adora en fe, y posea con alegría de perpetua gloria al que, encerrado y encubierto, recibí en esta santa hostia. Amén.

SAN JOSÉ DE CUPERTINO Breve invocación a Jesús Jesús, Jesús, Jesús! ¡Ven, ven, consuélame tú! ¡Ven, ven, no tardes! Sin ti no puedo estar; sin ti no puedo más. ¡Ven, ven, consuélame tú! FRAY FRANCISCO DE PAULA CASTAÑEDA Memento personal de todas sus Misas Eterno Padre, mi Dios y Señor, yo te ofrezco este sacrificio tan agradable a tus divinos ojos por todo el linaje humano, a quien te suplico se haga servible. Te lo ofrezco también por la intención de Cristo en la cruz, con quien yo también me entrego en hostia, en sacrificio, en holocausto, por la salud espiritual y temporal de todo el mundo, por los que se han encomendado a esta Misa, por mis amigos y enemigos, por las personas de mi especial obligación, según el orden de caridad y de justicia y por aquéllas que yo alguna vez hubiere escandalizado. ORACIONES A MARÍA

DE LOS PADRES Y AUTORES ANTIGUOS

San Germán de Constantinopla Tú, oh purísima y piadosísima Señora, auxilio de los cristianos, refugio siempre pronto de los pecadores, no nos dejes sin tu ayuda. Abandonados por ti, ¿adónde nos refugiaremos?

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¿Qué será de nosotros, oh santísima Madre de Dios, que eres el espíritu y el aliento de los cristianos? En efecto, así como la respiración es cierto signo de vida en nuestro cuerpo, la presencia ininterrumpida de tu nombre en nuestros labios, pronunciado en toda circunstancia, y lugar, y tiempo, es indicio de vida, de alegrías y de socorro; y no solo indicio, sino también causa. Cúbrenos con las alas de tu bondad, sé nuestro amparo con tu intercesión, ase4iranos la vida eterna, tú que eres la esperanza infalible de los cristianos. Deja, pues, que nosotros, que estamos despojados de obras y virtudes divinas, al ver la riqueza de bondad que Dios nos ha concedido por medio de ti, digamos: La tierra está llena de la misericordia de Dios. Por ti nosotros, alejados de Dios a causa de nuestros pecados, hemos buscado a Dios y, una vez que lo hallamos, hemos sido salvados. Tu ayuda, oh Madre de Dios, es tan poderosa que no tenemos necesidad de ningún otro abogado. Conociendo todo esto y habiendo experimentado en el peligro la abundancia de tu socorro cada vez que te invocamos, nosotros, tu pueblo, tu herencia, tu rebaño, llamado cristiano por el nombre de tu Hijo, recurrimos a ti. En verdad tu magnificencia no tiene fin, tu socorro es insaciable. Tus dones sin número. Nadie se salva sino por ti, oh santísima. Nadie es liberado del mal sino por ti, oh inmaculada. Nadie recibe un favor sino por ti, oh castísima. Nadie obtiene misericordia sino por ti, oh la más bendita. ¿Quién, pues, no te llamará bienaventurada? ¿Quién no te alabará? ¿Quién no te glorificará, aunque no como mereces, pero ciertamente con todo su empeño, oh gloriosa, oh bendita, que has recibido de tu Hijo Jesucristo cosas tan grandes que todas las generaciones te bendicen? ¿Quién como tú, en el sentido de tu único Hijo, protege al género humano? ¿Quién como tú nos defiende en las adversidades? ¿Quién nos arranca de la violencia de las tentaciones con más prontitud que tú? ¿Quién se compromete tanto por aquellos que no dan ninguna esperanza de enmienda? Sólo tú, en efecto, que gozas de confianza y de autoridad ante tu Hijo, aunque casi condenados e incapaces de volvernos hacia el cielo, nos salvas con tus súplicas y nos liberas del eterno suplicio. Por eso recurre a ti el que está afligido. El que sufrió una injusticia se dirige a ti. El que se halla enredado en el mal pide tu ayuda. En ti, oh Madre de Dios, todo es increíble y maravilloso; todo supera los confines de la naturaleza y de nuestra capacidad e inteligencia. Y tu protección también, va más allá de cuanto nosotros podemos comprender. Nos has reconciliado a nosotros, en efecto, rechazados y enemistados con Dios, por medio de tu Hijo; nos has unido a Dios y nos has hecho sus hijos y herederos. Tú ofreces cada día tu mano a los náufragos del pecado y los salvas de las olas. Tú, a la sola invocación de tu nombre, oh santísima, rechazas los asaltos que el malvado enemigo realiza contra tus siervos y los salvas y los pones al resguardo. Tú liberas de toda tribulación y de toda suerte de tentación a aquellos que se dirigen a ti y los previenes, oh inmaculadísima. Por eso corremos premurosos a tu templo, dentro del cual nos parece estar en el paraíso. En él, en efecto, mientras cantamos tus alabanzas, nos parece estar siendo parte de los coros angélicos. ¿Qué estirpe de hombres ha tenido jamás tal esplendor, tal defensa, tal patrona, fuera del pueblo cristiano? ¿Quién, fijando los ojos sobre tu venerable cintura, oh Madre de Dios, no se siente colmar de alegría? ¿Quién se ha arrodillado ante ella y se ha ido sin obtener la gracia que pedía? ¿Quién, mirando tu imagen, no se ha olvidado enseguida de todas sus adversidades? Mas no se puede expresar con palabras de cuánta alegría, gozo, y placer están llenos los que vienen a venerar tu templo. ¡Oh, urna de la cual nosotros, quemados por el ardor del mal, tomamos el maná del refrigerio! ¡Oh, mesa gracias a la cual nosotros, que moríamos de hambre, sobreabundamos del pan de la vida! ¡Oh, candelabro por cuyos fulgores nosotros, que habitábamos en las tinieblas, Somos envueltos por una inmensa luz! Tú has rendido a Dios la alabanza que merece; pero no rechaces la nuestra, ya que, aunque indigna e inadecuada, al menos está hecha con todo nuestro amor. No rechaces, oh entre todas bendita, la alabanza expresada por nuestros labios impuros, porque nace de un alma que te ama. No desprecies las palabras de una lengua indigna, sino ten en cuenta nuestro gran amor, y obtennos de Dios el perdón de los pecados, la cancelación de toda mancha, y la alegría de la vida eterna. Mira desde tu santo trono esta corona de pueblo que te rodea y que venera como a su Señora y patrona, que ha venido libremente para celebrar tus alabanzas, oh Madre de Dios, y líbrala de todo mal con tu materna atención; protégela de todo género de enfermedad, de todo género de impureza, de toda injusticia; cólmala de toda alegría, de salud, de toda gracia; y al regreso de tu Hijo, nuestro clementísimo Señor, cuando seremos llamados ante el juez, con tu brazo poderoso —y tú puedes, ya que eres su Madre— haz que podamos evitar el fuego eterno y obtener

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la eternidad del paraíso, por gentil don de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo.

San Cirilo de Alejandría Oración pronunciada en el Concilio de Éfeso Te saludamos, María, madre de Dios, tesoro digno de ser venerado por todo el orbe, lámpara inextinguible, corona de la virginidad, trono de la recta doctrina, templo indestructible, lugar propio de aquel que no puede ser contenido en lugar alguno, madre y virgen, por quien es llamado bendito, en los santos Evangelios, el que tiene en nombre del Señor. Te saludamos a ti, que encerraste en tu seno virginal a aquel que es inmenso e inabarcable; a ti, por quien la santa Trinidad es adorada y glorificada; por quien la cruz preciosa es celebrada y adorada en todo el orbe; por quien exulta el cielo; por quien se alegran los ángeles y arcángeles; por quien son puestos en fuga los demonios; por quien el diablo tentador cayó del cielo; por quien la creatura, caída en el pecado, es elevada al cielo; por quien toda la creación, sujeta a la insensatez de la idolatría, llega al conocimiento de la verdad; por quien los creyentes obtienen la gracia del bautismo y el óleo de la alegría; por quien han sido fundamentadas las iglesias en todo el orbe de la tierra; por quien todos los hombres son llamados a la conversión. Y ¿qué más diré? Por ti el Hijo unigénito de Dios ha iluminado a los que vivían en tinieblas y en sombra de muerte; por ti los apóstoles predicaron la salvación a los gentiles; por ti los muertos resucitan; por ti reinan los reyes, por la santísima Trinidad.

Santiago de Sarug Hijo de la Virgen, haz que yo hable de tu Madre, por más que confiese que la palabra acerca de ella es superior a nosotros. Un cántico de admiración ahora a hablar me mueve, y vosotros, prudentes, con el oído del alma, con amor escuchad. El misterio de María se agita en mí, para que lo muestre con admiración, vosotros, con prudencia, disponed vuestras mentes. La Virgen santísima hoy me llama a hablar de ella, purifiquemos el oído para su bello misterio, para que no sea deshonrado. Cielo segundo, en cuyo seno habita el Señor de los cielos y desde ella resplandeció para expulsar las tinieblas del mundo. Bendita entre las mujeres, por quien la maldición de la tierra fue erradicada, y la pena de condenación ya desde ella y para siempre tuvo fin. Pura y casta, y de belleza y santidad colmada, y pequeña es mi boca para hacer de ella palabra. Hijita de los pobres, que en madre del Señor de los Reyes se ha convertido, y dio riqueza al mundo pobre para que de ella viviera. Nave que de la casa del Padre tesoros y bienes ha traído, y vino a repartir la riqueza sobre la tierra que no la poseía. Campo bueno que, sin semilla, dio gavillas, del cual sin ser arado creció gran renta. Eva segunda que entre los mortales la vida ha engendrado, y pagó y arrancó la condena de su madre Eva. Niña que a la antepasada postrada ha ofrecido ayuda, y de la caída a la cual la empujó la serpiente la ha levantado... Es más fácil pintar el sol con su luz y su calor, que hablar con honor del misterio de María. Acaso se pueda comprender en colores el disco de los rayos, mas el discurso acerca de ella no se agota en los oradores. A todas las mujeres miró, queriendo nuestro Señor descender a la tierra, y una se eligió, que era entre todas bella. A ésa la escrutó, y humildad y santidad halló en ella, y bellos pensamientos y un alma de la divinidad enamorada, y un corazón puro y todos pensamientos de plenitud; y por eso la eligió pura y de hermosura llena. Desde su lugar descendió y habitó en la bendita de las mujeres, porque no había en el mundo ninguna compañera comparable a ella. 10/11/2008 09:04 p.m.

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La sola humilde, pura, bella e inmaculada, que fue hecha digna de ser su madre, y no otra. Era prudente y llena de amor de Dios, ya que no habita nuestro Señor donde no reina el amor. Bienaventurada, que el Espíritu Santo acogió y purificó, limpió, y templo la hizo y el Señor de los cielos en su morada habitó. Bienaventurada, porque subsiste la belleza grande de su virginidad, y cuyo nombre en los siglos resplandece grandemente. Bienaventurada aquella por cuya obra llegó la alegría a los hijos de Adán, y por quien los caídos, precipitados de la casa del Padre, se alzaron. Bienaventurada, en cuyo seno pequeño y sin adornos habitó el Grande, del cual están llenos los cielos, que para él son pequeños. Bienaventurada, que dio a luz al Antiguo que engendró a Adán, por la cual se renovaron las creaturas envejecidas. Rabbula de Edesa Himno ¡Alégrate, María, madre de Dios toda santa, maravilloso y espléndido tesoro del mundo, luz radiante, habitación del Incomprensible, templo puro del Creador de todas las cosas! Alégrate, porque a través tuyo nos ha sido anunciado aquél que ha quitado los pecados del mundo y lo ha redimido. ¡Cómo te alabaremos, oh humilde, tú que eres toda santa, tú que concedes a todos los fieles la ayuda y la fortaleza! Nosotros todos, en este mundo, miramos a lo alto y aguardamos la esperanza de la salvación de ti, oh humilde. Refuerza nuestra fe y brinda la paz a todo el mundo. Por eso nosotros los fieles te alabamos como trono de querubines y como aula de Dios en el tiempo. Ruega e implora por todos nosotros, para que nuestra alma sea salvada de la ira que viene. Oh madre purísima, ayúdanos a nosotros, pobres, como acostumbras. Tú ves cómo nosotros, hijos de la tierra, nos acercamos al fin y nos perdemos. Impétranos por eso la gracia con tu intercesión, oh Virgen pura y santa. Suplica continuamente por nosotros, para que nuestra maldad no nos lleve a la ruina y vuélvete a nosotros, oh bendita, mientras ruegas a tu Unigénito, el Hijo salido de ti, para que tenga piedad de nosotros por tu santa oración. Alégrate, oh nave que trae a los hombres la vida nueva. Alégrate, oh roca santa, a la cual descendió el rey de los reyes para habitar en ella. Alégrate, oh Virgen humilde, madre de Dios. ¡Ea, pues, bendita! ¡Ea, pues, bienaventurada! Acerca por nosotros a tu Unigénito, al Hijo salido de ti, todas nuestras súplicas, para que tenga piedad de nosotros por tu santa oración. Oh santa, intercede ante tu Unigénito por los pecadores que en ti buscan refugio. Porque todos los flagelos por los cuales fue golpeada la generación anterior están prontos para nosotros y nos golpean. Mira cómo el corruptor ha tendido el arco y pone las flechas sobre la cuerda para golpear, como él suele hacer. Mira todos estos signos premonitorios en el cielo y sobre la tierra y los golpes que estrujan el corazón. Por esto nos refugiamos en ti, para poder gritar a tu Hijo pidiéndole: ¡Tú que castigas los corazones soberbios, oh Cristo, tú que castigas y vuelves a sanar, corrígenos con tu misericordia y adquiérenos con tu gracia; usa tu indulgencia y ten misericordia de nosotros! Balaj el Sirio Oración Feliz de ti, María, porque en ti han hallado solución los enigmas y los misterios anunciados por los profetas. Moisés te representó en la zarza ardiente y en la nube, Jacob en la escala, David en el arca de la alianza y Ezequiel en la puerta cerrada y sellada. Y he aquí que hoy, con tu parto, todos aquellos misterios han sido cumplidos. Alabado sea el Padre que ha enviado a su Hijo unigénito, surgido de María, liberándonos del

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error y glorificando su memoria sobre la tierra y en el cielo. Feliz de ti, María, que lo has concebido. Feliz porque lo diste a luz. Feliz porque has nutrido a aquel que a todos nutre. Feliz porque has llevado en tu seno al fuerte que lleva el mundo en su poder y que todo lo gobierna. Feliz y bendita porque tus labios han besado la llama que consume al hijo de la estirpe de Adán. Feliz de ti, porque desde tu seno se ha irradiado un esplendor que se difunde sobre toda la tierra, que ahora te llama bienaventurada. Feliz de ti, porque con tu leche has alimentado a Dios, el cual, en su misericordia, se hizo pequeño para engrandecer a los miserables. ¡Gloria a ti, oh nuestro refugio! ¡Gloria a ti, oh nuestro orgullo! Porque por obra tuya nuestra raza ha sido elevada al cielo. Suplica a Dios, nacido de ti, que mande paz y calma a su Iglesia. Por la fuerza de tus plegarias, oh madre del Altísimo, conceda a la tierra y a sus habitantes la paz plena. Alabanza a aquél que ha surgido de María, que la ha hecho su madre y que en ella se ha hecho niño. Bendito sea el rey de los reyes que se hizo hombre y que ha elevado la raza humana a la altura del paraíso. Alabanza a aquél que lo ha enviado para nuestra redención y gloria al Espíritu Santo que borra nuestros pecados.

San Juan Damasceno Súplica a María en su Tránsito Acepta la buena voluntad que trasciende la capacidad, dónanos la salvación, libéranos de los vicios del alma, sana los males del cuerpo, derrota a los adversarios, permítenos conducir una vida tranquila y dónanos la luz del Espíritu. Inflámanos de amor por tu Hijo, y haz de manera que nuestra vida le agrade. Permítenos que, después de hacernos partícipes de su bienaventuranza, viendo resplandecer en ti la gloria de tu Hijo, podamos cantar himnos sagrados en la alegría eterna, junto a aquellos que celebran dignamente la solemnidad del Espíritu, en honor de aquel que, por medio tuyo, ha realizado nuestra salvación, Cristo, Hijo de Dios y Dios nuestro, al cual sea la gloria y el poder junto con el Padre y el Santísimo y vivificante Espíritu, ahora y siempre, por los infinitos siglos de los siglos. Amén.

San Bernardo Ahora, ¡oh Madre de misericordia!, postrada humildemente a tus pies como la luna, te ruega la Iglesia con devotísimas súplicas que, constituida mediadora entre ella y el sol de justicia, por aquel sincerísimo afecto de tu alma, le alcances el que en tu luz vea la luz de ese sol rutilante, que en verdad te amó más que a todas las demás creaturas y te adornó con las más preciosas galas de gloria, poniendo en tu cabeza corona de hermosura. Llena eres de gracia, llena de celestial rocío, sostenida por el Amado y rebosando delicias. Alimenta hoy, Señora, a tus pobres: los mismos cachorritos también coman de las migas que caen de la mesa de su Señor; no sólo al siervo de Abraham, sino también a sus camellos dales a beber de tu copioso cántaro; porque tú eres verdaderamente aquella doncella de antemano elegida y preparada para desposarse con el Hijo del Altísimo, el cual es sobre todas las cosas Dios bendito en los siglos. Amén.

DE LA TRADICIÓN FRANCISCANA

San Antonio de Padua

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María, Estrella de la mañana Te rogarnos, Señora nuestra, que tú, Estrella de la mañana, alejes con tu esplendor la niebla de la sugestión diabólica, que cubre la tierra de nuestra alma; tú que eres la luna llena, llena nuestro vacío, ahuyenta las tinieblas de nuestros pecados, a fin de que merezcamos llegar a la plenitud de la vida eterna, a la luz de la gloria imperecedera. Ayúdenos el Señor, que te creó para que seas nuestra luz; el que, para nacer luego de ti, hizo que nacieses tú. A él es dado el honor y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Maria del pesebre Te rogamos, Señora nuestra, anta Madre de Dios, que en el nacimiento de tu Hijo, a quien diste a luz siendo virgen, lo envolviste en pañales y reclinaste en el pesebre, nos obtengas de él el perdón y que, con el ungüento de tu misericordia, cures la quemadura de nuestra alma, que contrajimos con el ffiego del pecado, a fin de que merezcamos llegar al gozo de la Fiesta eterna. Ayúdenos él mismo, que se dignó nacer de ti, Virgen gloriosa, al cual es dado honor y gloria por los siglos de los siglos. Amén.

Maria, Olivo bendito Te rogarnos, ínclita Madre de Dios, ensalzada por encima de los ángeles, que llenes con la gracia celestial el cáliz de nuestro corazón; que lo hagas resplandecer con el oro de la sabiduría; que lo fortalezcas con el poder de tu virtud; que lo adornes con las piedras preciosas de las virtudes; que derrames sobre nosotros el óleo de tu misericordia, tú, Olivo bendito, para que cubras la multitud de nuestros pecados, a fin de que merezcamos ser levantados a la altura de la gloria celestial y ser bienaventurados con los bienaventurados. Ayúdenos Jesucristo, tu Elijo, que te exaltó por encima de los coros de los ángeles, te puso la corona de Reina y te sentó en el trono de la luz eterna. A él es dado honor y gloria por los siglos de los siglos. Diga toda la Iglesia: ¡Amén, Aleluya!

San Buenaventura Oración a Maria al pie de la cruz Y ahora, ¿qué lengua será capaz de expresar, o qué entendimiento de comprender, oh Virgen santa, el peso de tus desolaciones? Presente en todos esos martirios, participando en todos ellos, viste con tus propios ojos aquella carne bendita y santa, que tá virginalmente concebiste, y tiernamente alimentaste y criaste a tus pechos, y tantas veces reclinaste en tu seno y besaste juntando labios con labios; la viste desgarrada por los azotes, penetrada de espinas. La viste herida con la caña, injuriada a puñetazos y bofetadas, y taladrada con clavos, pendiente en el madero de la cruz, más y más rasgada por su propio peso, expuesta a todos los escarnios y, al final, abrevada de hiel y de vinagre. ¡Y le viste el alma! Viste con los ojos del alma aquella alma divinísima repleta de la hiel de todas las amarguras, sacudida por los estremecimientos del espíritu, llena de pavor y de molestias, agonizante, acongojada, turbada, abatida por la tristeza y el dolor, en parte por el ardiente celo de reparar el honor de Dios, violado por el pecado, en parte por la afectuosa conmiseración de nuestras miserias, en parte por la

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compasión que de ti, su Madre dulcísima, tenía cuando, desgarrado el corazón, viéndole presente, te dirigió una mirada de piedad y aquella dulce despedida: Mujer, aquí tienes a tu hijo, para consuelo de tu alma angustiada, porque sabía que tu estabas traspasada con la espada de la compasión más fuertemente que si hubieras sido herida en tu propio cuerpo. Santiago de Milán Meditación en el Viernes Santo

Junto a la cruz de Jesús estaba su madre Oh Señora mía, ¿dónde estás? ¿Acaso junto a la cruz? Ciertamente, en la cruz con el Hijo, allí estás crucificada con él. Sólo que él en el cuerpo, y tú en el corazón; y las heridas repartidas por su cuerpo están todas unidas en tu corazón. Allí, Señora, lanceado está tu corazón, allí clavado, allí coronado de espinas, allí burlado, rechazado y colmado de afrentas, saciado de hiel y de vinagre. Oh, Señora, ¿por qué fuiste a ser inmolada por nosotros? ¿No nos resultaba suficiente la pasión del Hijo si no era crucificada también la madre? ¡Oh corazón de amor! ¿Por qué te convertiste en bola de dolor? Miro tu corazón, Señora, y ya no veo un corazón, sino mirra, ajenjo y hiel. Busco a la madre de Dios y encuentro salivazos, latigazos y heridas, porque te has convertido totalmente en estas cosas. ¡Oh llena de amargura! ¿Qué has hecho? ¡Por qué convertiste el vaso de santidad en un vaso de sufrimiento? ¡Oh Señora! ¿Por qué no te quedaste sola en tu habitación? ¿Por qué fuiste al lugar del Calvario? No es tu costumbre, Señora, acudir a ese tipo de espectáculos. ¿Por qué no te retuvo el pudor virginal? ¿Por qué no te retuvo el miedo de mujer? ¿Por qué no te retuvo el horror de los criminales? ¿Por qué no te retuvo la torpeza del lugar? ¿Por qué no te retuvo la multitud y el gentío? ¿Por qué no te retuvo la detestación del mal? ¿Por qué no te retuvo la vehemencia del griterío? ¿Por qué no te retuvo el delirio de los imbéciles? ¿Por qué no te retuvo esa caterva de demonios? Nada de eso tuviste en cuenta, Señora, porque tu corazón estaba friera de sí por el dolor, no estabas en ti, sino en la aflicción del Hijo, en las heridas del único, en la muerte del amado. Tu corazón no consideraba el pueblo, sino la herida; no la presura, sino la fisura; no el clamor, sino el livor; no el horror, sino el dolor. Regresa, Señora, al lugar de antes, no sea que con el golpe al pastor te perdamos también a ti. ¿Por qué somos privados, en una hora, de la protección de ambos? No se acostumbra, Señora, que las mujeres sean condenadas a tal género de muerte, ni la sentencia ha sido promulgada contra ti. Pero creo que no puedes escuchar esto, porque estás repleta de amargura, todo tu corazón estaba vuelto, Señora, hacia la pasión de tu Hijo. ¡Oh cosa digna de admiración! Estás toda en las heridas de Cristo, todo Cristo está crucificado en las íntimas entrañas de tu corazón. ¿Cómo es esto posible: que aquél que contiene se halle en el contenido? ¡Oh hombre, hiere tu corazón si quieres comprenderlo! Abre tu corazón con los clavos y la lanza, y penetrará la verdad. No entra el sol de justicia en un corazón cerrado. Mas, oh Señora herida, hiere nuestros corazones y renueva en ellos la pasión de tu Hijo. Une tu corazón herido al nuestro, para que seamos heridos contigo en las heridas de tu Hijo. ¿Por qué, Señora, no tengo al menos este corazón tuyo, de modo que, mire donde mire, siempre te vea clavada con tu Hijo? Oh Señora, si no quieres darme a tu Hijo crucificado ni tu corazón herido, te pido que al menos me des las contumelias, las burlas, las afrentas y todo lo que sentiste dentro tuyo en todo ello. ¿Qué madre, en efecto, no se quitaría gustosa los sufrimientos de sí misma y de su Hijo para ponerlos en su siervo? O, si estás tan embebida en estas cosas que no quieres separadas ni de ti ni de tu Hijo para dárselas a alguien, por lo menos, Señora, úneme a mí, indignísimo, a aquellas ignominias y a aquellas heridas, para que a ti y a tu Hijo les sirva de alivio tener un compañero en las penas. ¡Oh, qué feliz sería si pudiera asociarme aunque más no sea a las heridas! Sí, Señora mía, ¿qué hay hoy más grande que tener el corazón unido a tu corazón 10/11/2008 09:04 p.m.

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abierto y al cuerpo atravesado de tu Hijo? ¿No está tu corazón lleno de gracia? Y si está abierto, ¿cómo no pasaría esa gracia al corazón que se le una? Y si tu Hijo es la gloria de los bienaventurados; ¿cómo, estando atravesado, no derrama la dulzura de aquella gloria en el corazón unido a él? No entiendo cómo puede ser de otra manera, pero temo que a veces estamos muy lejos y creemos estar cerca. Oh, Señora mía, ¿por qué no me das lo que te pido? Si te he ofendido, hiere mi corazón por justicia; si te he servido, entonces te pido lo hieras por gracia. ¿Y dónde está, Señora, dónde está tu piedad, donde está tu inmensa clemencia? ¿Por qué te has vuelto cruel para mí, tú que siempre fuiste benigna? ¿Por qué te me has vuelto avara, tú que siempre fuiste generosa y magnánima? No te pido, Señora, ni el sol ni las estrellas, sino las heridas. ¿Cómo puede ser que seas tan avara de ellas? Quítame la vida corporal, Señora, o hiere mi corazón. Es para mí vergonzoso y oprobioso ver a mi Señor herido y a ti, oh Señora mía, herida con él, mientras yo, vilísimo siervo, paso ileso. Sé muy bien qué haré: te lo suplicaré sin interrupción y con clamor y lágrimas, echado a tus pies, y seré muy importuno para ti; dame lo que te pido, y aunque me empujes para que me vaya, seguiré insistiendo y soportaré tus flagelos hasta yerme herido dondequiera, pues no son sino heridas lo que te pido. Si, en cambio, sin golpe alguno quisieras ablandarte, perseveraré constante y recibiré tus caricias, y esas mismas caricias herirán mi corazón con tu amor. Por el contrario, si no dijeras ni hicieras nada, entonces herirá mi corazón la tristeza y el dolor, y no me habré retirado sin herida. Amén.

Sor María de Jesús Agreda Te confieso soberana Reina de los cielos, María santísima, digna Madre de mi Señor Jesucristo, templo vivo de la divinidad y depósito de los tesoros de su gracia, principio de nuestro remedio, restauradora de la general ruina del linaje humano, nuevo gozo de los santos, gloria de las obras del Altísimo y único instrumento de su omnipotencia. Te confieso por Madre dulcísima de misericordia, refugio de los miserables, amparo de los pobres y consuelo de los afligidos; y todo lo que en ti, por ti y en ti confiesan los espíritus angélicos y los santos, todo lo confieso, y lo que en ti y por ti alaban a la divinidad y la glorifican, todo lo alabo y glorifico, y por todo te bendigo y magnifico, confieso y creo. Oh Reina y Señora de todo lo creado, que por tu sola y poderosa intercesión y porque tus ojos de clemencia me miraron, por esto convirtió a mí tu Hijo santísimo los de su misericordia, y mirándome como Padre, no se dignó por ti de escoger a este vil gusanillo de la tierra y la menor de las criaturas para manifestar sus venerables secretos y misterios. No pudieron extinguir su caridad inmensa las muchas aguas de mis culpas y pecados e ingratitudes y miserias, y mis tardas y torpes groserías no pusieron término ni ahogaron la corriente de la divina luz y sabiduría que me ha comunicado.

Fray Juan Gómez Breve exclamación a María Oh virgen María, Señora mía, con sólo oír tu nombre el paladar se saborea, la boca se hace un panal de miel y mi alma se alegra y regocija. Si la memoria de tu nombre alegra, y vuelve el alma al cuerpo, ¿qué será tu presencia dulce y apacible en la gloria? DE AUTORES VARIOS

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Card. Eduardo Pironio María, Madre de los pobres Madre de los pobres, hay mucha miseria en nuestros pueblos. Falta el pan material en muchas mesas, falta el pan de la verdad en muchas mentes, falta el pan del amor en muchos hombres, falta el pan del Señor en muchos pueblos. Tú conoces la pobreza y la viviste, danos alma de pobres para ser felices; pero alivia la miseria de los cuerpos y arranca del corazón de tantos hombres el egoísmo que empobrece. Nuestra Señora de América, ilumina nuestra esperanza, alivia nuestra pobreza, peregrina con nosotros hacia el Padre. Amén.

Card. Carlo Maria Martini Contigo, María María, madre de Jesús y madre nuestra, nos ponemos junto a ti bajo la cruz de tu Hijo, con el deseo de que tú nos hagas entrar en el misterio de su vida y de su muerte; habitar en su corazón; permanecer a sus pies en escucha y contemplación. Suscita en nosotros, María, aquellos sentimientos de participación en el sufrimiento de Cristo y del mundo, que fueron los tuyos. Tú ves qué imperfectas son nuestras palabras y qué lejanos nuestros conceptos de esta verdad que tú vives. Ayuda a cada uno de nosotros, a orar en silencio, a adorar. Danos la alegría, con tu Hijo, por la gracia del Espíritu Santo, que invocamos de la potencia del Padre. Amén.

Me confío a ti María, me confío a ti. Tú sabes que te amo, conoces mi debilidad y fragilidad, sabes que, aunque me crea desapegado, aunque quiera desear solamente el amor del Señor, me lamento como un águila herida cuando me veo privado de algo que considero importante. Te mego, oh Madre, que intercedas para que Jesús me guíe con su fuerza en la salida de Egipto, hacia la conquista de la tierra de Canaan. Oh María, ayúdame a mirar dentro mío y por encima de mí con esa mirada de verdad, de libertad, de simplicidad que me coloca en el justo camino de la cruz y de la resurrección, el camino que tú recorriste en la fe y en la alegría.

Hermann Schalück OFM Oración a Nuestra Señora de la Porciúncula María, Madre de nuestro Hermano y Señor Jesucristo, pobre y crucificado, Madre de nuestra Familia, Madre de los pobres: Escucha esta súplica confiada. Muchos pueblos carecen de pan material y espiritual. Muchas mentes y muchos corazones carecen del pan de la verdad y del amor. Muchos hombres carecen del pan de la palabra y del pan del Señor Arranca del corazón humano el egoísmo que empobrece. Que los pueblos del mundo entero acojan la Luz verdadera y caminen por sendas de Paz y de Justicia en el respeto mutuo y la solidaridad injertada en la humanidad de nuestro Dios. Señora de la Porciúncula: ilumina nuestra esperanza, purifica nuestros corazones, acompáñanos en los caminos de la evangelización hacia un mundo cada vez más justo y más libre para todos. Amén. 10/11/2008 09:04 p.m.

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Un Franciscano Padre Bueno, Padre de la vida, Señor de la historia. En el barro manso de la confianza de María modelaste el Evangelio de la gracia y del amor sin medida. Ella nunca dejó de entregarse en silencio para que su Hijo fuera nuestro, para que él mismo se entregara a ti. Ella se hizo grande en el servicio, se hizo fuerte en la pobreza, y se hizo madre en el amor. Ella fue la primera en poner en tus manos el cuerpo y la sangre de tu Hijo, que eran suyos, antes de que lo hiciera él mismo. Concédenos la gracia de ser como el pan que amasaban sus manos, y como el vino que servía en las fiestas, para acoger tu propia Esperanza en nuestros corazones pequeños, y comunicar al mundo la Alegría de tu Salvación. Amén.

PRINCIPALES DEVOCIONES FRANCISCANAS

Santo Via Crucis de San Leonardo de Porto Maurizío, OFM Acto de contrición y ofrecimiento Clementísimo Jesús mío, porque eres infinitamente bueno y misericordioso, te amo sobre todas las Cosas, y de todo corazón me arrepiento de haberte ofendido. Te ofrezco, Dios mío, este santo ejercicio en honra y veneración de aquel camino doloroso que tú hiciste por mí, indignísimo pecador. Amén. Primera Estación y). R).

Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. Pues por tu santa Cruz redimiste al mundo.

En esta primera estación se presenta la casa y el pretorio de Pilato, donde nuestro soberano Redentor, coronado de penetrantes espinas y todo bañado en sangre, recibió la inicua sentencia de muerte. ORACIÓN ¡Ay de mí, amado Jesús mío, y qué amor tan entrañable es el tuyo! Por una criatura tan ingrata quieres sufrir prisiones, cadenas y azotes tan crueles, hasta ser sentenciado a la ignominiosa muerte de cruz. ¡Ah, Dios mío! que sólo esto debía partirme el corazón y hacerme detestar tantos pecados míos que fueron la causa de tantos trabajos tuyos. Ya, pues, Señor, abomino todos mis pecados; ya los lloro, y por este camino doloroso andaré suspirando y repitiendo: Jesús mío, misericordia; Jesús mío, misericordia. Amén. V). Señor, pequé, ten misericordia de mí. R). Bendita y alabada sea la santa Pasión y Muerte de nuestro Redentor Jesús, y los dolores de su santísima Madre. Amén. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Segunda Estación Te adoramos, etc.

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En esta segunda estación se representa el lugar donde por mano de cruelísimos ministros fue cargado sobre los lastimados hombros de nuestro Redentor el pesadísimo madero de la cruz. ORACIÓN A mí, Jesús mío, a mí y no a ti se debe esa pesada cruz. ¡Oh cruz pesadísima, que fuiste fabricada con mis feas y enormes culpas! Ea, pues, Salvador mío, dame fortaleza para abrazar con amor la cruz de los trabajos que merecen mis gravísimos pecados, a fin de que, teniendo en el breve tiempo de esta vida la dichosa suerte de vivir abrazado a la santa Cruz, muera crucificado, y por este medio llegue finalmente a gozaste en el cielo. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Tercera Estación Te adoramos, etc. En esta tercera estación se representa el lugar donde el pacientísimo Jesús cayó en tierra la primera vez. ORACIÓN Amantísimo Redentor mío, aquí tienes postrado a tus pies al pecador más arrepentido de cuantos viven sobre la tierra. ¡Oh cuántas caídas! ¡Oh cuántas veces yo mismo me he precipitado en un abismo de iniquidad! Pero ya te pido tu mano soberana para levantarme. Ayúdame, Jesús mío, ayúdame para no caer en el resto de mi vida en ninguna culpa mortal, y asegurar de este modo con la muerte mi eterna salvación. Amén. Se,7or, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Cuarta Estación Te adoramos, etc. En esta cuarta estación se representa el lugar donde nuestro apasionado Redentor se encontró con su santísima Madre. ORACIÓN ¡Oh divino Hijo de María! ¡Oh santísima Madre de mi amado Jesús! Aquí me tenéis postrado a vuestros pies santísimos, humillado y compungido. Confieso que yo soy aquel traidor, que fabriqué con mis pecados el doloroso cuchillo que traspasó vuestros corazones; pero ya me arrepiento, y os pido a ambos perdón y misericordia. Salvador mío, misericordia; misericordia, Madre clementísirna, misericordia. Y concededme que me aparte desde ahora de las culpas, medite vuestras penas todo el tiempo de mi vida y pase después a veros y gozaros por la eternidad en la gloria. Amén. Señor ,pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Quinta Estación Te adoramos, etc.

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En esta quinta estación se representa el lugar donde los judíos obligaron al Cireneo a que ayudase a llevar la cruz a nuestro Redentor. ORACIÓN Amantísimo Salvador mío: te doy gracias por tantas y tan oportunas ocasiones como me das de padecer por ti y de merecer para mi. Haz, Dios mío, que sufriendo yo con paciencia todo aquello que tiene apariencia de mal en esta vida, consiga el tesoro de los bienes eternos en la otra; y que padeciendo aquí contigo desconsuelos y trabajos, sea digno de pasar a reinar también contigo eternamente en el cielo. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Sexta Estación Te adoramos, etc. En esta sexta estación se representa el lugar donde la santa mujer, Verónica, limpió con un paño el rostro ensangrentado del Señor. ORACIÓN Atormentado Salvador mío, te suplico por tu infinita bondad, que imprimas de tal manera en mi corazón la imagen de tu santísimo rostro, que nunca pueda olvidarme de ti, sino que puesta siempre delante de mi vista tu pasión dolorosa, llore continuamente mis enormes culpas; y alimentado en esta vida con el pan del dolor de mis pecados, logre después la dicha de ver lleno de gloria tu rostro en el cielo. Amén. Señor ,pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Séptima Estación Te adoramos, etc. En esta séptima estación se representa el lugar de la puerta de Jerusalén, llamada Judiciaria, donde nuestro fatigado Redentor cayó en tierra la segunda vez. ORACIÓN ¡Oh santísimo Redentor mío! Aunque te miro caído en ese suelo, te confieso al mismo tiempo omnipotente. Te suplico me concedas eficaces gracias para abatir todos mis pensamientos de soberbia, vanidad y amor propio; a fin de que caminando siempre en humildad y abatimiento, y abrazando de corazón el retiro y los desprecios, merezca aliviaste de tan dolorosa caída, y después ser levantado a gozaste en la gloria por toda la eternidad. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Octava Estación

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Te adoramos, etc. En esta octava estación se representa el lugar donde el benignísimo Jesús consoló a unas mujeres de Jerusalén que llorando le seguían. ORACIÓN Amabilísimo Salvador mío, ¿cómo no se deshace mi corazón en lágrimas al ver que por mí te hallas entre tan indecibles tormentos? Lágrimas, Señor, te pido, y lágrimas de dolor y compasión; a fin de que por ellas, y con el propósito que ahora hago de no volver a ofenderte, merezca aquella piedad que mostraste a las piadosas mujeres. Concédeme, Jesús mío, esta consolación divina; para que mirado por ti con ojos de piedad en esta vida, tenga seguridad en la muerte de pasar a verte en la gloria. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Novena Estación Te adoramos, etc. En esta novena estación se representa el lugar donde nuestro pacientísimo Salvador, destituido en gran manera de fuerzas, cayó por tercera vez en tierra. ORACIÓN Omnipotente Dios mío, que con sólo un dedo sustentas los cielos y la tierra, ¿quién, Señor, te ha hecho caer desmayado hasta pegar tu divino rostro en el suelo? Mas, ¡ay de mí! que quien te ha postrado han sido mis reincidencias y mis repetidas culpas, añadiendo en ti tormentos a tormentos, con añadir yo pecados a pecados. Pero, ya reconocido me postro a tus pies benditos; y con propósito firme de no repetir más culpas, te digo desde lo más intimo de mi alma: no más pecar, mí Dios; no más pecar. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Décima Estación Te adoramos, etc. En esta décima estación se representa el lugar donde desnudaron a nuestro soberano Redentor con la mayor inhumanidad, y le dieron a beber vino mezclado con hiel. ORACIÓN Afligidísimo Jesús mío, ¡qué horrible diferencia de mí a ti estoy mirando! Tú, Señor, todo sangre, todo llagas, todo desnudez, todo amarguras; y yo todo deleites, todo vanidad, todo dulzura. ¡Ah, Señor, y qué errados han sido mis caminos! Bien lo conozco en ti que eres el camino verdadero: pero dame tu auxilio soberano para poder cambiar de vida, y pon tal amargura en mí gusto para las cosas de este mundo, que de aquí en adelante no guste ya otra cosa que los dolores de tu santísima pasión, y consiga de este modo el pasar después de mi muerte a gustar las dulzuras de la gloria. Amén. Señor, pequé, etc.

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Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Undécima Estación Te adoramos, etc. En esta undécima estación se representa el lugar donde los judíos tendieron al Señor sobre la cruz, y le clavaron en ella en presencia de su Madre santísima. ORACIÓN Clementísimo Redentor mío, crucificado por mi amor, hiende, Señor, te pido, y traspasa mí duro corazón con los clavos de tu santo amor. Y ya que mis pecados fueron los clavos crueles que te traspasaron los pies y las manos, haz que tu amor, tu temor, y el dolor de haberte ofendido, sean los artífices que fijen y moderen en mí todas mis desordenadas pasiones, para que teniendo la feliz y dichosa suerte de vivir crucificado contigo en la tierra, pase a reinar también contigo en las felicidades de la gloria. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Duodécima Estación Te adoramos, etc. En esta duodécima estación se representa el lugar donde nuestro piadosísimo Salvador, después de puesto en la cruz, fue levantado en ella, y dio su amorosa vida redimiendo al mundo. ORACIÓN Amabilísimo Redentor mío, ya reconozco y confieso que mis gravísimas culpas son los verdugos más despiadados que te han quitado la vida, y que no merezco el perdón de tantas y tan graves ofensas: pero oyéndote a ti en esa cruz perdonar a tus enemigos, ¡oh, cuánto ánimo y esfuerzo recibe mi corazón! Y si con eso me enseñas también a perdonar, aquí me tienes pronto para perdonar de corazón a cuantos me hubieran ofendido. Sí, mí Dios, por amor tuyo a todos perdono, y deseo el bien a todos, para que así me concedas que en la última hora de mí vida escuche de tu divina boca aquella feliz promesa: Hoy estarás conmigo en el paraíso. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Decimotercera Estación Te adoramos, etc. En esta decimotercera estación se representa el lugar donde el cuerpo muerto de nuestro adorable Salvador fue bajado de la cruz y puesto en los brazos de su afligidísima Madre. ORACIÓN ¡Oh valerosa Reina de los mártires, qué mar inmenso de penas y tormentos está hecho tu tiernísimo corazón! Conozco no ser digno de acompañarte en tu sentimiento, por haber sido yo la causa de que tan cruel espada traspase tu alma. Pero usando de tu bondad y misericordia, alcánzame de tu divino Hijo un verdadero dolor de mis ceguedades pasadas, a fin de que sintiéndolas con amargura,

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participe de tus aflicciones en esta vida, y pase a hacerte compañía en los consuelos de la eterna. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

Decimocuarta Estación Te adoramos, etc. En esta decimocuarta estación se representa el lugar del Santo Sepulcro, donde fue colocado el cuerpo muerto de Jesús. ORACIÓN Piadosísimo Jesús, que por mí amor quisiste andar todo este camino doloroso, te adoro ya muerto y encerrado en ese Santo Sepulcro. Quisiera, Señor mío, tenerte encerrado en mí pobre corazón, a fin de que unido a ti, después de este santo ejercicio me levante a nueva vida de gracia, y merezca con la perseverancia morir en tu amistad. Concédemelo, Señor, por los méritos de tu pasión santísima, que he meditado en este Vía Crucis-, y que en el extremo de mi vida, sea mi único alimento el Santísimo Sacramento del altar; mis últimas palabras aquellos dulcísimos nombres Jesús y María; y que mi último aliento se una con aquel con que tú expiraste en la cruz; para que de este modo con fe viva, esperanza cierta y caridad perfecta, muera contigo y muera por ti para reinar también contigo por los siglos de los siglos en el cielo. Amén. Señor, pequé, etc. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Cristo se hizo por nosotros obediente hasta la muerte y muerte de cruz, por eso Dios lo exaltó y le dio el Nombre que está sobre todo nombre; de modo que al Nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor, para gloria de Dios Padre. V). Te adoramos, Cristo, y te bendecimos. R). Pues por tu santa cruz redimiste al mundo. ORACIÓN Dios, que por la gloriosa pasión de tu Hijo enseñaste a llegar a la gloria eterna por el Camino de la Cruz: concede propicio que a aquél a quien nos asociamos con piadosos afectos en el lugar del Calvario, lo sigamos también en sus triunfos para siempre. Quien vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén.

Corona franciscana de las Siete Alegrías de María Al comenzar la Corona Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, en quien creo, en quien espero y a quien amo sobre todas las cosas: sólo por ser tú quien eres me duele haberte ofendido, y quisiera morir antes que volver a pecar, ayudado por tu divina gracia; dámela, Dios mío, para rezar con fervor esta corona de tu santísima Madre. Amén. La Corona se compone de siete decenas de Avemarías precedidas por un Padrenuestro y concluidas con

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un Gloria. Al terminar la séptima Alegría se añaden dos Avemarías más, para completar los setenta y dos años que, según la tradición, habría vivido la Santísima Virgen. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

María concibe a Jesús María visita a su prima Isabel María da a luz a Jesús María durante la visita de los reyes de Oriente María encuentra a Jesús después de tres días de búsqueda, en el Templo Encuentro de Jesús resucitado y María María es asunta a los cielos

Después de cada Gloria Bendita sea la santa, inmaculada y purísima concepción de la bienaventurada virgen María, madre de Dios. Al final de la Corona Dios te salve, hija de Dios Padre; Dios te salve, madre de Dios Hijo; Dios te salve, esposa del Espíritu Santo; Dios te salve, templo y sagrario de la Santísima Trinidad; Dios te salve, concebida sin mancha de pecado original en el primer instante de tu vida natural. Amén.

Corona de los Siete Dolores de María Para el rezo de la Corona de los Dolores se procede igual que para el de la Corona de las Alegrías. Esta Corona se reza, especialmente, durante el tiempo de Cuaresma y los viernes del año. 1. 2. 3. 4. 5. 6. 7.

María recibe la Profecía del Anciano Simeón. María huye junto a José y a su Hijo hacia Egipto. María busca durante tres días a Jesús. María acompaña a Jesús hasta el Calvario. María ve crucificar a Jesús. Muerte de Jesús y deposición de su cuerpo en brazos de María. Sepultura de Jesús y soledad de María.

Letanías del Santísimo Nombre de Jesús Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Jesús, óyenos. Jesús, escúchanos. Dios Padre Celestial, Dios Hijo Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Trinidad Santa, uno sólo Dios, Jesús, Hijo de Dios vivo, Jesús, esplendor del Padre, Jesús, pureza de luz eterna, Jesús, rey de la gloria, Jesús, sol de justicia, Jesús, Hijo de la Virgen María, Jesús, amable, Jesús, admirable,

ten piedad de nosotros. “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ “ 10/11/2008 09:04 p.m.

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Jesús, Dios fuerte, Jesús, Ángel del gran consejo, Jesús, todopoderoso, Jesús, pacientísimo, Jesús, obedientísimo, Jesús, manso y humilde de corazón, Jesús, amante de la castidad, Jesús, que nos honras con tu amor, Jesús, Dios de paz, Jesús, autor de la vida, Jesús, ejemplar de todas las virtudes, Jesús, custodio de nuestras almas, Jesús, nuestro Dios, Jesús, nuestro refugio, Jesús, nuestro Maestro, Jesús, nuestro Amigo, Jesús, nuestro Hermano, Jesús, padre de los pobres, Jesús, tesoro de los fieles, Jesús, Buen Pastor, Jesús, verdadera luz, Jesús, sabiduría eterna, Jesús, bondad infinita, Jesús, camino, verdad y vida nuestra, Jesús, alegría de los ángeles, Jesús, rey de los Patriarcas, Jesús, maestro de los Apóstoles, Jesús, doctor de los Evangelistas, Jesús, fortaleza de los Mártires, Jesús, luz de los Confesores, Jesús, pureza de las Vírgenes, Jesús, corona de todos los santos, Sénos propicio, perdónanos Jesús; Sénos propicio, escúchanos Jesús, De todo mal, De todo pecado, De tu ira, De las tentaciones del demonio, Del espíritu de fornicación, De la muerte eterna, Del descuido de tus divinas inspiraciones, Por el misterio de tu santa encarnación, Por tu nacimiento, Por tu infancia, Por toda tu vida, Por tus fatigas, Por tu pasión y tu agonía, Por tu cruz y tu desamparo, Por tu muerte y tu sepultura, Por tu resurrección, Por tu ascensión a los cielos, Por la institución de tu santísima Eucaristía, Por tus alegrías, Por tu gloria,

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Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Jesús; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos Jesús; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. Jesús, óyenos, Jesús, escúchanos. ORACIÓN Señor nuestro Jesucristo, que dijiste: Pedid y recibiréis, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá te suplicamos derrames sobre nosotros la ternura de tu divino amor, a fin de que, amándote de todo corazón, en la palabra y en las obras nunca cesemos de bendecir tu santo Nombre. Haz, Señor, que reine siempre en nosotros un temor respetuoso y un amor ardiente por tu Santo Nombre, ya que tu providencia no abandona jamás a los que has establecido en la solidez de tu amor. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías del Sagrado Corazón de Jesús Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros. Dios Hijo Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Trinidad Santa, uno sólo Dios, Corazón de Jesús, Hijo del eterno Padre Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, Corazón de Jesús, unido substancialmente al Verbo de Dios, Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del Cielo, Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, Corazón de Jesús, receptáculo de justicia y de amor, Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, Corazón de Jesús, dignísimo de toda alabanza, Corazón de Jesús, rey y centro de todos los corazones, Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, Corazón de Jesús, en quien habita toda la plenitud de la divinidad, Corazón de Jesús, en quien el Padre se complació mucho, Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, Corazón de Jesús, deseo de los eternos collados, Corazón de Jesús, paciente y rico en misericordia, Corazón de Jesús, rico para con todos los que te invocan, Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, Corazón de Jesús, saturado de oprobios, Corazón de Jesús, triturado por nuestros delitos, Corazón de Jesús, hecho obediente hasta la muerte, Corazón de Jesús, perforado por una lanza, Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra,

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Corazón de Jesús, víctima de los pecados, Corazón de Jesús, salvación de los que en ti esperan, Corazón de Jesús, esperanza de los que en ti mueren, Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. V. Jesús, manso y humilde de corazón R. Haz mi corazón semejante al tuyo. ORACIÓN Omnipotente y sempiterno Dios, mira el Corazón de tu amadísimo Hijo y las alabanzas y satisfacciones que en nombre de los pecadores te presentó, y concede benigno el perdón a quienes acuden a tu misericordia, en nombre de tu mismo Hijo Jesucristo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías de la Santísima Virgen María Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Dios Padre Celestial, Dios Hijo Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Trinidad Santa, uno sólo Dios, Santa María, Santa Virgen de las vírgenes, Madre de Cristo, Madre de la divina gracia, Madre purísima, Madre castísima, Madre intacta, Madre incorrupta, Madre inmaculada, Madre amable, Madre admirable, Madre del buen consejo, Madre del Creador, Madre del Salvador, Virgen prudentísima, Virgen digna de veneración, Virgen digna de alabanza, Virgen poderosa, Virgen clemente, Virgen fiel, Espejo de justicia, Trono de la sabiduría,

ten piedad de nosotros.

ruega por nosotros,

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Causa de nuestra alegría, Vaso espiritual, Vaso digno de honor, Vaso insigne de devoción, Rosa mística, Torre de David, Torre de marfil, Casa de oro, Arca de la Alianza, Puerta del cielo, Estrella de la mañana, Salud de los enfermos, Refugio de los pecadores, Consuelo de los afligidos, Auxilio de los cristianos, Reina de los ángeles, Reina de los Patriarcas, Reina de los Profetas, Reina de los Apóstoles, Reina de los Mártires, Reina de los Confesores, Reina de las Vírgenes, Reina de todos los Santos, Reina concebida sin mancha de pecado original, Reina de la Paz, Reina de la Orden de los Menores, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. ORACIÓN Oh Dios, que has hecho que él espíritu de tu santísima Madre fuese colmado de tan admirables alegrías en Ti; concédenos propicio que, ayudados por los méritos de ella, seamos siempre llenos de espiritual consuelo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Letanías de San José Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, ten piedad de nosotros. Señor, ten piedad de nosotros. Cristo, óyenos. Cristo, escúchanos. Dios Padre Celestial, ten piedad de nosotros. Dios Hijo Redentor del mundo, Dios Espíritu Santo, Trinidad Santa, uno sólo Dios, San José, Gloriosa descendencia de David,

ruega por nosotros.

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Luz de los Patriarcas, Esposo de la Madre de Dios, Custodio puro de la Virgen, Padre del Hijo de Dios, Fiel defensor de Cristo, Cabeza de la Sagrada Familia, José justísimo, José castísimo José prudentísimo, José fortísimo José obedientísimo, José fidelísimo, Espejo de paciencia, Amante de la pobreza, Modelo de los artesanos, Honor de la vida doméstica, Custodio de las vírgenes, Columna de las familias, Consuelo de los afligidos, Esperanza de los enfermos, Patrono de los moribundos, Terror de los demonios, Protector de la Santa Iglesia, Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, perdónanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, escúchanos Señor; Cordero de Dios, que quitas los pecados del mundo, ten misericordia de nosotros. V. Lo constituyó señor de su casa. R. Y príncipe de toda su herencia. ORACIÓN Dios, que por tu inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado José como esposo de tu Santísima Madre, te rogamos que merezcamos tener por intercesor en los cielos a aquél que veneramos como nuestro protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

ANTÍFONAS MARIANAS

Ave Maria Ave, Maria, gratia plena, Dominus tecum benedicta tu in mulieribus et benedictus fructus ventris tui Iesu. Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus nunc et in ora

Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor está contigo bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús. Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de

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mortis nostre. Amen.

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nuestra muerte. Amén.

Salve, Regina Salve, Regina, Mater rnísericordiae, vita, dulcedo et spes nostra, salve, Ad te clamamus exules filii Evae, ad te suspiramus gementes et flentes in hac lacrimarum valle, Eia, ergo, advocata nostra, ilos tuos misericordes oculos ad nos converte et Iesum, benedictum fructum ventris tui, nobis post hoc exilium ostende. O clemens, o pia, o dulcis Virgo Maria!

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia, vida, dulzura y esperanza nuestra, Dios te salve. A ti clamamos los desterrados hijos de Eva, a ti suspiramos gimiendo y llorando en este valle de lagrimas. Ea, pues, señora abogada nuestra, vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y, después de este destierro, muéstranos a Jesús, fruto bendito de tu vientre. ¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!

V. Ora pro nobis, Sancta Dei Genitrix. R. Ut digni efficiamur promissionibus Christi.

V. Ruega por nosotros, santa Madre de Dios. R. Para que seamos dignos de recibir las promesas y gracias de nuestro Señor Jesucristo.

Sub tuum praesidium Sub tuum príesidium confugimus, Sancta Dei Genitrix, nostras deprecationes, ne despicias in necessitatibus, sed a periculis cunctis libera nos, o Virgo gloriosa et benedicta.

Bajo tu amparo nos acogemos, Santa Madre de Dios, no desprecies las oraciones que te dirigirnos en nuestras necesidades, antes bien, líbranos de todo peligro, oh Virgen gloriosa y bendita,

Alma Redemptoris Mater Alma Redemptoris mater, quae pervia coeli porta manes, stella maris, succurre cadenti, surgere qui curat populo.

Madre del Redentor, virgen fecunda, puerta del cielo siempre abierta, estrella del mar, ven a librar al pueblo que tropieza y se quiere levantar.

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Tu quae genuisti, natura mirante tuum sanctum Genitorem,

Ante la admiración de cielo y tierra, engendraste a tu santo Creador,

Virgo prius ac posterius, Gabrielis ab ore, summens illud Ave, peccatorum miserere.

y permaneces siempre virgen. Recibe el saludo del ángel Gabriel, y ten piedad de nosotros, pecadores.

Ave, Regina caelorum Ave, Regina coelorum, Ave, domina angelorum, salve radix, salve porta, ex qua mundo lux est orta.

Salve, Reina de los cielos y Señora de los ángeles; salve, raíz; salve, puerta que dio paso a nuestra luz.

Gaude, virgo gloriosa, super omnes speciosa. Vale, o valde decora, et pro nobis Christum exora.

Alégrate, virgen gloriosa, entre todas la más bella; salve, agraciada doncella, ruega a Cristo por nosotros.

Regina coeli Regtna Coeli, laetare, alleluia; Quia quem meruisti portare, alleluia; Resurrexit sicut dixit, alleluia. Ora pro nobis Deum, alleluia. V) Gaude et laetare, Virgo Maria, alleluia; R) Quia surrexit Dominus vere, alleluia. .

Reina del Cielo, alégrate, aleluya; Porque aquél a quien mereciste llevar en tu seno, aleluya; Resucitó según su palabra, aleluya. Ruega a Dios por nosotros, aleluya. V) Goza y alégrate, Virgen María, aleluya; R) Porque verdadera mente ha resucitado el Señor, aleluya

Tota pulchra V).Tota pulchra es, Maria. R). Tota pulchra es, Maria. V). Et macula originalis non est in te. R). Et macula originalis non est in te. V). Tu gloria Ierusalem. R). Tu laetitia Israel.

V). Toda hermosa eres, María. R). Toda hermosa eres, María. V). Y la mancha original no se halla en ti. R). Y la mancha original no se halla en ti. V). Tú, la gloria de Jerusalén. R). Tú, la alegría de Israel.

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V). Tu honorificentia populi nostri. R). Tu advocata peccatorum. V). O Maria. R). O Maria. V). Virgo prudentissima. R). Mater clementissima. V). Ora pro nobis. R). Intercede pro nobis ad Dominum Iesum Christum.

V). In conceptione tua, Virgo, immaculata fuisti. R). Ora pro nobis Patrem, cuius Filium peperisti.

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V). Tú, el honor de nuestro pueblo R). Tú, la abogada de los pecadores. V). ¡Oh, María! R). ¡Oh, María! V). Virgen prudentísima R). Madre clementísima. V). Ruega por nosotros. R). Intercede por nosotros ante el Señor Jesucristo.

V). En tu concepción, oh Virgen, inmaculada fuiste. R). Ruega por nosotros al Padre, cuyo Hijo diste a luz.

Stabat Mater Stabat Mater dolorosa Juxta crucem lacrimosa Dum pendebat Filius.

Estaba la Madre dolorosa Junto a la cruz lacrimosa Mientras pendía el Hijo.

Cujus animam gementem Contristatam et dolentem Pertransivit gladius.

Cuya alma lastimosa, Entristecida y doliente, atravesó la espada.

O quam trístis et afflícta Fuit illa benedícta Mater Unigéniti!

¡Oh, cuán triste y afligida fue aquella inmaculada Madre del Unigénito!

Quae maerébat, et dolébat Pia Mater dum vidébat Nati poenas ínclyti.

La piadosa madre que sufría y se dolía al ver los dolores de su ínclito Hijo.

Quis est homo qui non fleret, Matrem Christi si vidéret In tanto supplício?

¿Quién es el hombre que no llorara, viendo a la Madre de Cristo en tan gran suplicio?

Quis non posset constristári, Christi Matrem contemplári Doléntem cum Filio?

¿Quién es aquel que no se entristecería si a la Madre de Cristo contemplara sufriendo con el Hijo?

Pro peccátis suae gentis Vidit Jesum in torméntis, Et flagéllis súbditum.

Por el pecado de su pueblo vio a Cristo entre tormentos y sometido a los flagelos.

Vidit suum dulcem natum, Moriéndo desolátum, Dum emísit spíritum.

Vio a su dulce Hijo muriendo desolado, al exhalar su espíritu.

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Eia, Mater, fons amóris, Me sentíre vim dolóris Fac ut tecum lúgeam. Fac ut ardeat cor meum, In amándo Christum Deum, Ut sibi compláceam.

Ea, Madre, fuente de amor, hazme sentir la fuerza del dolor, haz que llore contigo. Haz que arda mi corazón amando a Cristo Dios, para que le agrade.

Sancta Mater, istud agas, Crucifixi fige plagas Cordi meo válide. Tui Nati vulneráti, Tam dignáti pro me pati, Poenas mecum dívide.

Santa Madre, haz esto: Graba las llagas del Crucificado Fuertemente en mi corazón. De tu Hijo herido, que se dignó padecer por mi, reparte conmigo las penas.

Fac me tecum pie flere, Crucifixo condolére, Donec ego víxero. Juxta crucem tecum stare, Et me tibi sociáre In planctu desídero.

Hazme llorar piadosamente contigo, mientras viva. Junto a la cruz estar contigo, y asociarme a ti en el llanto deseo.

Virgo vírginum praeclára, Mihi jam non sis amára: Fac me tecum plángere.

Virgen de vírgenes preclara, ya no seas amarga para mi, haz que llore contigo.

Fac ut portem Christi mortem, Passiónis fac consórtem, Et plagas recólere. Fac me plagis vulnerári, Fac me cruce inebriari, Et cruóre Filii, Flammis ne urar succénsus,

Haz que lleve la muerte de Cristo, hazme compañero de su pasión y que sus llagas medite. Haz que me hieran las llagas de tu Hijo, y que me embriaguen su cruz y su sangre. Para no arder en las llamas,

Per te, Virgo, sim defénsus In die judícii. Christe, cum sit hinc exíre, Da per Matrem me veníre Ad palmam victóriae. Quando corpus moriétur, Fac ut ánimae donétut Paradísi glória. Amen.

sea por ti, oh Virgen defendido en el día del juicio. Cristo, cuando tenga que salir de esta vida, concédeme que por la Madre alcance la palma de la Victoria. Y cuando el cuerpo muera, haz que al alma se le conceda la gloria del paraíso. Amén. JACOPONE DE TODI, OFM

Stabat Mater speciosa Stabat Mater speciosa, Juxta foenum gaudiosa, Dum jacebat parvulus. Cuius ánimam audentem, Laetabundam et ferventem, Pertransivit jubilus. O quam laeta et beata,

Estaba la Madre hermosa junto al heno jubilosa mientras yacía el pequeño. Cuya alma gozosa, alegre y fervorosa, atravesó el júbilo. ¡Oh, cuan alegre y bienaventurada 10/11/2008 09:04 p.m.

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Fuit ulla immaculata Mater Unigeniti! Quae gaudebat et ridebat, Exsultabat, cum videbat Nati partum inclyti. Quis est qui non congauderet Matrem Christi si videret In tanto solatio? Quis non posset colaetari Christi Matrem contemplari Ludentem cum Filio? Pro peccatis suae gentis Christum vidit cum jumentis Et algori subditum. Vidit suum dulcem Natum Vagientem, fasciatum, In praesepe positum.

fue aquella inmaculada Madre del Unigénito! Quien gozaba y se reía, exultaba cuando veía a su ínclito Hijo recién nacido. ¿Quién es aquel que no gozaría si a la Madre de Cristo viera en tan grande solaz? ¿Quién sería incapaz de alegrarse contemplando a la Madre de Cristo jugando con su Hijo? Por el pecado de su pueblo vio a Cristo entre jumentos y sometido al rigor del frío. Vio a su dulce Recién Nacido Lloriqueando, fajado, y reclinado en el pesebre.

Eia, Mater, fons amoris, Me sentire vim ardoris, Fac ut tecum ferveam.

Ea, Madre, fuente de amor, hazme sentir la fuerza del ardor para alegrarme contigo.

Fac ut ardeat cor meum In amando Christum Deum, Ut sibi complaceam.

Haz que arda mi corazón amando a Cristo Dios, para que le agrade.

Sancta Mater istud agas: Prone introducas plagas Cordi fixas valide, Tui Nati caelo lapsi, Jam dignati foeno nasci Poenas mecum divide, Fac me vere congaudere, Jesulino cohaerere, Donec ego vixero.

Santa Madre, haz esto: que sus llagas queden grabadas fuertemente en mi corazón. De tu Hijo caído del cielo, quien se dignó nacer en el heno, reparte conmigo las penas. Hazme gozar realmente, y unirme con Jesusito, mientras viva.

In me sistat ardor tui, Puerino fac me frui, Da quod tam desidero. Virgo virginum praeclara, Mihi tutam viam para, Fac me pie vivere. Fac ut portem Christum fortem, Qui nascendo vicit mortem Volens vitam tradere. Fac me tecum satiari, Tecum et inebrian Tuo dulci Filio, Inflamrnatus et accensus, Obstupescit omnis sensus Tali de commercio. Fac me Nato custodiri, Verbo Dei praemuniri, Dum sumin exsilio. Quando corpus morietur,

Permanezca en mi tu ardor, hazme disfrutar del Pequeñito, dame lo que tanto deseo. Virgen de vírgenes preclara, un camino seguro para mí prepara, hazme vivir en piedad. Haz que lleve a Cristo, el fuerte, el que naciendo venció a la muerte queriendo entregar la vida. Haz que contigo me sacie, y que contigo me embriague de tu dulce Hijo. Inflamado y encendido, se pasma todo sentido ante semejante alianza. Haz que tu Hijo me proteja, que el Verbo de Dios me defienda mientras vivo en este exilio. Y cuando el cuerpo muera,

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Fac ut animae donetur Tui Nati visio. Amen. .

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haz que al alma se le conceda la visión de tu Hijo.Amén

ANÓNIMO

Los siete domingos de San José 1. Castísimo esposo de María, glorioso San José, ¡qué aflicción y angustia la de tu corazón en la perplejidad en que estabas sin saber si debías abandonar o no a tu amada esposa sin mancha! Pero ¡qué inefable tu alegría cuando el ángel te transmitió el misterio de la encamación! Pon este dolor y este gozo te pedimos que consueles nuestro corazón ahora y en nuestros últimos dolores, con la alegría de una vida justa y de una santa muerte, semejante a la tuya, asistidos de Jesús y de María. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 2. Bienaventurado Patriarca, glorioso San José, elegido para ser padre adoptivo del Hijo de Dios hecho hombre, el dolor que sentiste viendo nacer al Niño Jesús en tan gran pobreza, se cambió de pronto en alegría celeste al oír el armonioso concierto de los, ángeles y al contemplar las maravillas de aquella noche tan resplandeciente. Por este dolor y gozo, alcánzanos que después del camino de esta vida vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 3. Ejecutor obedientísimo de la ley de Dios, glorioso San José, la sangre preciosísima que el Redentor niño derramó en su circuncisión te traspasó el corazón, pero el Nombre de Jesús que entonces se le impuso, te confortó colmándote de alegría. Por este dolor y este gozo alcánzanos alejamos del pecado, a fin de terminar gozosos nuestra vida, con el santísimo Nombre de Jesús en el corazón y en los labios. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 4. Santo fidelísimo, que tuviste parte en los misterios de nuestra redención, glorioso San José, aunque la profecía de Simeón acerca de los sufrimientos que debían pasar Jesús y María te causó dolor de muerte, sin embargo te llenó también de alegría al anunciarte, al mismo tiempo, la salvación y resurrección gloriosa del pueblo. Por este dolor y este gozo, concédenos participar, por los méritos de Jesús y la maternal intercesión de María, de la resurrección gloriosa de los justos. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 5. Custodio vigilante, confidente y educador del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José, cuánto has debido fatigar para procurarle el sustento a Jesús y a tu esposa, en los duros años de Egipto y en tu pobre hogar de Nazaret. ¡Pero qué grande fue también tu alegría teniendo siempre contigo a ambos! Por este dolor y gozo, no permitas que nunca nos falte el trabajo, ni se entibie en nosotros la solidaridad con los hermanos ni la intimidad con el Señor. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. 6. Padre ejemplar, hombre íntegro, glorioso San José, que pudiste admirar al rey de los cielos sometido a tus más mínimos mandatos, aunque la alegría del retorno a la patria se turbó por temor a Arquelao, tranquilizado luego por el ángel, viviste dichoso en Nazaret con Jesús y con Maria. Por este dolor y este gozo, alcánzanos la gracia de desterrar de nuestro corazón todo miedo que nos paralice, de poseer la paz del alma y de vivir seguros con Jesús y con María, asistidos en la hora de nuestra muerte por ellos y por ti. Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

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7. Modelo de toda santidad, glorioso San José, que habiendo perdido sin culpa tuya al Niño Jesús le buscaste durante tres días con profundo dolor y preocupación, hasta que lleno de gozo, le encontraste en el templo en medio de los doctores. Por este dolor y gozo, te suplicamos con palabras nacidas del corazón que intercedas por nosotros para que no nos suceda jamás perder a Jesús por algún pecado grave. Mas, si por nuestra culpa lo perdemos, haz que le busquemos con tal dolor y tal ardor, que no reposemos hasta encontrarle misericordioso y compasivo, para gozarle en el cielo y cantar junto a ti eternamente su grandeza. Padrenuestro, Avemaría y Gloria. Antífona Jesús mismo era tenido por hijo de José cuando empezaba a tener alrededor de treinta años. V). Ruega por nosotros, San José. R). Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Cristo. ORACIÓN Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste elegir al bienaventurado José por esposo de tu santísima Madre, te rogamos nos concedas tener como intercesor en los cielos a aquel que veneramos como protector en la tierra. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Secuencia de nuestro Padre San Francisco Sanctitatis nova signa Prodierunt, laude Mira valde et benigna In Francisco credita. Regulatis novi gregis Jura dantur novae legis, Renovantur jussa Regís Per Franciscum tradita.

Se vieron nuevos signos digna, de santidad, de alabanza muy dignos, admirables y benignos, otorgados a Francisco. A los regulares de la nueva grey, Francisco les da los estatutos de una nueva ley, y les entrega renovados los mandamientos del Rey.

Novus Ordo, nova vita Mundo surgit inaudita; Restauravit lex sancita Statum Evangelicum.

Una nueva Orden, una nueva vida surgen en el mundo, nunca oídas restauró la ley sancionada el estado evangélico.

Legi Christi paris formae Reformatur jus conforme; Tenet ritus datae normae Culmen Apostolicum . Chorda rudis, vestís dura Cingit, tegit sine cura Panis datur in mensura, Calceus abiicitur.

A la ley de Cristo de igual modo, se reforma el derecho conforme; la silla apostólica aprueba los ritos de la regla nueva. Ruda cuerda, ásperos vestidos ciñe y teje sin cuidado; el pan se le da escaso, y el calzado es rechazado.

Paupertatem tantum quaerit, De terrenis nihil gerit, Hic Franciscus cuncta terit,

Sólo busca la pobreza, de nada terreno se preocupa, este Francisco todo lo deja, 10/11/2008 09:04 p.m.

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Loculus despicitur.

y la bolsa la desprecia.

Quíerit loca lacrymarum, Promit voces cor amarum, Gemit maestus tempus carum Perditum in saeculo.

Busca lugares para las lágrimas, voces da su corazón compungido, y triste eleva sus gemidos por el precioso tiempo en el siglo perdido.

Montis antro sequestratus Plorat, orat humí stratus, Tandem mente serenatus Latitat ergastulo.

Retirado en una caverna del monte, llora, ora por tierra postrado, mas cuando el alma se serena se esconde en aquella cárcel.

Ibi vacat rupe tectus, Ad divina sursum vectus, Spernit ima judex rectus, Eligit coelestia.

Allí descansa cubierto por la roca, elevado a las cosas divinas, recto juez de las de abajo, elige las celestiales.

Carnem frenat sub censura Transformatam in figura, Cibum capit de Scriptura, Abigit terrestria.

Refrena la carne bajo censura, transformándola en mera figura;toma su alimento de la Escritura y aleja de sí las cosas de la tierra.

Tunc ab alto vir hierarcha Venit ecce Rex monarcha, Pavet iste patriarcha Visione territus.

Entonces de lo alto el varón jerarca, he aquí que viene el Rey monarca, tiembla este patriarca aterrado por la visión.

Defert ille signa Christi, Cicatrices confert isti, Dum miratur corde tristi Passionem tacitus.

Trae aquél las señales de Cristo, y confiere a éste las cicatrices, mientras se admira con corazón triste, abismado en su pasion.

Sacrum corpus consignatur, Manu, pede, vulneratur, Dextrum latus perforatur, Cruentatur sanguine.

El sagrado cuerpo queda marcado, en manos y pies herido, el costado derecho atravesado, y todo cubierto de sangre.

Verba miscent, arcanorum Multa clarent futurorum, Videt sanctus dictorum Mystico sptramine.

Cambian palabras, y se esclarecen muchos futuros arcanos, comprende el santo el significado de lo dicho por mística inspiración.

Patent statim miri clavi Foris nigri, intus flavi, Pungit dolor poena gravi, Cruciant aculei.

Aparecen al momento admirables clavos, negros por fuera, por dentro rojos; lo lacera el dolor con agudo sufrimiento, atormentado por sus puntas.

Cessat artis armatura In membrorum apertura, Non impressit hos natura, Non tortura mallei.

No interviene ninguna herramienta en la apertura de los miembros, no los imprimió la naturaleza, ni el martillo los procura.

Signis crucis, quae portasti, Per quae mundum triumphasti, Carnem hostem superasti

Con los signos de la cruz que llevaste, por los cuales sobre el mundo triunfaste, a la carne enemiga superaste

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Inclyta victoria.

con ínclita victoria.

Nos, Francisce, tueamur, In adversis protegamur, Ut mercede perfruamur, In caelesti gloria,

¡Defiéndenos, oh Francisco! Protégenos en las adversidades para que gocemos de la gracia en la gloria celestial.

Pater pie, Pater sancte, Plebs devota, te juvante, Turba fratrum comutante, Mereatur praemia.

Padre piadoso, Padre santo, que el piadoso pueblo, con tu ayuda, junto a la multitud de tus hermanos, merezca los premios.

Fac consortes supernorum, Quos informas vita morum, Consequatur grex Minorum Sempiterna gaudia. Amen, Alleluia.

Haz compañeros de los bienaventurados a quienes diste regla y vida, y que consiga el rebaño de los Menores los sempiternos gozos. Amén Alleluya.

Tránsito del bienaventurado Padre Francisco Himno Cayó la noche sobre el mundo, la creación fue envuelta en la sombra; el Seráfico Padre Francisco su vida concluye sereno. ¡Cuánta fuerza revela en su rostro! ¡Cuánta fe desde el alma segura! ¡Cuán grande el incendio que quema con ardientes llamas sus dulces entrañas! Lo rodean sus hijos devotos, y le imploran con voz sollozante: “¿Por qué debes, Pastor bienamado, tu rebaño dejar para siempre?” Elevando la vista a lo alto, mansamente extiende su diestra: “Os colme cual providente rocío abundante la gracia divina”. “De todos aleje el pecado, en los corazones alimente el amor, en las almas reavive la luz que esplendente conduce a la meta”. La voz se apaga en sus labios, el cielo arrebata su espíritu, su rostro revela, radiante, la perfecta alegría celeste. Gloria al Padre y al Hijo cantemos, y al Espíritu Consolador; Trinidad sempiterna y beata que enaltece a los pobres en el cielo. Amén. Lectura de la muerte de Francisco según Tomás de Celano El fin del hombre, dice el sabio, descubre lo que e! es. Esto se ve gloriosamente cumplido en este santo. Corriendo por la vía de los mandamientos de Dios con alegría del alma, llegó, por los grados de todas las virtudes, a escalar la cima, y como obra dúctil, perfectamente elaborada a golpes de martillo de múltiples tribulaciones, conducido a la perfección, alcanzó el límite de su consumación. Precisamente sus obras maravillosas resplandecieron más, y apareció a la luz de la verdad que todo su vivir había sido divino cuando, vencidas ya las seducciones de la vida mortal, voló libre al cielo. Pues tuvo por deshonra vivir para el mundo, amo a los suyos hasta el extremo, y recibió a la muerte cantando. De hecho, al acercarse los últimos días, en los cuales a la luz temporal que se desvanecía sucedía la luz

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perpetua, demostró con ejemplo de virtudes que nada tenía de común con el mundo. Acabado, pues, con aquella enfermedad tan grave que puso fin a todos los dolores, hizo que lo pusieran desnudo sobre la desnuda tierra, para que en aquellas horas últimas, en que el enemigo podía todavía desfogar sus iras, pudiese luchar desnudo con el desnudo. En verdad que esperaba intrépido el triunfo y estrechaba ya con las manos entrelazadas la corona de justicia. Puesto así en tierra, despojado de la túnica de saco, volvió, según su costumbre, el rostro al cielo y, todo concentrado en aquella gloria, ocultó con la mano izquierda la haga del costado derecho para que no se viera. Y dijo a los hermanos: He concluido mi tarea; Cristo os enseñe la vuestra. A la vista de esto, los hijos se deshacen en lágrimas y, entre continuos suspiros que les nacen de lo profundo del alma, desfallecen por la demasía en el dolor y la compasión. Entre tanto, al contenerse algo los sollozos, el guardián, sabedor —más en verdad por inspiración divina— del deseo del santo, se levantó de pronto y, recogiendo los vestidos que éste se había hecho quitar, dijo al padre: Reconoce que, por mandato de santa obediencia, se te prestan esta túnica, los calzones y la capucha. Y para que veas que no tienes propiedad sobre estas prendas, te retiro todo poder de darlas a nadie. El santo se goza y exterioriza el júbilo del corazón, porque ve que ha guardado fidelidad hasta el fin a la dama Pobreza. El no querer tener, ni siquiera al fin de su vida, hábito propio, sino prestado, lo hacía por el celo de la pobreza. La gorra de saco la solía llevar en la cabeza para cubrir las cicatrices que le dejó la curación de los ojos, aunque necesitaba una de piel, liviana y de lana más suave. Alza después el Santo las manos al cielo y canta a su Cristo, porque, liberado ya de todas las cosas, se va libre hacia él. Pero, con el fin de mostrarse en todo verdadero imitador del Cristo de su Dios, a sus hermanos e hijos, a quienes había amado desde el principio, los amó hasta el extremo. Mandó, pues, que llamasen a todos los hermanos que estaban en el lugar para que vinieran a él, y, alentándolos con palabras de consolaciónante el dolor que les causaba su muerte, los exhortó, con afecto de padre, al amor a Dios. Habló largo sobre la paciencia y la guarda de la pobreza, recomendando el santo Evangelio por encima de todas las demás disposiciones. Luego extendió la mano derecha sobre los hermanos que estaban sentados alrededor, y, comenzando por su vicario, la puso en la cabeza de cada uno, y dijo: Conserváos, hijos todos, en el temor del Señor, y permaneced siempre en él. Y pues se acerca la prueba y la tribulación, dichosos los que perseveren en la obra emprendida. Yo ya me voy a Dios; a su gracia os encomiendo a todos. Y bendijo —en los hermanos presentes— también a todos los que habían de venir después de ellos hasta el fin de los siglos. Corno los hermanos lloraban muy amargamente y se lamentaban inconsolables, ordenó el Padre santo que le trajeran un pan. Lo bendijo y partió y dio a comer un pedacito a cada uno. Ordenando asimismo que llevaran el códice de los Evangelios, pidió que le leyeran el Evangelio según San Juan desde el lugar que comienza Antes de la fiesta de Pascua, etc. Se acordaba de aquella sacratísima cena, aquella última que el Señor celebró con sus discípulos. Todo esto lo hizo, en efecto, en memoria agradecida de aquélla, y para expresar claramente el amor que profesaba a los hermanos. Así que los pocos días que faltaban para su tránsito los empleó en la alabanza, animando a sus amadísimos compañeros a alabar con él a Cristo. El, a su vez, prorrumpió cómo pudo en este Salmo: A voz en grito clamo al Señor, a voz en grito suplico al Señor, etc. Invitaba también a todas las creaturas a alabar a Dios, y con unas estrofas que había compuesto anteriormente él las exhortaba a amar a Dios. Aun a la muerte misma, terrible y antipática para todos, exhortaba a la alabanza y, saliendo con gozo a su encuentro, la invitaba a hospedarse en su casa: ¡Bienvenida sea —decía— mi hermana muerte! Y al médico: Ten valor para pronosticar que está vecina la muerte, que va a ser para mí la puerta de la vída. Y a los hermanos: Cuando me veáis a punto de expirar, ponedme desnudo sobre la tierra —como me visteis anteayer— y dejadme yacer así, muerto ya, el tiempo necesario para andar despacio una milla. Llegó por fin la hora, y, cumplidos en él todos los misterios de Cristo, voló felizmente a Dios. Salmo 141 ORACIÓN Seráfico Padre San Francisco, al atardecer del sábado, a la hora de tu paso de este mundo al Padre,

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rodeado de tus hijos que lloraban, tú, Patriarca de los pobres, con los ojos ya apagados no por la vejez, sino por las copiosas lágrimas, extendiste las manos con los brazos en forma de cruz, y bendijiste con singular amor, cual otro Jacob, a todos tus Hermanos presentes. Ahora te pedimos: con tu paterna bondad, socórrenos también a nosotros, que conmemoramos tu tránsito; e implora por nosotros al mismo Señor Jesucristo la gracia de su bendición. Él, que ha mostrado en ti la fuerza misteriosa de la cruz, y vive y reina con el Padre y el Espíritu Santo, Dios por todos los siglos de los siglos. Amén. Bendición de San Francisco

Tránsito de la bienaventurada Madre Clara Himno Al caer la tarde silenciosa, cuando todo era calma en el ambiente, una luz se encendía diligente en oración humilde y amorosa. Eras tú, Clara, corazón amante, que velabas al Dios sacramentado, pidiendo por el mundo atormentado, de tanto desamor desconcertante. Plegaria y sacrificio así juntabas con alegre talante contagioso, que arrastraba tras de sí, por amoroso, a las flores vivientes que cuidabas. Y así, cuando por fin llamó el Esposo a tu puerta, radiante de alegría a su encuentro saliste en este día con aceite abundante y luminoso. En el coro de vírgenes prudentes, alabas al Señor tres veces santo; nosotros nos unimos a tu canto y a tu gozo seráfico y ferviente. Amén. Lectura de la muerte de Clara según Tomás de Celano Rodean el lecho de su Madre aquellas hijas que muy pronto quedarán huérfanas, cuyas almas atravesaba una espada de dolor. No las retrae el sueño, no las aparta el hambre; sino que, olvidadas del lecho y de la mesa, día y noche tan sólo piensan en llorar. Entre ellas, la devota virgen Inés, saturada de amargas lágrimas, le dice insistentemente a su hermana que no se marche abandonándola a ella. Le responde Clara: Hermana carísina, es del agrado de Dios que yo me vaya; mas tú cesa de llorar, porque llegarás ante el Señor en seguida de mí, y El te concederá un gran consuelo antes de que me aparte de ti. Se la ve, finalmente, debatirse en la agonía durante muchos días, en los que va en aumento la fe de las gentes y la devoción de los pueblos. La visitan asiduamente cardenales y prelados honrándola cada día como a verdadera santa. Y es ciertamente admirable que, no pudiendo tomar alimento alguno durante diecisiete días, la vigorizaba el Señor con tanta fortaleza, que podía ella confortar en el servicio de Cristo a cuantos la visitaban. Y como el piadoso varón fray Rainaldo la exhortara a la paciencia en aquel prolongado martirio de tan graves enfermedades, ella, con voz clara y serena, le contestó: Desde que conocí la gracia de mi Señor Jesucristo por medio de aquel su siervo Francisco, ninguna pena me resultó molesta, ninguna penitencia gravosa, ninguna enfermedad, hermano carísimo, difícil. Mostrándose ya más cerca del Señor, y como si ya estuviera a la puerta, quiere que le asistan los sacerdotes y los hermanos espirituales, para que le reciten la Pasión del Señor y sus santas palabras. Cuando aparece entre ellos fray

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Junípero, notable saetero del Señor, que solía lanzar ardientes palabras sobre él, inundada de renovada alegría, pregunta si tiene a punto alguna nueva. Él, abriendo su boca, desde el horno de su ferviente corazón, deja salir las chispas llameantes de sus dichos, y en sus palabras la virgen de Dios recibe gran consuelo. Vuélvese finalmente a las hijas que lloran para recomendarles la pobreza del Señor y les recuerda con ponderación los beneficios divinos. Bendice a sus devotos y devotas e implora la gracia de una larga bendición sobre todas las Damas Pobres de sus monasterios, tanto presentes como futuros. ¿Quién podrá relatar el resto sin llorar? Están presentes aquellos dos benditos compañeros del bienaventurado Francisco: Ángel el uno, que, lloroso él, consuela a las que lloran; León el otro, que besa el lecho de la moribunda. Plañen las hijas desamparadas ante la separación de la piadosa madre y acompañan con lágrimas a quien se les va y no han de ver más en la tierra. Duélense muy amargamente de que todo su consuelo se les marcha con ella y de que, abandonadas en este va//e de lágrimas, ya no se verán más consoladas por su maestra. A duras penas, únicamente el pudor retiene sus manos para que no se desgarren sus cuerpos; y el fuego del dolor se hace más ardiente porque no puede evaporarse con el llanto exterior. La observancia conventual ordena silencio, pero la violencia del dolor les arranca gemidos y sollozos; los rostros están ya tumefactos por las lágrimas, mas el ímpetu del corazón lacerado les suministra nuevos ríos de llanto. Entretanto, la virgen santísima, vuelta hacia sí misma, habla quedamente a su alma: Ve segura —le dice— porque llevas buena escolta para este viaje. Ve —añade—, porque aquel que te creó te santificó; guardándote siempre, como la madre al hijo, te ha amado con amor tierno. Tú, Señor —prosigue—, bendito seas por haberme creado. Preguntándole una de las hermanas que a quién hablaba, ella le respondió: Hablo a mi alma bendita. No estaba ya lejano su glorioso tránsito, pues, dirigiéndose luego a una de sus hijas, le dice: ¿ Ves tú, oh hermana, al Rey de la gloria a quien estoy viendo? La mano del Señor se posó también sobre otra de las hermanas, quien con sus ojos corporales, entre lágrimas, contempló esta feliz visión: estando en verdad traspasada por el dolor, dirige su mirada hacia la puerta de la habitación, y he aquí que ve entrar una procesión de vírgenes vestidas de blanco, llevando todas en sus cabezas guirnaldas de oro. Marcha entre ellas una que deslumbra más que las otras, de cuya corona, que en su remate presenta una especie de incensario con orificios, irradia tanto esplendor que convierte la noche en día luminoso dentro de la casa. Se adelanta hasta el lecho donde yace la esposa de su Hijo e, inclinándose amorosísimamente sobre ella, le da un dulcísimo abrazo. Las vírgenes llevan un palio de maravillosa belleza y, extendiéndolo entre todas a porfía, dejan el cuerpo de Clara cubierto y el tálamo adornado. A la mañana siguiente, pues, del día del bienaventurado Lorenzo, sale aquella alma santísima para ser laureada con el premio eterno; y, disuelto el templo de su carne, el espíritu emigra felizmente a los cielos. Bendito este éxodo del valle de miseria que para ella fue la entrada en la vida bienaventurada. Ahora, a cambio de sus austerísimos ayunos, se alegra en la mesa de los ciudadanos del cielo; y desde ahora, a cambio de la vileza de las cenizas, es bienaventurada en el reino celeste, condecorada con la estola de la eterna gloria.

Salmo 102 Bendice, alma mía, al Señor, y todo mi ser a su santo nombre. Bendice, alma mía, al Señor, y no olvides sus beneficios. Él perdona todas tus culpas y cura todas tus enfermedades; él rescata tu vida de la fosa y te colma de gracia y de ternura; él sacia de bienes tus anhelos, y como un águila se renueva tu juventud. ORACIÓN Dios, que con el resplandor de las virtudes de la bienaventurada Clara quisiste iluminar a innumerables vírgenes: concede a quienes celebramos su feliz tránsito, por los méritos e intercesión de la misma, que aquí caminemos siempre bajo esa luz y en el reino celeste merezcamos disfrutar de la perpetua alegría de tu rostro. Por Cristo nuestro Señor. Amén.

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Bendición de Santa Clara

ORACIONES DE AUTORES VARIOS San Anselmo Busco tu rostro Busco tu rostro; Tu rostro busco, Señor. Y ahora, Señor y Dios mío, enséñame dónde y cómo tengo que buscarte, dónde y cómo te encontraré. Si no estás en mí, Señor, si estás ausente, ¿dónde te buscaré? Si estás en todas partes, ¿por qué no te veo aquí presente? Es cierto que tú habitas en una luz inaccesible, ¿pero dónde está esa luz inaccesible?, ¿Cómo me aproximaré a ella?, ¿quién me guiará y me introducirá en esa luz para que en ella te contemple? ¿Bajo qué signos, bajo qué aspecto te buscaré? Nunca te he visto, Señor y Dios mío, no conozco tu rostro. Dios altísimo, ¿qué hará este desterrado lejos de ti?, ¿qué hará este servidor tuyo, sediento de tu amor, que se encuentra alejado de ti? Desea verte y tu rostro está muy lejos de él. Anhela acercarse a ti y tu morada es inaccesible. Arde en deseos de encontrarte e ignora dónde vives. No suspira más que por ti y jamás ha visto tu rostro. Señor, tú eres mi Dios, tú eres mi Señor y nunca te he visto. Tú me creaste y me redimiste, tú me has dado todos los bienes que poseo, y aún no te conozco. He sido creado para verte, y todavía no he podido alcanzar el fin para el cual fui creado. Y tú, Señor, ¿hasta cuándo nos olvidarás, hasta cuándo dejarás de apartar tu rostro? ¿Cuándo volverás tu mirada hacia nosotros? ¿Cuándo nos escucharás? ¿Cuándo iluminarás nuestros ojos y nos mostrarás tu rostro? ¿Cuándo accederás a nuestros deseos? \líranos, Señor, escúchanos, ilumínanos, muéstrate a nosotros. Colma nuestros deseos y seremos felices; sin ti todo es hastío y tristeza. Ten piedad de nuestros trabajos y de los esfuerzos que hacemos por llegar hasta ti, ya que sin ti nada podemos. Enséñame a buscarte, muéstrame tu rostro, porque si tú no me lo enseñas no puedo buscarte. No puedo encontrarte si tú no te haces presente. Te buscaré deseándote, te desearé buscándote; amándote te encontraré, encontrándote te amare.

San Patricio

Cristo conmigo Cristo conmigo, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Cristo dentro de mí, Cristo debajo de mí, Cristo a mi derecha, Cristo a mi izquierda, Cristo en la fortaleza, Cristo en el asiento del carro, Cristo en la popa de la nave, Cristo en el corazón de todo hombre que piensa en mí, Cristo en la casa de todo hombre que hable de mí, Cristo en todos los ojos que me ven, Cristo en todos los oídos que me oyen.

San Columbano, Abad

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Sobre Cristo fuente de vida Oh Señor, tú mismo eres aquella fuente que, aunque siempre bebamos de ella, siempre debemos estar deseando. Señor Jesucristo, danos sin cesar de esa agua para que brote en nuestro interior una fuente de agua viva que nos comunique la vida eterna. Pido cosas ciertamente grandes, ¿quién lo negará? Pero tú, Rey de la gloria, nos prometes dones excelsos y te complaces en dárnoslos: nada hay más excelso que tú mismo, y tú has querido darte y entregarte a nosotros. Por eso te pedimos que nos enseñes a valorar lo que amamos, que eres tú mismo, pues nuestro amor no desea bien alguno fuera de ti. Tú eres, Señor, todo nuestro bien, nuestra vida y nuestra luz, nuestra salvación, nuestro alimento y nuestra bebida. Infunde en nuestro corazón, Señor Jesús, la suavidad de tu Espíritu y hiere nuestra alma con tu amor, para que cada uno de nosotros pueda decir con toda verdad: “Muéstrame dónde está el amor de mi alma, porque desfallezco, herido de amor Deseo, Señor, desfallecer herido de esta forma. Dichosa el alma a quien de esta manera ha herido el amor. Esta alma busca la fuente y bebe; siempre, sin embargo, bebiendo tiene sed, deseando encuentra agua, teniendo sed siempre bebe; así, amando siempre busca y cuando es herida es sanada. Ojalá se digne herirnos de este modo nuestro Dios y Señor Jesucristo, el piadoso y poderoso médico de nuestras almas, que es uno con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Nerses Snorhali

El pequeño rebaño A1 grupo escogido del pequeño rebaño, añade el alma estéril de esta ovejita, a fin de que agrade a la voluntad del Padre dar también a mí, como a ellos, el Reino. A tu siervo no he imitado, el que tu regreso esperaba, Señor; y tu llegada, ni en la segunda vigilia ni en la tercera yo aguardo. Es por eso que ya no oso esperar de la promesa, el honor inefable y sublime: que tú te ciñas poniéndote a servir en lugar de tu siervo. Al desesperado, en cambio, me parezco, el que golpeaba a tus siervos, hecho semejante al borracho y al codicioso que tus bienes despilfarraba, Señor. Y si fuera ignorante, feliz de mi, y no como quien conoce el mal, para no recibir los muchos palos, siempre pocos si comparados al daño. Soy docto, en el presente, en la ciencia del mal, e indocto voluntario en la de lo mejor; custodio atento no soy de mi alma con el ojo vigilante del centinela. Despiértame de mi sueño mortal, para que pueda guardarme del Bandido. Dame la gracia de esperar el alba, hasta que me asegure tu visión.

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Vuélveme semejante a aquel siervo que nutre a sus compañeros. Para dar a tiempo la médula de tu Verbo a cualquier alma hambrienta. El cinto viril concédeme, para tener ligada la concupiscencia; ilumina la lámpara de tu precepto en mi alma apagada y tenebrosa.

De La Liturgia Bizantina

Oración a San José Anuncia, oh José, a tu pariente David las maravillas: tú que viste dar a luz a la Virgen, tú que adoraste junto a los Magos, tú que glorificaste con los pastores, tú que fuiste instruido por el ángel, ruega a Dios para que salve nuestras almas.

Anónimo (s. XII)

Absorbeat Te ruego, Señor, que la fuerza abrasadora y dulcísima de tu amor absorba de tal modo mi alma, liberándola de todo apego terrenal, que muera por amor de tu amor, ya que Tú por amor de mi amor te has dignado morir.

Tomás de Celano, OFM

Oración de sus compañeros a San Francisco Padre, acuérdate de todos tus hijos, que, afligidos por indecibles peligros, sabes muy bien tú, santísimo, cuán de lejos siguen tus huellas. Dales fuerza, para que resistan; hazlos puros, para que resplandezcan; cólmalos de alegría, para que disfruten. Impetra que se derrame sobre ellos el espíritu de gracia y de oración, para que tengan, como tú, la verdadera humildad; guarden, como tú, la pobreza; merezcan, como tú, la caridad con que siempre amaste a Cristo crucificado, quien con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a San Francisco Santísimo y bendito padre: concédeme a mí, miserable, te siga en la presente vida con tal fidelidad que, por la misericordia divina, merezca alcanzarte en la futura. Acuérdate, oh piadoso, de tus pobres hijos, a quienes después de ti, su único y singular consuelo, apenas si le queda alguno. Pues aunque tú, la mejor parte de su herencia y la primera, te encuentres unido al coro de los ángeles y seas contado entre los apóstoles en el trono de la gloria, ellos, no obstante, yacen en el fango y están encerrados en la cárcel oscura, desde donde claman a ti entre llantos. Muestra, padre, a Jesucristo, Hijo del sumo Padre, sus sagradas llagas y presenta las señales de la cruz que tienes en tu costado, en tus pies y en tus manos para que él se digne, misericordioso, mostrar sus propias heridas al Padre, quien ciertamente por esto ha de mostrarse siempre propicio con nosotros, pobres pecadores.

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Amén. Así sea. Así sea.

San Buenaventura

Oración a San Francisco Gloríate ya seguro en la gloria de la cruz, tú que fuiste glorioso portador de los signos de Cristo; diste comienzo a tu vida en la cruz, caminaste según la regla de la cruz y en la cruz diste cima a tu carrera, manifestando a todos los fieles, por el testimonio de la cruz, la gloria de que disfrutas en el cielo. Que te sigan confiadamente los que salen de Egipto, porque, dividido el mar por el báculo de la cruz de Cristo~ atravesarán el desierto, y, pasado el Jordán de esta mortalidad, ingresarán, por el admirable poder de la cruz, en la prometida tierra de los vivientes. Que el verdadero guía y salvador del pueblo, Cristo Jesús crucificado, por los méritos de su siervo Francisco, se digne introducirnos en la tierra de los vivientes para alabanza y gloria de Dios uno y trino, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Beato Jordán de Sajonia, OP

Plegaria al bienaventurado Padre Domingo Sacerdote santísimo de Dios, confesor admirable, predicador eminente, beatísimo padre Domingo, virgen, elegido del Señor, grato y amado de Dios con predilección; glorioso en vida, doctrina y milagros: nos gozamos en tenerte como eficaz intercesor ante el Señor, Dios nuestro. A ti, a quien venero con especial devoción entre los santos y elegidos de Dios, clamo desde lo íntimo de mi corazón en este valle de miserias. Te ruego, padre piadosísimo, socorras a mt alma pecadora, privada de toda virtud y gracia y envuelta en las manchas de muchos defectos y pecados. Sé propicio a mi alma culpable y desdichada, ¡oh alma bendita y bienaventurada del varón de Dios, enriquecida con la bendición copiosa de la gracia divina! Pues tú no sólo fuiste llevada al descanso dichoso, a la mansión de la paz y a la gloria celestial, sino que el ejemplo de tu admirable vida atrajo a otros muchos a esta misma bienaventuranza, incitados por tus dulces consejos, instruidos por tu sana doctrina e imantados por tu ferviente palabra. Séme, pues, propicio, bienaventurado Domingo, e inclina tus piadosos oídos a la voz de mi súplica. Refugiándose en ti mi pobre y necesitada alma, se postra en tu presencia con cuanta humildad puede; se esfuerza en presentarse lánguida a tus pies; moribunda, intenta, en cuanto puede, suplicarte, rogándote que con tus poderosos méritos e intercesión piadosa te dignes vivificada, sanarla y henchirla con el don de tu copiosa bendición. Yo sé y estoy seguro que puedes, confío en tu gran caridad que quieres y espero de la inmensa misericordia del Salvador que alcanzarás de él cuanto pidieres. Espero, ciertamente, de tu íntima amistad con Jesucristo, tu muy amado, y elegido entre todos, que nada te negará; pues ante él, que aunque Dios y Señor, es sin embargo amigo tuyo, obtendrás cuanto quieras. ¿Qué podrá el amado negar a quien tanto le ama? ¿Qué no dará a aquel que abandonándolo todo se entregó a sí mismo y a todas sus cosas? Así realmente lo creemos y así te alabamos y veneramos. Tú en tu más tierna edad, consagraste tu virginidad al Esposo de las vírgenes. Tú, embellecido por el agua bautismal y adornado por el Espíritu Santo, ofreciste tu alma al Rey de los reyes en el altar de tu castísimo amor. Tú, educado desde un principio en la vida cristiana, enderezaste tus pasos hacia la cumbre de la santidad. Tú, creciendo de virtud en virtud, marchaste siempre adelante en el camino de la perfección. Tú hiciste de tu cuerpo una hostia viva, santa y agradable a Dios. Tú, instruido por magisterio divino, te consagraste enteramente al Señor. Tú emprendiste resueltamente el camino de la santidad, desprendiéndote de todo lo temporal para seguir desnudo a Cristo desnudo y prefiriendo atesorar para la vida eterna antes que para la presente. Tú, negándote ardorosamente a ti mismo y tomando virilmente tu cruz, te esforzaste en imitar los ejemplos de nuestro Maestro y Redentor. Tú, devorado por el celo de Dios y por el fuego de lo alto, te consagraste al servicio de la religión apostólica incitado por tu excesiva caridad y siguiendo tus ansias de perfección evangélica, y para tan noble fin instituiste la Orden de Predicadores, realizando de este modo los designios divinos. Tú, con tus gloriosos ejemplos y méritos, iluminaste la santa Iglesia, dilatada por todo el mundo. Tú, dejando esta cárcel corporal, ascendiste gloriosamente a la patria de los elegidos. Tú, ceñida la estola de gloria, asistes ante el trono de Dios para interceder por nosotros. Te ruego, pues, que me ayudes a mí y a todos los que me son gratos; como también a todo el clero, al pueblo

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universal y al piadoso sexo de las mujeres; tú, que con tanto celo anhelaste la salvación del género humano. Tú, entre todos los santos, eres mi esperanza y consuelo después de la bienaventurada Reina de las vírgenes. Tú eres mi refugio predilecto. Acude, pues, propicio en mi auxilio. A ti únicamente me acojo, a ti me acerco confiado, a tus pies, humilde, me postro. A ti, suplicante, invoco e imploro como Patrono; a ti me encomiendo con devoción; dígnate pues, te ruego, recibirme, guardarme, protegerme con bondad, para que, con la ayuda de tu protección, merezca alcanzar la deseada gracia de Dios, encontrar su misericordia y obtener al fin para mi salvación los remedios de la vida presente y futura. Alcánzame todo esto, ¡oh Maestro!, alcánzamelo; ¡que todo sea así, te suplico, caudillo egregio, padre santo, bienaventurado Domingo! Socórreme, te ruego, y a todos los que te invocan; sé para nosotros verdadero Domingo, esto es, custodio vigilante del rebaño del Señor. Vela siempre por nosotros y gobierna a los que te están encomendados. Corrígenos y, corregidos, reconcílianos con Dios; y después de este destierro preséntanos gozosos al Señor y a nuestro Salvador Jesucristo, Hijo muy amado y altísimo de Dios, cuyo honor, alabanza, gloria, gozo inefable y eterna felicidad, con la gloriosa Virgen María y toda la corte de moradores celestiales, permanece sin fin por los siglos de los siglos. Así sea.

Del Espejo de Perfección

Las grandezas que obró el Señor en Santa María de los Ángeles Lugar santo, en verdad, entre los lugares santos. Con razón es considerado digno de grandes honores. Dichoso en su sobrenombre; más dichoso aún en su nombre; su tercer nombre es ahora augurio de favores. Los ángeles difunden su luz en él; en él pasan las noches y cantan. Después de arruinarse por completo esta iglesia, la restauró Francisco; fue una de las tres que reparó el mismo padre. La eligió cuando cubrió sus miembros de saco. Fue aquí donde domeñó su cuerpo y lo obligó a someterse al alma. Dentro de este templo nació la Orden de los Menores cuando una multitud de hombres se puso a imitar el ejemplo del padre. Aquí fue donde Clara, esposa de Dios, se cortó por primera vez su cabellera y, pisoteando las pompas del mundo, se dispuso a seguir a Cristo. La Madre de Dios tuvo aquí el doble y glorioso alumbramiento de los Hermanos y las Señoras, por los que volvió a derramar a Cristo por el mundo. Aquí fue estrechado el ancho camino del viejo mundo y dilatada la virtud de la gente por Dios llamada. Compuesta la Regia, renació la pobreza, se abdicó de los honores y volvió a brillar la cruz. Si Francisco se ve turbado y cansado, aquí recobra el sosiego y su alma se renueva. Aquí se le muestra verdadero aquello de que duda y además se le otorga lo que el mismo Padre demanda. Santo Tomás Moro

Bienaventuranzas Felices los que saben reírse de sí mismos, porque no terminarán nunca de divertirse. Felices los que saben distinguir una montaña de una piedra, porque se evitarán muchos inconvenientes. Felices los que saben descansar y dormir sin buscarse excusas, porque llegarán a ser sabios. Felices los que saben escuchar y callar, porque aprenderán cosas nuevas. Felices los que son lo bastante inteligentes como para no tomarse en serio, porque serán apreciados por sus vecinos. Felices los que están atentos a las exigencias de los demás sin sentirse indispensables, porque serán fuente de alegría. Felices ustedes cuando sepan mirar seriamente las cosas pequeñas y tranquilamente las cosas importantes, porque llegarán lejos en la vida. Felices ustedes cuando sepan apreciar una sonrisa y olvidar un desaire, porque vuestro camino estará lleno de sol. Felices ustedes cuando sepan interpretar con benevolencia las actitudes de los demás, aún contra las apariencias: serán tomados por ingenuos, pero este es el precio de la caridad. Felices los que piensan antes de actuar y rezan antes de pensar, porque evitarán muchas tonterías. Felices ustedes, sobre todo, cuando sepan reconocer al Señor en todos los que encuentran, porque habrán encontrado la verdadera luz y la verdadera sabiduría.

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San Ignacio de Loyola

Ofrecimiento de la voluntad Toma, Señor, y recibe toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad. Todo mi haber y poseer. Tú me lo diste, a ti Señor te lo devuelvo. Todo es tuyo. Dispón de mí según tu voluntad. Dame tu amor y gracia, que esto me basta.

Lope de Vega

Soneto a lo divino Qué tengo yo que mi amistad procuras? ¿Qué interés te sigue, Jesús mío, que a mi puerta, cubierto de rocío, pasas las noches del invierno oscuras? ¡Oh cuánto fueron mis entrañas duras, pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío, si de mi ingratitud el hielo frío secó las llagas de tus plantas puras! ¡Cuántas veces el ángel me decía: “Alma asómate agora a la ventana, verás con cuánto amor llamar porfía”! Y ¡cuántas, Hermosura soberana, “mañana le abriremos, respondía, para lo mismo responder mañana!

Otro soneto Pastor, que con tus silbos amorosos me despertaste del profundo sueño; tú, que hiciste cayado de ese leño en que tiendes los brazos poderosos, vuelve los ojos a mi fe piadosos, pues te confieso por mi amor y dueño, y la palabra de seguir te empeño tus dulces silbos y tus pies hermosos. Oye, Pastor, pues por amores mueres, no te espante el rigor de mis pecados, pues tan amigo de rendidos eres; espera, pues, y escucha mis cuidados; pero ¿cómo te digo que me esperes, si estás para esperar los pies clavados?

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Santa Teresa de Ávila

Nada te turbe Nada te turbe, nada te espante, todo se pasa, Dios no se muda, la paciencia todo lo alcanza; quien a Dios tiene nada le falta: sólo Dios basta. Eleva el pensamiento, al cielo sube, por nada te acongojes, nada te turbe. A Jesucristo sigue con pecho grande, y, venga lo que venga, nada te espante. ¿Ves la gloria del mundo? Es gloria vana; nada tiene de estable, todo se pasa. Aspira a lo celeste, que siempre dura; fiel y rico en promesas, Dios no se muda. Ámala como merece bondad inmensa; pero no hay amor fino sin la paciencia. Confianza y fe viva mantenga el alma, que quien cree y espera todo lo alcanza. Del infierno acosado aunque se viere, burlará sus furores quien a Dios tiene. Vénganle desamparos, cruces, desgracias; siendo Dios su tesoro, nada le falta. Id, pues, bienes del mundo; id, dichas vanas; aunque todo lo pierda, sólo Dios basta.

San Juan de la Cruz

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Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe

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Qué bien se yo la fonte que mana y corre, aunque es de noche. Aquella eterna fonte está escondida que bien sé yo do tiene su manida aunque es de noche. Su origen no lo sé, pues no le tiene, mas sé que todo origen de ella viene, aunque es de noche. Sé que no puede ser cosa tan bella, y que cielos y tierra beben de ella, aunque es de noche. Bien sé que suelo en ella no se halla, y que ninguno puede vadealla, aunque es de noche. Su claridad nunca es oscurecida, y sé que toda luz de ella es venida, aunque es de noche. Sé ser tan caudalosas sus corrientes, que infiernos, cielos riegan y las gentes, aunque es de noche. El corriente que nace de esta fuente, bien sé que es tan capaz y omnipotente, aunque es de noche. El corriente que de estas dos procede, sé que ninguna de ellas le precede, aunque es de noche. Aquesta eterna fonte está escondida, en este vivo pan por darnos vida, aunque es de noche. Aquí se está llamando a las criaturas, y de esta agua se hartan, aunque a oscuras porque es de noche. Aquesta viva fuente que deseo, en este pan de vida yo le veo, aunque es de noche.

Un pastorcico Un pastorcico solo está penado, ajeno de placer y de contento, y en su pastora puesto el pensamiento, y el pecho del amor muy lastimado. No llora por haberle amor llagado, que no le pena verse así afligido, aunque en el corazón está herido; mas llora por pensar que está olvidado. Que sólo de pensar que está olvidado de su bella pastora, con gran pena se deja maltratar en tierra ajena, el pecho del amor muy lastimado. Y dice el pastorcico: ¡Ay, desdichado de aquel que de mi amor ha hecho ausencia y no quiere gozar la mi presencia, y el pecho del amor muy lastimado! Y acabo de un gran rato se ha encumbrado sobre un árbol, do abrió sus brazos bellos, y muerto se ha quedado asido delios, el pecho del amor muy lastimado.

Anónimo

Alma de Cristo Alma de Cristo, santifícame. Cuerpo de Cristo, sálvame. Sangre de Cristo, embriágame. Agua del costado de Cristo, lávame. Pasión de Cristo, confórtame. Oh buen Jesús, óyeme.

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Dentro de tus llagas escóndeme. No permitas que me aparte de ti. Del maligno enemigo defiéndeme. En la hora de mi muerte llámame. Y mándame ir a ti. Para que con tus santos te alabe por los siglos de los siglos. Amén.

Anónimo

Oración de la Paz Señor, haz de mí un instrumento de tu paz; donde haya odio, ponga amor; donde haya ofensa, ponga perdón; donde haya discordia, ponga armonía; donde haya error, ponga verdad; donde haya duda, ponga la fe; donde haya desesperación, ponga esperanza; donde haya tinieblas, ponga tu luz; donde haya tristeza, ponga alegría. Oh Maestro, que no me empeñe tanto en ser consolado como en consolar; en ser comprendido como en comprender; en ser amado como en amar. Pues dando se recibe; olvidando se encuentra; perdonando se es perdonado; muriendo se resucita a la vida eterna.

Santa Teresa de Lisieux

Oración del nombre de Jesús Señor, al mirarme con ternura, has impreso en mi corazón un esbozo de tu rostro, pero es preciso que no deje de fijar mi mirada en ti. Por eso espero con impaciencia tu vuelta, y nada me consolará en tu ausencia. Se puede vivir muy lejos del ser amado: tu nombre, presente en lo secreto del corazón, sostiene mi esperanza y mi vida. Tu nombre, que yo guardo, es el nombre que me salva. Me salva de la desesperación y de la rebelión. Tu nombre es el huésped de mi silencio interior, y en mí no se calla. Como una fuente de ternura, murmura en lo más profundo de mí mismo el dulce mensaje de una presencia y de una fidelidad.

Charles de Foucauld

Oración de abandono Padre mío, me entrego en tus manos; haz de mí lo que quieras; sea lo que sea te lo agradezco. Gracias por todo; estoy dispuesto a todo; lo acepto todo; te agradezco todo. Con tal que tu voluntad se haga en mí y en todas tus criaturas, en todos aquellos que tu corazón ama; no deseo nada más, Dios mío. Me entrego en tus manos sin medida, con infinita confianza, porque tú eres mi Padre.

Miguel de Unamuno

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Sobre la puerta estrecha Agranda la puerta, Padre, porque no puedo pasar. La hiciste para los niños, yo he crecido a mi pesar. Si no me agrandas la puerta, achícame por piedad. Vuélveme a la edad aquella en que vivir era soñar.

Teresa de Calcuta

¿Quién dicen que soy? Pero ustedes, ¿quién dicen que soy? Tú eres Dios. Tú eres Dios de Dios. Tú eres engendrado, no creado. Tú eres de la misma naturaleza que el Padre. Tú eres el hijo del Dios viviente. Tú eres la segunda Persona de la Santísima Trinidad. Tú eres uno con el Padre. Tú estás en el Padre desde el principio; todo fue hecho por ti y por él. Tú eres el Hijo amado, en quien se complace el Padre. Tú eres el hijo de María, concebido en su seno por el Espíritu Santo. Tú has nacido en Belén. Tú fuiste envuelto en pañales por María y acostado en un pesebre lleno de paja. Tú has sido calentado por el aliento de la mula que llevó a tu madre encinta. Tú eres el hijo de José, “el carpintero”, como lo conocía la gente de Nazaret. Tú eres un hombre como todos, sin muchos conocimientos, según la opinión de la gente culta de Israel. ¿Quién es Jesús para mí? Jesús es la Palabra hecha hombre. Jesús es el Pan de vida. Jesús es la víctima inmolada, por nuestros pecados, en la cruz. Jesús es el sacrificio ofrecido en la santa Misa por los pecados del mundo y por los míos. Jesús es la palabra, que debe ser proclamada. Jesús es la verdad, que debe ser dicha. Jesús es la luz, que debe ser encendida. Jesús es la vida, que debe ser vivida. Jesús es el amor, que debe ser amado. Jesús es la alegría, que debe ser compartida. Jesús es la paz, que debe ser dada. Jesús es el Pan de vida, que debe ser comido. Jesús es el hambriento, que debe ser sustentado. Jesús es el sediento, que debe ser saciado. Jesús es el desnudo, que debe ser vestido. Jesús es el sin casa, que debe ser albergado. Jesús es el enfermo, que debe ser asistido. Jesús es el hombre solo, que debe ser amado. Jesús es el despreciado, que debe ser acogido. Jesús está en el leproso, a quien se debe lavar las heridas. Jesús está en el mendigo, a quien se debe dar una sonrisa. Jesús está en el borracho, a quien se debe escuchar. Jesús está en el enfermo mental, a quien se debe proteger. Jesús está en el pequeño, a quien se debe abrazar. Jesús está en el ciego, a quien se debe conducir. Jesús está en el

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mudo, con quien se debe hablar. Jesús está en el paralítico, a quien se debe acompañar. Jesús está en el drogadicto, a quien se debe dar comprensión. Jesús está en la prostituta, a quien se debe socorrer y dar comprensión. Jesús está en el preso, a quien se debe visitar. Jesús está en el anciano, a quien se debe servir. Para mi, Jesús es mi Dios. Jesús es mi esposo. Jesús es mi vida. Jesús es mi único amor. Jesús es mi todo en todo. Jesús es todo para mí. Jesús, lo amo con todo mi corazón. Todo se lo he dado a él —incluso mis pecados— y él me ha escogido como su esposa, con ternura y amor. Ahora y para siempre, yo soy toda de mi esposo crucificado.

Card. Carlo Maria Martini

Oración al Espíritu Santo Espíritu Santo, llena nuestros corazones con el mismo fuego que ardía en el corazón de Jesús mientras hablaba del reino de Dios. Haz que este fuego se comunique a nosotros, así como se comunicó a los discípulos de Emaús. Haz que no nos dejemos abrumar o turbar por la multitud de las palabras, sino que detrás de ellas busquemos aquel fuego que se comunica y enciende nuestros corazones. Tú solo, Espíritu Santo, puedes encenderlo y a ti, entonces, dirigimos nuestra debilidad, nuestra pobreza, nuestro corazón apagado, para que tú lo vuelvas a encender con el calor de la santidad de la vida, de la fuerza del reino. Danos, Espíritu Santo, comprender el misterio de la vida de Jesús. Danos el conocimiento de su persona, ese sublime conocimiento por el cual Pablo abandonó todo, con tal de compartir sus sufrimientos y participar en su gloria. Te lo pedimos por intercesión de María, madre de Jesús, que conoce a Jesús con la perfección y la plenitud de la madre y con la perfección y la plenitud de quien está llena de gracia. Amén.

Hermann Schalück OFM

Oración del arco iris Señor, haz de nosotros un arco iris, signo visible de paz y de reconciliación. Un audaz arco iris que una a ambos milenios, el antiguo y el nuevo. Un signo del cielo, colocado por ti. Un signo de promesas que nunca defraudan. —El arco iris será para todos un signo de esperanza—. Un signo de tu amor a lo creado, de la promesa de tu Espíritu que renueva la faz del universo. Haz que te sigamos con sana inquietud. Haznos inquietos cuando nos sentimos satisfechos y seguros de nosotros mismos, cuando nos volvemos mezquinos y rigurosos, cuando, en vez de seguir caminando, creemos haber alcanzado la meta. Vuélvenos inquietos cuando saciamos nuestro corazón con nuestras muchas cosas, perdiendo la sed de tu presencia y el ansia de paz en la justicia. No permitas que nos domine la indiferencia ni la ceguedad ante el futuro, ni el celo alucinado, ni la turbación obcecada. Concédenos la paz —fruto de la unión contigo—, tacto, afabilidad, cortesía, amabilidad con todos los seres vivientes y con todas las criaturas inanimadas. Mantennos despiertos, Señor, para que seamos osados y mutuamente solidarios, para que prestemos siempre atención a tu palabra, agucemos los oídos al grito de los pobres, estemos abiertos a las jóvenes generaciones. Concédenos seguirte con total felicidad. Sí, Señor, haz de nosotros un arco iris, un siguo de esperanza para un mundo nuevo.

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Provincia Franciscana de la Asunción

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de la Santísima Virgen María del Río de la Plata Altísimo, misericordioso Dios, Rey del cielo y de la tierra, envíanos tu Espíritu porque sin El no sabemos cómo agradarte, cuál es tu Sueño; que Él nos guíe hacia la Verdad completa, al gozo de tu Reino. Espíritu Divino, Señor Santificador, Fuente de luz y de consuelo, enséñanos a amar; Espíritu del Padre, Espíritu del Hijo, condúcenos al único deseo: tu santísima Voluntad. Salvador y Redentor nuestro, Santísimo Señor, lleno de gloria y humildad; que seamos uno, como Tú y el Padre, hermanos entre los hermanos para que el mundo crea; y a todos anunciemos que no hay omnipotente sino Dios, que en perfecta Trinidad y simple Unidad vives eternamente y eres bendito por todos los siglos de los siglos. Amén.

Eric Doyle OFM

Oración por la fe La noche antes de morir, Jesús pidió al Padre Eterno por nosotros: No pido solo por ellos, sino también por aquellos que creerán en mí a través de sus palabras. Señor Dios, cuando las cosas santas que debemos decir y hacer y las cosas sagradas que debemos tocar se vuelven ordinarias y se transforman en monótonas, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando tocar el borde del manto de Cristo no es suficiente, y anhelamos sentir el apretón de su mano traspasada y glorificada, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando no nos conformamos con las migajas que caen de tu mesa, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando temblamos por nuestro futuro desconocido, encomendado a tus manos, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando nos arrodillamos para orar, y pensamos qué estás ausente, y la oscuridad nos rodea, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando nos preguntamos cuál es el sentido de todo esto, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando sentimos que ya no resistiremos más, y que sucumbiremos bajo el peso de todo esto, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando podemos ver que no hay otra salida, y sin embargo parece que damos vueltas y más vueltas alrededor, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando hablar a otros parece hacernos más felices que hablarte a ti, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando nos hallamos en la duda acerca de si estamos buscando nuestra propia gloria o la tuya en lo que hacemos y logramos, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando nuestro trabajo se hace pesado, y te borra de nuestra corta y estrecha visión, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando perdemos de vista los rasgos de Cristo en nuestro propio rostro y en los rostros de nuestros hermanos y hermanas, ayuda nuestra falta de fe. Señor Dios, cuando pedimos un signo al mirar y no ver, al oír y no escuchar, cuando te pedimos que visites la pobre vivienda de nuestros corazones, ayuda nuestra falta de fe, fortalécenos, pero di solamente la Palabra y bastará para sanamos. Siempre presente y Santísimo Señor, en tu amable bondad nos diste tu Palabra que permanece para siempre; concédenos, te suplicamos, una fe firme que nos guíe por las oscuridades, las dificultades y las cruces de esta vida hacia la luz y la gloria de la bienaventurada eternidad. Por Aquel que has enviado, nuestro Salvador Jesucristo y en el más Santo Espíritu. Amén.

Un Franciscano

Oración para pedir el conocimiento de Jesús Tu luz, Señor, nos hace ver la luz. Iluminados por la claridad de tu Presencia y conducidos por tus manos llagadas y

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resucitadas, te pedimos, Señor Jesús, que derrames en nosotros tu Espíritu. Que él nos conceda un conocimiento interior y profundo de tu persona, y nos anime a seguir tus huellas, de manera que podamos exclamar con júbilo, movidos por su impulso, ¡Abba! ¡Papá! Te lo pedimos por intercesión de María, la creyente, y de Tomás, tu “mellizo”. Amén.

Oración del seguimiento Señor Jesús, maestro bueno, que por pura misericordia nos has llamado a seguirte. Acompaña con ternura nuestros pasos cortos y vacilantes, para que lleguemos juntos al mismo lugar al que tú te diriges. Entonces, en el brillo opaco de tu vida de pan y vino, veremos reflejada la Gloria de Dios. Te lo pedimos por intercesión de María, que amasó el pan que comiste, y de Felipe, que repartió el que multiplicaste. Amén. Una Clarisa

Oración al Espíritu Santo Ven, Espíritu Santo, Señor y dador de vida, enciende en nuestros corazones el fuego de tu amor. Abre nuestra capacidad de entrega y acogida a los demás. Vence nuestra incomunicación, quiebra nuestra soledad estéril. Danos los bienes que nos conquistó del Padre la Pascua de Jesús. Haznos comprender que la vida pasa por la muerte; que son felices los que lloran y que en la pobreza está nuestra mayor riqueza. Enséñanos a ser sencillos, fraternos, hondos, verdaderos. Concédenos descubrir el rostro de Cristo en los hermanos y la voluntad del Padre en los signos de la historia. Quita la tibieza de nuestras vidas mezquinas y mediocres. Devuélvenos la capacidad de asombro que tuvimos cuando niños frente a lo nuevo. Ábrenos ventanas en los ojos para que aprendamos que lo esencial es invisible y que sólo se ve bien con el corazón. Graba en nuestro espíritu la ley del Reino: que seamos felices en la pobreza; felices en la lucha; felices en la persecución. Que entendamos que la oscuridad es condición para percibir la luz; que la sed es condición para percibir el agua; y que la pequeñez es condición para aceptar el Don. Ven, Espíritu Santo, dador de vida; danos un corazón puro, ojos limpios, manos generosas, y pon palabras de verdad en nuestros labios. Haz que aceptemos el dolor sin autocompasiones estériles. Que junto a los hermanos te llamemos ¡Padre! Que, como dóciles hijos del Padre, hermanos de Jesús y entre todos, busquemos la salvación que viene de ti. Haz que amemos la vida renovada de cada día; que guardemos la fe, trabajemos en esperanza, que vivamos en el amor y que conservemos siempre la alegría en el corazón inmaculado de María, tu Esposa fiel y Madre nuestra. Amén.

Carlos Mujica

Meditación en la villa Señor, perdoname por haberme acostumbrado a ver que los chicos que parecen tener ocho años tengan trece. Señor, perdoname por haberme acostumbrado a chapotear por el barro: yo me puedo ir, ellos no. Señor, perdoname por haber aprendido a soportar el olor de las aguas servidas, de las que me puedo ir, y ellos no. Señor, perdoname por encender la luz y olvidarme de que ellos no pueden hacerlo. Señor, yo puedo hacer huelga de hambre y ellos no, porque nadie hace huelga con su hambre. Señor, perdoname por decirles “no sólo de pan vive el hombre” y no luchar con todo para que rescaten su pan. Señor, quiero quererlos por ellos, y no por mí, ayudame. Señor, quiero estar con ellos a la hora de la luz, ayudame. Señor, sueño con morir por ellos, ayudame a vivir para ellos.

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J. L. Cortés

Salmo del Amigo Mi amigo era el amigo que no conoce hastío. Llegó desde su pueblo un día de Septiembre, cuando la gente dice “parece que refresca” y el lago se hace adulto y el sol se pone serio. Mi amigo —treinta años de Dios y carpintero— sonó a los pescadores como un otoño extraño. Cafamaúm olía a sudor y a meadas y a pescado podrido. Sólo las prostitutas perfumaban las calles de jazmín y romero al pasar por la tarde pregonando su cuerpo. Cafarnaúm vivía con resignada rabia su condena perpetua a no ser nunca nada. (Y estaban los enfermos, mezcla de fiebre y polvo; y estaban los leprosos, mezcla de muerte y ojos; y estaban los injustos; y estaban los romanos como gringos odiados en un Vietnam sin bombas). Y estaban casi todos pescando por el lago cuando llegó mi amigo un día de Septiembre. No fue sólo decirlo. Fue también demostrarlo: que hasta el último pobre de la choza más pobre llevaba entre los ojos la marca de los príncipes porque era el favorito del Rey llamado “Padre”. Florecieron entonces —en otoño— los ánimos; hubo sol hasta hartarse, caminaron los cojos y los presos hicieron de las rejas arados mientras se enamoraban el león y el cordero. De esa fiesta gratuita de embriaguez sin resaca salió un grupo de amigos que juraron su sangre para que el mundo entero se pusiera contento. A la cabeza, Pedro, puesto como la piedra que sostiene las vigas que sostienen la casa. Fueron, pues, por las plazas de todas las ciudades dando esa buena nueva que llaman ‘Evangelio’ ¡Y qué alegre la gente al mirarse al espejo y descubrir —¡es cierto!— la marca de los príncipes! Así empezó la Iglesia, como titiriteros que llevan por los pueblos la música y la fiesta. Fue tarde. Fue mañana. Parió el amor su crío y pasó el día primero.

San Francisco Así, como quien riega su silencio te has ido sin hacer daño a la muerte, cachorro de paloma y de serpiente. Te vas a Dios, al Padre de la vida que te hizo a ti y al sol y a las estrellas, y a Cristo, del que —como un tatuaje— grabadas en tu cuerpo están las huellas. Y te vas ocho siglos por delante de que lleguen los hombres de mi tiempo: ¡Ocho siglos de Iglesia y de cristianos que tan poco han sabido de tu ejemplo! Pero yo no quisiera resignarme a hacer de tu mensaje una rutina habiendo tanto enfermo entre los hombres y tanta Iglesia que amenaza ruina. Yo quisiera, a pesar de mis temores, seguir tus pasos franciscanamente, ¡que hasta el diablo si se lo propone puede llegar a ser un buenagente!

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Vivir en sencillez, con esa magia que cambia en fiesta lo más ordinario, y amar mucho, sabiendo que, en el fondo, sólo el amor es revolucionario. Agitador de un mundo que agoniza y pacificador del lobo arisco: ¡apúntame en la lista de tus locos y enséñame a ser libre, fray Francisco!

PARÁBOLA QUE FRANCISCO PROPUSO AL PAPA INOCENCIO III Vivía en el desierto una mujer pobrecilla y hermosa; prendado un rey poderoso de su hermosura, quiso tomarla por esposa, porque creía que de ella podría tener hijos hermosos. Contraído ya y consumado el matrimonio, nacieron muchos hijos. Ya adultos, les habló su madre, diciéndoles: — “Hijos míos, no os avergoncéis, pues sois hijos del rey. Id, pues, a su corte, y él os dará todo lo que necesitéis”. Cuando se presentaron ante el rey, éste quedó cautivado de su hermosura, y, reconociendo en ellos su verdadero retrato, les preguntó: — “¿De quién sois hijos?” Y como le contestasen que eran hijos de una mujer pobrecita que vivía en el desierto, el rey los abrazó con íntima complacencia y les dijo: — “Nada temáis, porque sois hijos míos. Así pues, silos extraños se alimentan de mi mesa, con mayor razón vosotros, que sois mis hijos legítimos”. Y mandó el rey a aquella mujer que le enviara a palacio a todos los hijos que habían engendrado juntos, para que allí se criaran.

INDICE GENERAL ORACIONES DE SAN FRANCISCO Oración ante el Crucifijo de San Damián Exhortación a la alabanza a Dios Saludo a la Bienaventurada Virgen María Saludo a las virtudes Alabanzas al Dios altísimo Bendición al hermano León Cántico de las creaturas De la Regla no bulada (cap. 23) De la Carta a toda la Orden. Del Testamento Bendición a fray Elías, poco antes de morir De las Consideraciones sobre las llagas ¿Quién eres tú? Dos gracias te pido

OFICIO DE LA PASION DEL SEÑOR Parafrasis del Padre Nuestro Alabanzas que se han de decir en todas las Horas En el Triduo Sacro y en los días feriales del año En el Tiempo Pascual. Desde el Sábado Santo, concluido ya el día

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En los Domingos y fiestas principales En el tiempo del Adviento del Señor En el tiempo de la Navidad del Señor hasta la Octava de la Epifanía

BENDICIÓN DE SANTA CLARA DE ASIS

HIMNOS DE LA LITURGIA DE LA IGLESIA Para el comienzo del día Alfarero del hombre Jesús de dulce memoria Para el final del día Como el niño que no sabe dormirse Gracias, porque al fin del día A Jesús crucificado Mármol con sangre, tu frente A Jesús resucitado Al fin será la paz y la corona Dejad que el grano se muera Dios como un almendro ¿Quién es este que viene? Al Espíritu Santo Veni, Creator Secuencia de Pentecostés A María Llena de rosas mi herida

SELECCIÓN DE SALMOS Salmo 15 Salmo 26 Salmo 50 Salmo 99 Salmo 120 Salmo 125 Salmo 126 Salmo 130 Salmo 141

CÁNTICOS BÍBLICOS Del Libro de la Sabiduría (11, 21-26) Benedictus Magnificat Cántico de Simeón

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ORACIONES DE LOS PADRES DE LA IGLESIA

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San Basilio Invocación al Espíritu Santo Clemente de Alejandría Himno a Cristo Señor San Efrén el Sirio Himno Carmen Nisibenus70 San Juan Damasceno Oración sobre el propio sacerdocio San Agustín Tú eres mi salvación Para comprender la Sagrada Escritura Para escuchar a Dios Invocación al Señor sobre la propia vida Tarde te amé Breve oración del pastor San Isidoro de Sevilla Himno al Espíritu Santo Santiago de Sarug Oración del pecador penitente

ORACIONES DE LA TRADICIÓN FRANCISCANA San Antonio de Padua Por la posesión del Reino Para hacerse como niños Para seguir el camino de Jesús

Para la reconciliación Oración del árbol bueno Para el mandamiento del amor San Buenaventura Sobre una oración de 5. Anselmo Transfige Oración al Niño Jesús Oración a Jesús crucificado Oración para prepararse a celebrar la Eucaristía Oración para obtener los siete dones del Espíritu Santo Para pedir la alegría Paráfrasis de la oración del publicano Santiago de Milán Oración sobre la pasión del Señor Otra oración sobre la pasión Beato Juan del Alverna Oración de perdón Súplica en la desolación Otra oración de perdón Pedro de Juan Olivi Modo en el que se puede dar gracias a Dios por los beneficios recibidos

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Beata Angela de Foligno Lauda Acción de gracias

Ubertino de Casale Oración a Jesucristo Versículos de la vida de Jesús Soliloquio Oración para alcanzar la gracia de la pobreza Otro soliloquio sobre la meditación acerca de la vida de Jesús Beato Juan Duns Scoto Oración para comenzar el estudio

Beato Raimundo Llull Los cien nombres de Dios (fragmento)

Anónimo (s. XIV) Oración a Jesús crucificado Oración a Jesús antes de la predicación

Santa Brigida Alabanza a Jesucristo Francisco de Osuna Oración para todos los días San Pedro de Alcántara Petición especial del amor de Dios (fragmento) Sobre el Salmo 50 (fragmento)

San francisco Solano Mi buen Jesús Fray Juan Gómez Oración en el día de su profesión Sor María de Jesús Agreda

Confesión y acción de gracias San Pascual Bailón Oración para antes de comulgar Acción de gracias después de la comunión

San José de Cupertino Breve invocación a Jesús Fray Francisco de Paula Castañeda Memento personal de todas sus misas

ORACIONES A MARÍA De Padres y Autores antiguos San Germán de Constantinopla 114 de 118

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San Cirilo de Alejandría Oración pronunciada en el Concilio de Efeso Santiago de Sarug Rábula de Edesa Himno Balaj el Sirio Oración San Juan Damasceno Súplica a María en su tránsito San Bernardo De la Tradición franciscana San Antonio de Padua María estrella de la mañana María del pesebre María, olivo bendito San Buenaventura Oración de María al pie de la cruz Santiago de Milan Meditación en el viernes Santo Sor María de Jesús Agreda Fray Juan Gómez Breve exclamación a María De Autores varios Cardenal Eduardo Pironio María madre de los pobres Cardenal Carlo María Martín Contigo María Me confío a ti Herman Schalück, ofm Oración a Nuestra Señora de la Porciuncula Un franciscano

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PRINCIPALES DEVOCIONES FRANCISCANAS Santo Via Crucis de San Leonardo de Porto Mauricio, ofm

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Corona franciscana de las Siete Alegrías de María Corona de los Siete Dolores de María Letanías del Santísimo Nombre de Jesús Letanías del Sagrado Corazón de Jesús Letanías de la Santísima Virgen María Letanías de San José Antífonas Marianas Ave María Salve Regina Sub tuum praesidium Alma redemptoris mater Ave regina coelorum Regina coeli Tota pulcra Stabat mater Stabat mater speciosa Los siete domingos de San José Secuencia de nuestro Padre San Francisco Tránsito del bienaventurado Padre Francisco Tránsito de la bienaventurada Madre Clara

ORACIONES DE AUTORES VARIOS San Anselmo Busco tu rostro San Patricio Cristo conmigo San Columbano abad Sobre Cristo fuente de vida Nerses Snorhalí El pequeño rebaño De la liturgia Bizantina Oración a San José Anónimo (s. XII) Absorbeat Tomás de Celano, ofm

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Oración de sus compañeros a San Francisco Oración a San Francisco San Buenaventura Oración a San Francisco Beato Jordán de Sajonia, op Plegaria al bienaventurado Padre Domingo Del Espejo de Perfección Las grandezas que obró el Señor en Santa María de los Ángeles Santo Tomás Moro Bienaventuranzas San Ignacio de Loyola Ofrecimiento de la voluntad Lope de Vega Soneto a lo divino Otro soneto Santa Teresa de Ávila Nada te turbe San Juan de la Cruz Cantar del alma que se huelga de conocer a Dios por la fe Un pastorcico Anónimo Alma de Cristo Anónimo Oración de la paz Santa Teresa de Lisieux Oración del nombre de Jesús Charles de Foucauld Oración de abandono Miguel de Unamuno Sobre la puerta estrecha Teresa de Calcuta ¿Quién dicen que soy? Card. Carlo María Martín Oración al Espíritu Santo Herman Schalück, ofm Oración del arcoiris Provincia Franciscana de la Asunción de la Santísima Virgen María Eric Doyle, ofm 117 de 118

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ORACIONES DE SAN FRANCISCO DE ASÍS

http://www.ofs-rgb2.com.ar/formacion/Sitioinfo/Dev/Dev.htm

Oración por la fe Un franciscano Oración para pedir el conocimiento de Jesús Oración del seguimiento Una clarisa Oración al Espíritu Santo Carlos Mujica Meditación en la villa J. L. Cortés Salmo del amigo A San Francisco Parábola que San Francisco propuso al papa Inocencio III

INDICE INTERACTIVO Oraciones de San Francisco Himnos de la Liturgia de la Iglesia Selección de Salmos Canticos Bíblicos Oraciones de los Padres de la Iglesia Oraciones de la tradición franciscana Oraciones a María Principales devociones franciscanas Oraciones de autores varios

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Last Updated: 03/01/2023

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